León XIV se sienta frente a la estatua de San Genaro (patrón de Nápoles) en la catedral de Nápoles
¿Sacerdotes o funcionarios? El Papa insta al clero a trabajar para «vencer la tentación del individualismo»
León XIV, consciente del cansancio que arrastran los religiosos a menudo desbordado por las fragilidades sociales, les ha advertido que «el contrario del cuidado es la desidia»
Tras dejar atrás la devoción y caridad de Pompeya, el Papa León XIV ha aterrizado en una Nápoles que lo ha recibido con ese «estilo inconfundible y gozoso», como bien ha definido el Papa, y que tanto cautivó a sus predecesores. En el Duomo, ante una asamblea de sacerdotes y consagrados que sostienen el ritmo de una de las ciudades más complejas del Mediterráneo, el Pontífice ha querido centrar su mensaje en una palabra: cura (cuidado, en italiano). No solo como una acción externa hacia el prójimo, sino como una urgencia vital para el propio corazón del pastor.
León XIV, consciente del cansancio que arrastra un clero a menudo desbordado por las fragilidades sociales, les ha advertido que «el contrario del cuidado es la desidia». En una ciudad «ensangrentada por la violencia» y marcada por la pobreza, el Papa ha pedido a los suyos que no descuiden su propia humanidad para no terminar con el «rostro triste y la amargura en el corazón».
El riesgo del «desgaste» y el aislamiento
El diagnóstico del Papa ha sido honesto. Ha reconocido que el peso del ministerio hoy es «aún más gravoso que en el pasado», citando la fatiga de escuchar historias de dolor, la desorientación de los jóvenes y la sensación de impotencia ante lenguajes que ya no conectan. Pero para León XIV la respuesta a este «aislamiento pastoral» no es más activismo, sino la fraternidad y, ante todo, una profunda vida interior.
Sus palabras al respecto merecen una lectura completa: «Por eso necesitamos cuidado. En primer lugar, el cuidado de la vida interior y espiritual, alimentando constantemente nuestra relación personal con el Señor en la oración y cultivando la capacidad de escuchar lo que se agita en nuestro interior, para discernir y dejarnos iluminar por el Espíritu. Esto requiere también el valor de saber detenernos, de no tener miedo de interrogar al Evangelio sobre las situaciones personales y pastorales que vivimos, para no reducir el ministerio a una función que cumplir».
A su vez, ha recordado que la fraternidad no es un eslogan, sino un elemento constitutivo de la identidad del ministro, pidiendo buscar formas concretas de vida común para vencer la «tentación del individualismo». Pero la advertencia iba acompañada de un consejo: el Santo Padre ha instado a la Iglesia napolitana a realizar un giro copernicano: pasar de una «pastoral de conservación» a una «pastoral misionera». Una misión que, según el Pontífice, requiere que los laicos dejen de ser meros colaboradores para convertirse en «sujetos activos» y «piedras vivas» de la comunidad.
Por eso, al concluir, León XIV ha querido elevar la mirada por encima de las «tramas del oscuro» que a veces parecen asfixiar a la sociedad moderna. Recordando que los cristianos forman parte de una «historia de amor que empezó antes de nosotros», ha dejado un encargo final lleno de esperanza: «Incluso en las redes del mal, vosotros podéis encender una luz. ¡No tengáis miedo, sed sembradores de futuro!».