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León XIV pronuncia un discurso durante la visita a la sede del Programa Mundial de Alimentos

León XIV pronuncia un discurso durante la visita a la sede del Programa Mundial de AlimentosAFP

León XIV señala la «burocratización de la solidaridad» que frena la llegada de alimentos a los más pobres

En la sede del Programa Mundial de Alimentos el Papa ha lamentado que las armas circulen con mayor facilidad que la ayuda humanitaria

El Papa León XIV se ha trasladado este lunes a la sede del Programa Mundial de Alimentos (conocido por sus siglas como PAM; y en inglés como WFP), la mayor organización humanitaria de las Naciones Unidas con sede en Roma. El Santo Padre ha comenzado señalando una «paradoja sorprendente»: el mundo actual posee una capacidad productiva sin precedentes que coexiste con zonas de vulnerabilidad extrema en expansión. Según León XIV, esto se debe a un sistema internacional fragmentado que ha abandonado el multilateralismo en favor de un «multipolarismo desordenado y conflictivo donde prevalece el sentimiento de desconfianza».

En este escenario, el Papa ha advertido contra la «mercantilización de las necesidades básicas». «El acceso a alimentos adecuados es un derecho humano fundamental basado en la dignidad de cada persona», ha recordado, subrayando que la seguridad alimentaria no puede quedar subordinada una progresiva «burocratización de la solidaridad», consideraciones de mercado, intereses geopolíticos o atrapada en un laberinto de procedimientos que «pueden retrasar la asistencia a quienes la necesitan», enfrentándose a «decisiones políticas incomprensibles y barreras aduaneras impenetrables» que, paradójicamente, no afectan al comercio de armas.

Las armas frente a la comida

Precisamente este ha sido uno de los puntos más críticos del discurso. Citando palabras de su predecesor, el Papa Francisco, León XIV ha lamentado que, mientras los proyectos de ayuda se ven obstaculizados por decisiones políticas complejas y barreras aduaneras, «el armamento no lo está».

«En efecto, los conflictos se ‘alimentan’ con más facilidad de lo que se nutre a las personas», ha afirmado el Pontífice, calificando esta realidad como un desequilibrio moral fundamental. Por eso ha señalado que esta dinámica es fruto de una «burocratización progresiva de la solidaridad» que, sumada a la mercantilización silenciosa de la vida humana, termina por hacer invisibles a todos aquellos que no generan un valor cuantificable para el sistema. Al desplazar a la persona del centro de la acción internacional, se ignora que el acceso a alimentos adecuados es un derecho humano fundamental basado en la dignidad intrínseca de cada individuo

La Iglesia como aliada en el terreno

Ante la dificultad de acceso en zonas de conflicto, el Papa ha puesto en valor el papel de la Iglesia Católica, que a través de sus parroquias, diócesis y agencias de Cáritas actúa como un agente de ayuda indispensable. Estas redes, ha señalado, llegan a menudo a poblaciones vulnerables allí donde los actores internacionales no pueden acceder. «Por ello, animo al Programa Mundial de Alimentos y a sus socios a que sigan apoyando estas iniciativas», ha exhortado.

Finalmente, León XIV ha hecho un llamamiento a los gobiernos para que reduzcan la burocracia innecesaria y aumenten los recursos para combatir las causas estructurales del hambre. «Lo que está en juego no es solo la eficacia de una agencia, sino la credibilidad de la cooperación internacional misma», ha concluido, pidiendo que ninguna persona sea olvidada en este esfuerzo por el bien común.

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