Niño en el oftalmólogo
Evitar leer, omitir palabras o dolor de cabeza: señales que indican que un niño no ve bien
Los niños entre cero y tres años que tengan antecedentes familiares deberán acudir al especialista para realizarse revisiones periódicas
Evitar la lectura, demostrar una baja comprensión al realizarla, omitir palabras, dar saltos de líneas al leer, quejarse de dolores de cabeza o alrededor de los ojos frecuentes después de leer y entrecerrar los ojos, son algunas de las señales que indican que un niño no ve bien, según ha informado a Europa Press el oftalmólogo pediátrico de la Clínica Vila Parc, Javier Fernández.
Hasta un 70 % de la información que recibe el cerebro humano procede de la visión. Si un niño no ve bien, la información que procesará su cerebro no será la adecuada, y esto puede tener importantes implicaciones a una edad tan temprana, afectando a la actividad diaria o al rendimiento escolar.
«Los problemas visuales no corregidos son una causa frecuente de bajo rendimiento escolar, pudiendo estar detrás hasta del 30 %. Ahora bien, detectar alteraciones visuales en los niños no es fácil, ya que ellos no suelen reconocer problemas de visión al asumir como algo normal su manera de ver. Por eso, es esencial llevar a cabo revisiones preventivas con el oftalmólogo, así como estar atento a las señales que indican que pueden darse problemas de visión», ha comentado el experto al medio de comunicación.
Asimismo, otros indicadores que indican un problema ocular infantil son la necesidad de aproximarse a la pizarra o al objeto de lectura, el parpadeo constante, frotarse mucho los ojos, picor, lagrimeo y enrojecimiento ocular frecuentes, inclinación de la cabeza para fijar la vista, y visión borrosa o doble.
Si el niño presenta alguno de estos síntomas es importante llevarle al médico. «La maduración visual es un proceso largo que se inicia en el nacimiento y se completa aproximadamente a los ocho o nueve años. Es un intervalo de edad a tener muy en cuenta, ya que toda aquella visión que no se ha desarrollado durante ese tiempo, no se va a recuperar posteriormente en la edad adulta. Es por ello, que resulta fundamental llevar a cabo un diagnóstico y tratamiento lo más precozmente posible, tratando de evitar secuelas irreversibles», ha recalcado Fernández.
Los niños entre cero y tres años y con antecedentes familiares es importante que acudan a revisiones oftalmológicas periódicas entre los cero y los tres años. En cambio, los menores que no tengan antecedentes podrán hacerse el primer cribado entre los tres y los cinco años, sobre todo para descartar un posible ojo vago, una patología que, si no se trata en la infancia, persistirá a lo largo de toda la edad adulta y que es el motivo más frecuente de pérdida de visión en niños y jóvenes.
Tanto los defectos refractivos como las anomalías estructurales pueden ser la causa de un retraso madurativo de la visión. Los primeros son los más frecuentes. Entre ellos destacan la miopía, la hipermetropía y el astigmatismo. Otros problemas frecuentes incluyen defectos estructurales del ojo, como la catarata congénita, la ptosis palpebral, el estrabismo (hasta en un 4 %) y el daltonismo.
«El período crítico suele ser hasta los ocho o nueve años. De ahí la recomendación de realizar un cribado precoz que nos permita detectar los casos a tiempo para poder instaurar un tratamiento cuanto antes», ha concluido el especialista de la Clínica Vila Parc.