Limpieza de la campana extractora
Limpieza
Así conseguirás eliminar la grasa del extractor sin tener que rascar
Hay diversas mezclas que se pueden hacer con un ingrediente clave que acabará con toda la grasa acumulada en las rejillas metálicas
La campana extractora es un elemento muy utilizado para prevenir incendios y malos olores. La gran mayoría de las cocinas cuentan con este mecanismo con distintos niveles de absorción para eliminar los residuos que resultan de sus cocciones. En particular, son útiles en las casas con cocinas abiertas que comparten espacio con el salón, ya que el olor, la alta temperatura y el humo pueden llegar a la zona de descanso y ser especialmente molestos.
Y precisamente por su gran utilidad se ensucia con facilidad y se llegan a acumular altos niveles de grasa después de varias jornadas de cocina. Todos los que hayan tratado de limpiarla alguna vez sabrán lo tedioso que es el proceso de rascar la grasa con diferentes herramientas y productos, pero entenderán los motivos por los que es esencial mantenerla limpia.
Estos se resumen en los siguientes:
Reducción del flujo de aire si se obstruyen los filtros por grasa acumulada.Riesgo de incendio por la alta flamabilidad de la grasa.Acumulación de malos olores por no ser capaz de absorber el aire contaminado.Mayor coste energético porque requerirá mayor corriente para funcionar al estar atascada.Todos ellos se resumen en la reducción de vida útil de la campana, que puede llevar a tener que hacer una gran inversión en la siguiente antes del tiempo estipulado.
Su limpieza dependerá del tipo de filtro que tenga cada campana:
Filtros de carbón activo
Deberán ser sustituidos de seis a doce meses, dependiendo del uso que se le dé a la campana. El precio medio de uno de estos filtros ronda los 18 euros.
Filtros de fibra de fieltro
Estos se podrán lavar a mano, pero habrá que tener cuidado a la hora de manejarlos ya que se podrían doblar y causar problemas al meterlos de nuevo en su estructura en la campana.
Filtros de metal
A pesar de que meterlos en el lavavajillas o dejarlos en remojo en agua tibia son prácticas comunes para su limpieza, no son métodos perfectos y siempre quedan restos al secarlos. El ingrediente secreto que mejorará por completo la experiencia de limpieza es el bicarbonato sódico. Hay diferentes formas de utilizarlo. En primer lugar, los cristales de sosa, algo más alcalinos que el bicarbonato pero de composición similar, se pueden esparcir directamente encima del metal y harán que se pueda retirar fácilmente la porquería con suaves toques de cepillo. Estos cristales se pueden encontrar en grandes supermercados y en internet.
Otro truco que puede ser un poco más lento es poner agua a hervir con un poco de bicarbonato sódico debajo de la campana. Al ascender el vapor con bicarbonato hará que la grasa se despegue y que sea mucho más fácil de retirar: únicamente se necesitará un paño húmedo. La mezcla de bicarbonato de sodio y vinagre de limpieza encima de la propia rejilla puede agilizar este proceso, y será fácilmente aclarable con agua.