Foto de archivo de un enfermero con una vacuna
Inmunidad
Qué comer antes y después de ponerse una vacuna
Una alimentación adecuada puede influir en la eficacia de la respuesta inmune de nuestro organismo tras ser vacunados
La vacunación es una forma sencilla y eficaz de protegernos contra determinadas enfermedades antes de entrar en contacto con ellas. Tal y como explican desde la Organización Mundial de la Salud, las vacunas activan las defensas naturales del organismo para que aprendan a resistir a infecciones específicas y fortalecer, de esta manera, el sistema inmunitario.
Cuando nos vacunamos, el sistema inmunitario genera anticuerpos del mismo modo que lo haría al enfrentarse a una enfermedad real. Sin embargo, a diferencia de una infección natural, las vacunas utilizan versiones inactivadas o atenuadas de los microbios (como virus o bacterias), por lo que no provocan la enfermedad ni sus posibles complicaciones.
La alimentación y las vacunas
Una buena alimentación puede ayudarnos a fortalecer al sistema inmunológico a lo largo de nuestra vida y, por supuesto, mejorar la respuesta de nuestro organismo a la vacuna, así como aliviar algunos de los efectos secundarios que aparezcan posteriormente.
Tal y como explicó Ylenia López Llata, nutricionista y dietista, en una entrevista en Business Insider, «Generalmente, la gente asocia a los alimentos poderes más allá de lo que son. Es más bien un método de prevención. Al final, si comemos variado y tenemos una dieta lo más equilibrada posible, seguramente el sistema inmunológico trabajará mejor que si no lo hacemos».
Para fortalecer nuestras defensas es necesario una serie de nutrientes y vitaminas que pueden faltar en nuestra dieta. Algunos de los más importantes son el selenio, hierro, zinc, cobre, magnesio, vitamina B6, vitamina B12, vitamina C, vitamina A, vitamina D, vitamina E, omega 3 y omega 6.
Algunos alimentos que pueden ayudar a nuestro sistema inmune a responder mejor a las vacunas son los cítricos, el ajo, la cebolla y el orégano, el pescado azul, los frutos secos, las verduras y las frutas, los tubérculos y las hortalizas y, para los más golosos, el chocolate negro y el té verde.