La dependencia del alcohol reconfigura los sistemas de señalización del cerebro para «iniciar» y «dejar de beber»
Un estudio descubre un desequilibrio cerebral asociado al alcoholismo
La dependencia del alcohol reconfigura los sistemas de señalización del cerebro para «iniciar» y «dejar de beber»
El consumo de alcohol continúa siendo un importante problema de salud pública en España. De acuerdo con la Encuesta sobre Alcohol y Drogas en España, alrededor de tres millones de personas presentan problemas relacionados con el alcoholismo en el país.
Sin embargo, solo unas 600.000 reciben algún tipo de tratamiento, lo que significa que apenas un tercio de la población afectada accede a atención especializada, a pesar de las consecuencias asociadas a esta adicción. Lo cierto es que existen fármacos, como la naltrexona que ayudan a reducir el deseo de beber pero estos tratamientos no siempre resultan eficaces y pueden provocar efectos secundarios adversos, como náuseas.
Ahora, un nuevo estudio de Scripps Research revela cómo el cerebro tiene mucho que ver en esta dependencia al comprobar que se alteran dos vías de señalización en una parte del cerebro relacionada con el estrés. La investigación en modelos animales, publicada en Frontiers in Pharmacology, ayuda a entender por qué las personas con trastorno por consumo de alcohol (TUA) encuentran especialmente difícil mantener la abstinencia, sobre todo en situaciones de estrés.
«Creemos que la dependencia del alcohol altera estos sistemas, y por eso las personas son propensas a buscar alcohol incluso si han estado sin él durante algún tiempo», señaló Rémi Martin-Fardon, profesor asociado del Departamento de Medicina Traslacional y principal autor del estudio.
Relación entre alcohol y estrés
Este nuevo trabajo apunta a la vía orexina-dinorfina como un eje clave en la relación entre alcohol y estrés. Ambos neuropéptidos, que ejercen funciones opuestas, se producen en neuronas del hipotálamo. La orexina actúa como una señal de impulso, estimulando la búsqueda de sustancias, mientras que la dinorfina cumple la función de inhibición. En el contexto del TUA, el consumo excesivo de alcohol parece alterar este equilibrio, afectando la señalización de la dinorfina, lo que incrementa los efectos desagradables de la abstinencia y fomenta la recaída.
El foco del estudio fue el núcleo paraventricular posterior del tálamo (pPVT), una región cerebral sensible al estrés que recibe señales tanto de orexina como de dinorfina. Investigaciones previas del propio Martin-Fardon ya sugerían que el pPVT desempeña un papel fundamental en los comportamientos de recaída inducidos por el estrés.
En el análisis de expresión génica realizado tras inducir dependencia alcohólica en ratas macho, los científicos detectaron un aumento en la producción de orexina y dinorfina en el hipotálamo. No obstante, en el pPVT se observó una respuesta desigual: las neuronas expresaban menos receptores de orexina y más de dinorfina.
«Lo que esto nos dice es que el simple hecho de depender del alcohol altera el sistema de la orexina y la dinorfina, y que estos cambios persisten hasta bien entrada la abstinencia», explicó el investigador postdoctoral Francisco Flores-Ramírez.
Para verificar estos efectos, los investigadores bloquearon la señalización de orexina o de dinorfina por separado en el pPVT de los animales. Ambos bloqueos redujeron el comportamiento de recaída inducido por el estrés. Sin embargo, al inhibir ambas señales simultáneamente, el efecto beneficioso desapareció y las ratas reanudaron el consumo de alcohol como si no hubieran recibido tratamiento.
Dilema para el desarrollo de terapias
Este hallazgo plantea un dilema para el desarrollo de terapias combinadas, ya que las interacciones entre ambos sistemas pueden ser más complejas de lo que se pensaba. «Si se quieren combinar tratamientos, hay que tener mucho cuidado», advirtió Martin-Fardon, aunque no descartó su uso con inhibidores distintos, posiblemente derivados de medicamentos ya existentes o de compuestos con estructuras químicas similares.