El psiquiatra García Campayo explica los errores que impiden desconectar durante las vacaciones

Desconectar durante las vacaciones no siempre es fácilGetty Images/iStockphoto

Los errores que te impiden desconectar en vacaciones, según un psiquiatra

El doctor García Campayo asegura que la capacidad de desconectar es una habilidad que se entrena

Las vacaciones no empiezan cuando apagamos el ordenador, cerramos la puerta de la oficina o hacemos la maleta. El verdadero descanso comienza cuando la mente consigue bajar el ritmo y dejar atrás la inercia del día a día. Sin embargo, desconectar no siempre resulta tan sencillo.

El médico psiquiatra Javier García Campayo explica que «la capacidad de desconectar no aparece por arte de magia; es una habilidad que se entrena». Según el especialista, si durante el resto del año vivimos respondiendo de forma automática a las exigencias del trabajo y las obligaciones diarias, es poco probable que el cerebro cambie de ritmo simplemente porque haya llegado el periodo vacacional.

Además, existen varios hábitos que, casi sin darnos cuenta, pueden impedir que disfrutemos de un descanso real.

Dejar de trabajar no es suficiente

Uno de los errores más habituales es pensar que basta con estar de vacaciones para descansar. En la práctica, muchas personas siguen repasando mentalmente asuntos pendientes, anticipando tareas para la vuelta o preocupándose por el trabajo. Aunque el cuerpo haya cambiado de escenario, la mente continúa funcionando como si siguiera en la oficina.

Las vacaciones no son una tarea más

Otro fallo frecuente consiste en trasladar el mismo nivel de exigencia del trabajo al tiempo libre. Visitar todos los monumentos, probar los restaurantes de moda, hacer las mejores fotografías o completar un itinerario repleto de actividades puede convertir el descanso en una nueva fuente de presión.

Cuando las vacaciones se viven como un reto de productividad, resulta más difícil escuchar lo que realmente necesita el cuerpo.

No saber estar en calma

El silencio también incomoda a muchas personas. Acostumbrados a recibir estímulos constantes durante todo el año, cualquier momento de tranquilidad suele llenarse de inmediato con el teléfono móvil, las redes sociales o cualquier otra distracción.

Sin darnos cuenta, seguimos alimentando la misma agitación mental que pretendíamos dejar atrás.

Vivir pendiente de las redes sociales

El conocido como FOMO (fear of missing out o miedo a perderse algo) también puede sabotear el descanso. La necesidad de estar al tanto de lo que hacen los demás o de compartir continuamente la propia experiencia puede generar ansiedad e insatisfacción.

Comparar nuestras vacaciones con las imágenes que aparecen en las redes sociales hace que, en ocasiones, disfrutemos menos de lo que estamos viviendo.

Mirar más la pantalla que el paisaje

Otro hábito cada vez más frecuente es preocuparse por fotografiar o grabar cada momento. En ese intento de conservar o compartir la experiencia, muchas veces terminamos prestando más atención al teléfono que al lugar que tenemos delante.

El riesgo es que el recuerdo acabe sustituyendo a la propia vivencia.

El mayor enemigo del descanso

Para García Campayo, el principal obstáculo para desconectar no siempre está en el trabajo, sino en la tendencia de la mente a instalarse continuamente en el futuro: pensar qué haremos mañana, cuándo terminarán las vacaciones, cómo será la vuelta o qué problemas nos esperan en septiembre.

Frente a esa tendencia, el especialista propone aprovechar el verano para recuperar algo tan sencillo como estar plenamente presentes. Caminar prestando atención a las sensaciones del cuerpo, comer sin prisas, mantener una conversación sin consultar el móvil o contemplar un paisaje sin la necesidad de fotografiarlo son pequeñas acciones que ayudan a reconectar con el momento.

Descansar no significa dejar la mente completamente en blanco, sino aprender a no quedar atrapados por cada pensamiento que aparece

No se trata de hacer actividades extraordinarias, sino de volver a experimentar el presente sin la presión constante de producir, planificar o anticipar.

En este sentido, descansar no significa dejar la mente completamente en blanco, sino aprender a no quedar atrapados por cada pensamiento que aparece. Cuando dejamos de luchar continuamente con ellos y simplemente los observamos, es más fácil encontrar un espacio de calma que no depende del destino elegido ni del tiempo disponible.

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