20 de enero de 2022

Detalle de una de las llamas de Yanartas

Detalle de una de las llamas de YanartaşGoogle Maps

Ciencia

El monte que lleva ardiendo 2.500 años

Las llamas que emergen de las rocas del monte Quimera, en Turquía, llevan décadas siendo un impresionante atractivo turístico único en el mundo
Su nombre es Yanartaş y está situada en el caluroso suroeste de Turquía, muy cerca de la localidad costera de Çirali y en medio del valle de Olympos. La zona, un pedregal rodeado de matojos, senderos y árboles, no difiere mucho del paisaje de cualquier otro monte del mundo. Azotada por el árido clima que reina en la calurosa provincia de Antalya, donde se encuentra, los excursionistas transitan por ella a diario de la misma forma que en infinidad de áreas montañosas de todo el globo. La diferencia, sin embargo, estriba en un pequeño detalle que la convierte en un lugar único en el mundo: de sus rocas emergen llamas que llevan ardiendo al menos 2.500 años.
El nombre no es casual: Yanartaş significa 'rocas ardientes' en turco. La mitología que la rodea desde el origen de los tiempos, tampoco: el enclave se encuentra en el antiguamente conocido como Monte Quimera, llamado así porque se consideraba el lugar de origen del monstruo del mismo nombre, un gigantesco híbrido de distintos animales que escupía fuego. Otra leyenda, por el contrario, sostiene que fue allí, en su guarida, donde el héroe Belerefonte dio muerte a la alimaña, cuya lengua –al tratarse de un ser indestructible– permaneció ardiendo para siempre. Muy cerca, además, se encuentran las ruinas del templo de Hefesto, el dios griego del fuego.
Representación de Belerofonte matando a la quimera

Representación de Belerefonte matando a la quimeraFlickr/mmarfrtejo

La realidad, como es lógico, poco tiene que ver. La explicación al impresionante acontecimiento reside en el gas natural (compuesto por hidrógeno y sobre todo metano, dos elementos inflamables) que emerge de docenas de agujeros y grietas en un perímetro de unos 5.000 metros cuadrados. Este flujo, además, varía en función de la acumulación de presión de gas, lo que está inducido y depende de dos factores: los cambios en la presión atmosférica y la recarga de agua subterránea.
El proceso de combustión como tal se debe a que el enclave se asienta sobre una ofiolita, un sitio geológico especial por el que las rocas que habitualmente se hallan en la corteza oceánica son llevadas hacia tierra firme por fallas de empuje. El manto, además, cuenta con rocas ricas en olivino, muy inestables a bajas temperaturas y que, al descomponerse en minerales llamados serpentinas, generan una gran cantidad de energía que provoca formación de hidrógeno y –si hay agua y CO2– también de metano. Ambos arden, por lo que al encontrarse en este caso cerca de la superficie terrestre, dan lugar a las impresionantes deflagraciones que emergen de las rocas.
Pese a que el lugar no fue identificado como el Monte Quimera hasta 1811, los registros de su actividad se remontan al siglo V a.C. en una primera mención realizada por el historiador griego Ctesias. La afluencia de visitantes es constante y muchos de ellos prefieren contemplar el espectáculo por la noche para admirar mejor el relumbre de las llamas.
Llamas de Yanartas, de noche

Llamas de Yanartas, de nocheFlickr/Dave Lonsdale

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