Varios hombres cocinan en una sociedad gastronómica vasca
País Vasco
Denuncian por «misógino» a un club privado en el que las mujeres solo pueden entrar algunos días
Se trata de una sociedad gastronómica vasca, en las que es frecuente que la gestión y acceso sea solo para hombres
Las sociedades gastronómicas del País Vasco son espacios privados autogestionados por los socios que, tradicionalmente, han estado reservados únicamente a hombres. Las razones son diversas, pero fundamentalmente tienen que ver con el contexto sociocultural de la época en la que fueron fundadas (el origen de algunas se remonta al siglo XIX) y con el papel dominante de la mujer en las familias vascas, que llevaba a los hombres a encontrar en estas sociedades un lugar donde poder estar con sus semejantes. Pese a que con el paso del tiempo algunas han cambiado esta norma para permitir que también las mujeres puedan acceder a ellas, otras se mantienen en su legítimo derecho a no hacerlo, regidas por sus propios estatutos internos.
Es el caso de Gure Txoko, la sociedad gastronómica más antigua de Bilbao, cuya entrada está reservada exclusivamente a los hombres con excepción de viernes y sábados por la noche y fiestas de guardar, cuando también pueden hacerlo las mujeres. Una norma que uno de sus socios, sin embargo, amenaza con llevar a los tribunales, después de haberla denunciado ya ante el Instituto Vasco de las Mujeres. La razón, alega, es que esta tradición le resulta «discriminatoria».
El denunciante equipara esta tradición con la de «tirar una cabra desde el campanario»
«Se las discrimina por el hecho de ser mujeres, es tan retrógrado como decir que a un local no pueden entrar negros u homosexuales», llega a comparar este miembro de la entidad, en declaraciones recogidas por Nius. «También era tradición tirar una cabra desde el campanario o en Lekeitio arrancar el cuello a gansos vivos y ya no se hace», añade.
El denunciante en cuestión pide cambiar los estatutos de 1954, los cuales fueron sometidos el pasado marzo a una votación en la que el 'no' a la modificación aplastó al 'sí' por seis votos a favor por 48 en contra. Aun así, afirma que la culpa es de la «cerrazón» de la actual junta directiva, a la que califica como «misógina, sexista y enfermiza».
Según él, la anterior administración era más laxa y concedía permisos con mayor facilidad, pero eso ha cambiado. «Yo solicité un permiso en marzo y cuatro meses después volví a pedir otro para una comida con compañeros y compañeras de trabajo y me lo denegaron porque pedir dos veces que entraran mujeres era un abuso», explica.
Tras presentar una denuncia ante Emakunde, el Instituto Vasco de la Mujer, en 2020, el hombre espera que esta entidad emita en los próximos días una resolución condenatoria que no sería, eso sí, vinculante. Aun así, espera que «impere el sentido común» y que la junta acate el dictamen para evitar de esta forma la «discriminación». Si no, añade, no le quedará más remedio que «ir a los tribunales».