Una mujer embarazada
Políticas ineficaces y falta de apoyo: las razones detrás de la baja natalidad mundial
Un informe de la ONU revela cómo las condiciones económicas y la inseguridad generada ha provocado un descenso mundial en los datos de fertilidad
Cada día, millones de personas alrededor del mundo se plantean una cuestión fundamental: «¿Quieres tener hijos?». No obstante, esta pregunta trae consigo una más profunda e inquietante: «¿Te sientes capaz de tener hijos?». En un planeta con más de 8.000 millones de habitantes, el tema de la fecundidad se ha tornado particularmente delicado.
Para algunos, esta cifra resulta insostenible, mal distribuida y con consecuencias potencialmente devastadoras para el medio ambiente. Otros, en cambio, temen un inminente colapso poblacional que podría poner en jaque la viabilidad de las sociedades, incapaces de sostener una población cada vez más envejecida y con tasas de natalidad en descenso. Prueba de ello son los últimos datos registrados en gran infinidad de naciones, que acumulan mínimos históricos.
Sin ir más lejos, recientemente Japón compartió los datos de natalidad correspondientes a 2024. Solamente en aquel año se registró el mínimo histórico en el país asiático desde que hay registros.
En este contexto de preocupación y debate global, pocas veces se interroga a las personas sobre lo que realmente desean. El informe sobre el Estado de la Población Mundial publicado este año bajo el título La verdadera crisis de fecundidad: alcanzar la libertad reproductiva en un mundo de cambios aborda este dilema y revela una serie de verdades poco conocidas que desafían los titulares alarmistas.
Una de las principales conclusiones es que una de cada cinco personas afirma no haber podido tener el número de hijos que hubiese deseado. Frente a la suposición de que si alguien no tiene hijos es porque no puede o no quiere, el estudio del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), basado en entrevistas a más de 14.000 personas en 14 países, demuestra que muchas personas no alcanzan su ideal reproductivo, ya sea por tener menos hijos de los esperados o, en algunos casos, más de los deseados.
Pese a los discursos que responsabilizan a las mujeres y a la juventud del envejecimiento poblacional, la mayoría de los encuestados expresaron su deseo de formar una familia con dos o más hijos. Sin embargo, las barreras económicas, como el alto coste de la vivienda, la inseguridad laboral y los gastos vinculados al cuidado infantil, representan un freno significativo. Esta contradicción se hace evidente cuando, por un lado, se promueve un incremento en las tasas de fecundidad para asegurar el futuro económico y, por otro, no se garantiza el entorno propicio para ello.
La experiencia de Anastasia Aslan, en la República de Moldavia, lo ejemplifica con claridad. «Cuando nos planteamos tener otro hijo, pensamos en si podríamos mantenernos durante mi licencia por maternidad y en cómo compaginar las tareas domésticas con el trabajo», explicó.
Necesidad de políticas provida
En un intento por revertir la tendencia descendente de la fecundidad, muchos gobiernos han implementado políticas con incentivos como ayudas económicas por nacimiento o beneficios fiscales. Sin embargo, la mayoría de estas medidas no han tenido el éxito deseado.
La lección que deja el informe es contundente: lo que realmente necesitan las personas no son incentivos efímeros, sino condiciones estables que les permitan construir su futuro en familia y con esperanza. Una proporción considerable de encuestados manifestó haber querido tener un hijo sin poder hacerlo, debido a motivos económicos, problemas de salud o la falta de servicios adecuados.
A esto se suma el miedo ante un futuro incierto, marcado por guerras, crisis políticas, pandemias y el cambio climático, factores que llevan al 20 % de los encuestados a afirmar que podrían tener menos hijos de los que desean. Por ello, los gobiernos deben abandonar los discursos alarmistas sobre el «reloj biológico» o el «colapso demográfico» y centrarse en garantizar la autonomía reproductiva.
La Directora Ejecutiva del UNFPA, Natalia Kanem, resume el diagnóstico con claridad: «Un gran número de personas no pueden crear las familias que desean. El problema es la falta de opciones, no la falta de deseo, lo que tiene importantes consecuencias para las personas y las sociedades. Esa es la verdadera crisis de fecundidad, y la respuesta reside en responder a lo que las personas afirman necesitar: licencias familiares remuneradas, una atención a la fecundidad asequible y parejas que les apoyen». En definitiva, solo una sociedad que escuche y atienda estas necesidades podrá ofrecer un futuro en el que la esperanza y la libertad para decidir estén al alcance de todos.