Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional
Los recortes en la Agencia de Desarrollo de EE.UU. pondrán en riesgo 14 millones de vidas, según 'The Lancet'
Esta revista científica asegura que los efectos aún pueden evitarse si se revierten los recortes y se refuerzan los compromisos internacionales
Un nuevo estudio internacional advierte que los recortes en la financiación de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) podrían desencadenar una crisis humanitaria de proporciones históricas, con más de 14 millones de muertes prevenibles proyectadas de aquí a 2030, incluyendo más de 4,5 millones de niños menores de cinco años.
El análisis, publicado en la prestigiosa revista The Lancet, fue liderado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) junto con instituciones como el Instituto de Salud Colectiva de la Universidad Federal de Bahía (Brasil), la Universidad de California Los Angeles (UCLA) y el Centro de Investigación en Salud de Manhiça (Mozambique). Los investigadores alertan sobre las consecuencias devastadoras que tendría reducir la ayuda exterior estadounidense en un momento en que los sistemas de salud de muchos países de ingresos bajos y medios siguen siendo frágiles tras la pandemia de coronavirus.
Entre 2001 y 2021, los programas financiados por Usaid evitaron al menos 91 millones de muertes en 133 países, según el estudio. Esta cifra incluye aproximadamente 30 millones de niños y niñas. Los autores señalan que en los países que recibieron mayor apoyo, se observaron reducciones notables en la mortalidad por enfermedades como el VIH/sida (74 %), malaria (53 %) y enfermedades tropicales desatendidas (51 %).
«Usaid ha sido una de las fuerzas más eficaces en salvar vidas en las últimas dos décadas», afirmó Daniella Cavalcanti, primera autora del estudio e investigadora del Instituto de Salud Colectiva. «Eliminar o reducir esta financiación tendría un impacto comparable al de una pandemia global».
Un escenario de alto riesgo
La investigación simuló dos escenarios: uno con los niveles actuales de financiación y otro con los recortes del 83 % anunciados para principios de 2025. Bajo este segundo escenario, el estudio proyecta 14 millones de muertes adicionales de aquí a 2030. Más de 700.000 serían de niños menores de cinco años cada año, una cifra que recuerda a los peores años de la mortalidad infantil en el mundo.
Davide Rasella, investigador de ISGlobal y coordinador del estudio, contextualiza esta advertencia en el marco de la cuarta Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo (FFD4), que se celebra esta semana en Sevilla, España: «Si queremos cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), no podemos permitirnos desmantelar mecanismos de financiación como Usaid, que han demostrado ser salvavidas. Es el momento de reforzar, no recortar».
Efecto dominó global
Más allá de su impacto directo, los autores del estudio alertan sobre un posible «efecto dominó». Así, señalan que si Estados Unidos –que aporta más del 40 % de la financiación humanitaria mundial– reduce drásticamente su apoyo, otros países donantes podrían seguir el mismo camino. Esto debilitaría aún más los servicios básicos de salud, educación, agua potable y nutrición en las regiones más vulnerables del planeta.
«El riesgo no es solo sanitario, sino de desarrollo. Los recortes afectan directamente a sectores que determinan la salud a largo plazo de una población, como el acceso al agua segura, la educación o la seguridad alimentaria», añadió Caterina Monti, coautora del estudio.
Una inversión mínima, un impacto masivo
James Macinko, profesor de salud pública en la UCLA y coautor del estudio, destacó que la financiación de Usaid representa una pequeña fracción del presupuesto estadounidense. «Cada ciudadano estadounidense contribuye con apenas 17 céntimos al día. Es un coste mínimo si consideramos que ha salvado millones de vidas», añadió.
El estudio es el primero en evaluar de manera integral el impacto total de la financiación de Usaid en la mortalidad en países de ingresos bajos y medios durante las dos últimas décadas. Los autores subrayan que los efectos aún pueden evitarse si se revierten los recortes y se refuerzan los compromisos internacionales.
Como concluye Francisco Saúte, director del CISM en Mozambique: «No se trata solo de evitar muertes. Se trata de proteger décadas de progreso, de mantener en pie sistemas que hoy salvan millones, y de no abandonar a quienes más lo necesitan».