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Sociedad

El experimento Rosenhan: cómo la psiquiatría confundió a personas sanas con enfermos mentales

El experimento de Rosenhan desmanteló los diagnósticos de ocho casos de pacientes internos en un hospital psiquiátrico

El límite que separa la cordura y la locura ha sido objeto de análisis de grandes figuras durante años. Dos conceptos totalmente contrarios que han sido definidos bajo el contexto del bien y el mal, la enfermedad y la salud. Desde Platón y Aristóteles hasta Winnicott y Juan Luis Vives, todos ellos trabajaron con el objetivo de averiguar la verdad sobre la locura y su cura. Pero, ¿es realmente cierto que en el presente se ha logrado una clara distinción?

David Rosenhan un psicólogo y psiquiatra y profesor emérito de la Universidad de Standford, nacido en Nueva Jersey el 22 de noviembre de 1929, se convirtió en uno de los psiquiatras experimentales más reconocidos de su país, especialmente por uno de los experimentos más influyentes que realizó durante su vida profesional, apodado: Sobre estar cuerdo en lugares dementes.

En 1973, Rosenhan redactó un artículo en la revista Science donde presentó su experimento cumbre, que hizo impulsó su carrera en la psiquiatría y revolucionó el sector con sus resultados.

Entre los años 1969 y 1972, realizó una prueba que consistió en internar a ocho pacientes estables y totalmente sanos en un hospital psiquiátrico, concretamente, en el St. Elisabeth, ubicado en Washington D.C.

El objetivo era reconocer si los diagnósticos psiquiátricos provienen de la categorización a partir de los síntomas de los pacientes o si si se basan en la percepción de los psiquiatras encargados de reconocer dichos síntomas, y no desde las características sintomáticas que presenta el paciente.

Ocho pacientes, incluido el propio psiquiatra, fueron internados tras declarar que tenían alucinaciones auditivas y que escuchaban tres palabras específicas: «golpe», «vacío» y «hueco». Esto resultó suficiente para que se les diagnosticara esquizofrenia y psicosis.

A partir de ese momento, los pseudopacientes comenzaron a actuar con normalidad y no manifestaron ningún síntoma correspondiente a su diagnóstico. Además, declararon en múltiples ocasiones ante los especialistas del hospital que se encontraban mejor. Sin embargo, estuvieron encerrados durante 52 días y fueron medicados de forma continua con el fin de tratar una supuesta enfermedad. Fueron liberados paulatinamente, siendo Rosenhan el último en recibir el alta.

Al finalizar la experiencia, Rosenhan concluyó que los diagnósticos psiquiátricos carecían de fiabilidad. Además, cuestionó y criticó los tratamientos y la observación que recibían los pacientes en el centro, y denunció los malos tratos que sufrían los internos.

Por esta última razón, el psiquiatra optó por denunciar al hospital y al personal médico del lugar por los maltratos y negligencias que sufrieron los voluntarios del experimento y él mismo.

Actualmente, el caso de Rosenhan ha sido y continúa siendo uno de los experimentos más polémicos de la psiquiatría, debido a estudios posteriores que han señalado fallos en las declaraciones de los participantes y han considerado que las pruebas presentadas son inconcluyentes.