Los trenes están diseñados como cajas de altísima rigidez
El motivo por el que los trenes no llevan cinturón de seguridad y los aviones sí
Las desaceleraciones en un accidente de tren suelen ser, paradójicamente, menos bruscas en términos de «frenazo en seco» que las de un coche
La ausencia de cinturones de seguridad en los trenes no es una negligencia legislativa ni un olvido de los ingenieros, sino una decisión deliberada basada en la física del movimiento y en el concepto de «seguridad pasiva». En el ámbito ferroviario, la protección no recae en la retención individual del pasajero, sino en la estructura del propio vehículo.
En este sentido, los trenes están diseñados como cajas de altísima rigidez que, en caso de colisión, absorben la energía cinética deformándose de manera controlada en los extremos (las zonas de choque) para mantener intacto el habitáculo.
Debido a la inmensa masa y el momento de inercia de un convoy, las desaceleraciones en un accidente de tren suelen ser, paradójicamente, menos bruscas en términos de «frenazo en seco» que las de un coche, o bien tan catastróficamente violentas que un cinturón de seguridad, lejos de salvar vidas, provocaría lesiones internas mortales por la presión abdominal o graves daños cervicales al dejar el cuerpo fijo mientras el cuello absorbe toda la fuerza del impacto.
Una amenaza que no existe sobre los raíles
Por el contrario, la obligatoriedad del cinturón en los aviones responde a una amenaza que no existe sobre los raíles: el movimiento vertical y las turbulencias de aire claro.
La función principal de atarse en una aeronave no es solo sobrevivir a un impacto contra el suelo, sino evitar que los pasajeros salgan despedidos hacia el techo en caso de una caída súbita de presión o un bache de aire violento, que son los accidentes más comunes en la aviación comercial.
Además, durante el despegue y el aterrizaje, el avión es susceptible de sufrir frenazos bruscos (abortos de despegue) a velocidades de 250 km/h, una situación donde la inercia sí lanzaría a los pasajeros contra la fila delantera con fuerza letal, algo que el cinturón de dos puntos de anclaje evita eficazmente.
«La normativa internacional lo desaconseja»
Finalmente, existe un factor de operatividad y diseño interior. El tren se concibe como un medio de transporte de «flujo libre», donde la movilidad es parte del servicio: hay vagones cafetería, gente que viaja de pie en cercanías y trayectos largos donde estirar las piernas es necesario.
A su vez, Renfe recuerda que los trenes no llevan cinturón de seguridad porque «la normativa internacional lo desaconseja. Puede ser más peligroso llevarlos que no llevarlos».
Implantar cinturones obligaría a rediseñar todos los asientos, haciéndolos más rígidos y peligrosos en caso de impacto secundario (golpearse contra el respaldo de delante), y haría inviable el control por parte de los revisores, que no podrían vigilar que cientos de pasajeros estuvieran atados constantemente, eliminando la ventaja competitiva de comodidad que el ferrocarril tiene sobre el autobús o el avión.