Modelo de SEA-EGOC anclado en la membrana de la vacuola, con el sitio activo iluminado
Desvelan un mecanismo clave de TOR, la proteína que nos hace crecer a humanos y levaduras
La investigación, realizada por el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, habría desvelado un mecanismo clave de esta proteína, esencial en el crecimiento celular y en la lucha contra el cáncer
Tiene nombre de divinidad nórdica y constituye una de las piezas esenciales de la maquinaria celular que permite a innumerables seres vivos alimentarse y desarrollarse, desde hongos y plantas hasta animales como ballenas, insectos o humanos.
Se trata de la proteína TOR, un componente clave cuyo descubrimiento se remonta a una expedición científica realizada hace medio siglo en la Isla de Pascua. Desde entonces, su estudio ha cobrado gran relevancia en la biología moderna. Recientemente, el investigador Lucas Tafur, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), ha logrado describir la estructura de uno de los mecanismos que regulan su actividad, un avance que se ha publicado en la revista Nature Structural & Molecular Biology.
En términos generales, todas las células disponen de sistemas que les permiten detectar la disponibilidad de nutrientes y comunicar esa información a otras proteínas encargadas de regular el crecimiento. Cuando los recursos escasean, TOR se inhibe y la célula detiene su desarrollo. Por el contrario, si abundan compuestos como aminoácidos o glucosa, la proteína se activa y favorece tanto el crecimiento como la proliferación celular. No obstante, comprender con precisión este proceso resulta fundamental, ya que su alteración está vinculada a enfermedades como el cáncer.
Lejos de actuar de manera directa, los nutrientes influyen sobre TOR a través de complejos proteicos intermedios. Además, en mamíferos, esta proteína funciona integrada en dos grandes ensamblajes denominados TORC1 y TORC2. Esta complejidad explica que intervenir sobre su actividad total pueda generar numerosos efectos secundarios. Por ello, los investigadores buscan comprender en detalle sus mecanismos reguladores, con el objetivo de desarrollar tratamientos más selectivos.
TOR puede entenderse como un sistema universal que ha sido conservado a lo largo de la evolución debido a su eficacia para resolver un problema común: determinar si existen recursos suficientes para crecer. Su presencia en organismos tan diversos como levaduras, plantas o animales subraya su importancia biológica. Precisamente, Tafur estudia esta proteína en levaduras, ya que las similitudes con los sistemas humanos permiten extrapolar conclusiones.
El origen de su nombre, Target of Rapamycin, procede de la rapamicina, un compuesto descubierto en 1975 con propiedades inmunosupresoras y anticancerígenas. El análisis de TOR supone un desafío comparable a reconstruir un complejo puzle tridimensional sin conocer todas sus piezas. En este contexto, técnicas como la criomicroscopía electrónica han permitido avances significativos, como la reciente caracterización del complejo SEA, un regulador clave.
Este complejo integra múltiples señales relacionadas con nutrientes. El estudio revela que no funciona como se pensaba, sino como una unidad coordinada. Además, demuestra que una simple mutación puede alterar su funcionamiento, actuando como un interruptor esencial tanto para activar como para inhibir TOR. Estos hallazgos abren nuevas vías para comprender enfermedades y desarrollar terapias más precisas.