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Cáncer de cuello uterino

Cáncer de cuello uterinoEuropa Press

El cáncer de cuello uterino acabará con la vida de más de medio millón de mujeres en el mundo en 2050

El mayor estudio sobre este cáncer sitúa a España con una de las tasas de incidencia y mortalidad más bajas de Europa Occidental

El cáncer de cuello uterino o cáncer de cérvix es considerado uno de los tumores malignos más frecuentes entre las mujeres a nivel mundial, a pesar de ser altamente prevenible. Esto se debe a que el crecimiento demográfico –cada vez hay más mujeres en el mundo– y el envejecimiento –viven más años y la población a la que podría afectar se va incrementando– van más rápido que las medidas preventivas para frenar a este tipo de cáncer. De hecho, existen varios métodos para poder erradicarlo, desde una vacuna eficaz hasta pruebas de cribado que detectan el virus del papiloma humano (VPH) antes incluso de que salga el tumor.

Este tutor va a experimentar una doble evolución en las próximas tres décadas. Así lo asegura el mayor estudio que se ha realizado hasta la fecha sobre el impacto del cáncer de cuello uterino, realizado en conjunto por la revista Nature Medicine y el el Instituto de Métrica y Evaluación de la Salud (IHME) de la Universidad de Washington.

Así, las proyecciones matemáticas afirman que las tasas globales de incidencia y de mortalidad estandarizadas por edad disminuirán entre un 12,5 % y un 9 %, respectivamente, para el año 2050. Sin embargo, el número absoluto de nuevos diagnósticos anuales crecerá un 20,2 %, llegando a superar los 1,08 millones de casos, mientras que las muertes absolutas se dispararán un 39,3 %, quitándole la vida a 522.000 mujeres a mediados del siglo XXI.

El estudio ha sido elaborado por una red internacional de más de 20.000 científicos que analiza de forma sistemática la salud mundial bajo las siglas del GBD (Global Burden of Disease o Carga Global de Enfermedades, en español). Los autores advierten de que, al ritmo actual de progresión, ninguna de las grandes regiones del planeta logrará alcanzar el umbral de eliminación fijado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), establecido en un máximo de cuatro casos por cada 100.000 mujeres. El panorama actual que expone el estudio, con datos de 2023, ya sitúa la carga global de la enfermedad en 887.000 casos nuevos y 369.000 fallecimientos anuales, consolidando a esta neoplasia como el tercer cáncer más común y el cuarto más letal entre la población femenina mundial.

El estudio revela una profunda brecha si miramos los datos país por país: las tasas de incidencia y de mortalidad son cuatro y siete veces más altas, respectivamente, en los países pobres que en los ricos. Es más, los países industrializados con ingresos altos son los que muestran la situación más favorable del mundo, con las tasas de fallecimiento más bajas del planeta. No obstante, existen también grandes diferencias dentro de las regiones ricas, como sería el caso, por ejemplo de Europa Occidental.

Situación positiva en España

A pesar de todo, la situación en España es bastante positiva. La tasa de incidencia en nuestro país se situó en 2023 en 7,8 casos por cada 100.000 mujeres, es decir, hubo 5.350 nuevos diagnósticos y 1.460 muertes. Se trata de una de las cifras más bajas de su entorno, puesto que Francia cuenta con una tasa de 9,3. En este sentido, Alemania eleva este indicador hasta el 9,5, mientras que Italia se sitúa en un 8,9. Destaca el caso del Reino Unido, que cuenta con una incidencia de 14,7 casos por cada 100.000 mujeres, prácticamente el doble que la tasa de España.

¿Cómo se puede explicar la diferencia entre nuestro país con respecto a nuestro entorno? La clave reside en la gestión preventiva y en la combinación de factores históricos. El propio estudio recalca que los programas de cribado y de detección masiva influye en los registros de incidencia de manera transitoria. El modelo británico, por ejemplo, eleva la tasa de casos detectados en estadios tempranos al estar históricamente activo en la búsqueda de lesiones premalignas. Y es que al analizar la tasa de mortalidad de Reino Unido, se baja a un 2,6, frente al 2,1 de España, demostrando de esta forma que su sistema logra tratar a tiempo la enfermedad, equiparando su letalidad real a la española.

Más allá de estos datos, España se ha beneficiado de una menor circulación histórica del virus en las generaciones nacidas antes de los 70. A esto hay que sumar el éxito de la vacunación incluida en el calendario oficial infantil financiado por el Sistema Nacional de Salud, que cuenta con coberturas por encima del 80 %. Por contra, naciones como Francia tienen un arraigado rechazo a las vacunas –un hecho que el propio informe denuncia de forma global y calificándolo de «reticencia vacunal impulsada por la desinformación»– lo que ha dejado desprotegidas a muchas mujeres jóvenes en Europa.

El estudio antes mencionado revela una anomalía preocupante en Italia, puesto que en este país ha aumentado la mortalidad de este cáncer en un 30,3 % desde 1990 a pesar de ser el único gran país industrializado de la región. Esta cifra pone de relieve los problemas que ha arrastrado el país transalpino en estas décadas para asegurar que su población acceda de forma constante a los programas de prevención(las citologías periódicas en los programas de cribado).

Los datos de los países europeos, incluso de los peores, contrastan de forma dramática con la realidad de los países de ingresos medios y bajos, donde el cáncer de cérvix se ceba sin piedad. El estudio calcula que el 85,9% de los casos mundiales y el 88,6% de las muertes totales se concentran en estas regiones. Mientras las regiones con más recursos presentan mínimos históricos, África subsahariana registra una tasa de mortalidad desproporcionada de 27,1 por cada 100.000 mujeres. En países como Malawi o Zambia el impacto epidemiológico multiplica por más de 10 las cifras europeas.

Convivencia con el VIH y otras ETS

Los autores del estudio relacionan estas disparidades en la enfermedad a determinantes sociales y culturales muy específicos de estas geografías, tales como el matrimonio temprano y el alto número de hijos, factores que prolongan la ventana de susceptibilidad biológica al virus. Además, el informe analiza escrupulosamente el papel de la coinfección por el VIH y otras Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS), las cuales intensifican la propagación del VPH. En regiones como África subsahariana, el riesgo de desarrollar este tumor es seis veces mayor entre las mujeres que tienen VIH. Paradójicamente, el éxito de las terapias antirretrovirales ha prolongado la supervivencia de estas pacientes, reduciendo la mortalidad prematura por sida, pero elevando de forma paralela la población de mujeres en riesgo que termina desarrollando cáncer de cérvix ante la ausencia de programas de cribado que permitan detectarlo a tiempo.

La principal conclusión que arroja este estudio internacional es que el control definitivo de la enfermedad está sufriendo un severo parón político y financiero a nivel planetario. Con menos de cinco años por delante para alcanzar las metas del horizonte 2030 marcadas por la OMS (que exige un 90 % de niñas vacunadas antes de los 15 años), la realidad que desvela el informe es bastante pesimista: de los 115 países con datos disponibles en 2024, únicamente nueve han logrado cumplir el objetivo de vacunación. 39 países reportan coberturas inferiores al 50 %, y de ellos nueve ni siquiera llegan al 10 %.

El coste económico de las dosis, las trabas logísticas en los sistemas sanitarios locales y el alarmante aumento de bulos científicos amenazan con convertir lo que científicamente es un tumor erradicable en una crisis de salud pública crónica, que, para el año 2050, acabará la vida de más de medio millón de mujeres anualmente.

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