Una mujer observa el río Manzanares a su paso por el puente de los Franceses
¿Están preparadas las ciudades para hacer frente al aumento de las lluvias?
Un informe que analiza la capacidad natural de absorción de diez ciudades del mundo, utilizando imágenes satelitales e inteligencia artificial
Las lluvias intensas ya no son fenómenos tan extraordinarios. Son parte del presente climático de muchas ciudades en todo el mundo. El pasado mes de marzo, Madrid vivió el día más lluvioso en más de medio siglo, una jornada que dejó estaciones de metro anegadas, calles intransitables y serios daños en infraestructuras. Este tipo de episodios plantea una pregunta urgente: ¿están realmente preparadas nuestras ciudades para gestionar lluvias cada vez más extremas?
Las estadísticas son preocupantes. Según datos globales, el 44 % de los desastres naturales están relacionados con inundaciones, y más de 700 millones de personas viven en zonas donde las precipitaciones diarias han aumentado significativamente. Aún más alarmante es la proyección de que, si el planeta aumenta su temperatura en 4 °C, los daños por inundaciones podrían multiplicarse por cinco.
Frente a este escenario, el papel de las ciudades como escudos naturales frente al agua cobra un valor estratégico. En este contexto, la firma internacional de desarrollo sostenible Arup ha publicado un informe que analiza la capacidad natural de absorción de diez ciudades del mundo, utilizando imágenes satelitales e inteligencia artificial.
Las urbes seleccionadas fueron Auckland, Londres, Montreal, Bombay, Nairobi, Nueva York, Shanghái, Singapur, Sídney y Toronto. El estudio evalúa lo que denominan la «esponjosidad» urbana, es decir, el grado en que una ciudad puede absorber el agua de lluvia a través de suelos y espacios naturales, reduciendo así el riesgo de inundaciones.
Entre los factores considerados están la cantidad de espacios verdes y cuerpos de agua, así como las propiedades hidrológicas del suelo urbano. Por ejemplo, los suelos arenosos tienen mayor capacidad de absorción que los arcillosos, y las zonas con parques, jardines o canales naturales pueden frenar eficazmente la escorrentía superficial.
Los resultados sitúan a Auckland como la ciudad más «esponjosa» del análisis, gracias a su alto porcentaje de espacios verde-azules y una infraestructura natural bien conservada. Nairobi y Singapur siguen en la lista con buenos niveles de absorción. En el extremo opuesto se encuentra Sídney, cuyo modelo urbano, con áreas residenciales densas y suelos poco permeables, dificulta la gestión del agua de lluvia.
Este tipo de diagnósticos también se vuelve esencial en países como España. Según Almudena Barona, responsable del área de agua de Arup en España, el país experimentará más lluvias torrenciales, olas de calor más frecuentes, aumento de la salinidad del mar y una disminución de las nevadas. Estas tendencias, documentadas por el IPCC y diversos estudios científicos, exigen respuestas urgentes desde la planificación urbana.
Por todo ello, es importante no solo hacer un diagnóstico, sino una llamada a la acción. Conocer la capacidad de absorción de las ciudades es el primer paso para diseñar soluciones sostenibles: integrar más vegetación, reforzar sistemas de drenaje, repensar el uso del suelo y apostar por una infraestructura verde que convierta a las ciudades en aliadas.
En definitiva, las urbes del futuro deberán ser más resilientes y «esponjosas» si quieren hacer frente a las tormentas que, cada vez más, son parte del presente.