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Caño de agua dulce

Caño de agua dulceGetty Images/Hussain Warraich

La Tierra entra en «megasequía global»: 22 años de pérdida continua de agua dulce

El crecimiento de la población mundial para las próximas décadas pone al planeta ante un posible colapso del equilibrio hídrico si no se adoptan medidas urgentes

Solo un 2,5 % del agua de la Tierra es dulce, de la que cerca del 70 % se encuentra en forma de hielo en glaciares y casquetes polares. Si tenemos en cuenta aquella accesible para consumo humano y la agricultura solo representa el 0,3 % del agua total del planeta, lo que da idea de lo escaso de este bien tan necesario para la vida.

Nuevos hallazgos muestran, además, que los continentes han experimentado una pérdida de agua dulce sin precedentes desde el año 2002. Así se extrae del estudio internacional de más de dos décadas de observaciones satelitales a cargo de un equipo dirigido por la Universidad de Arizona State (ASU) y publicado en Science Advances.

Esta investigación ha revelado una transformación alarmante en el ciclo hidrológico global, destacando la aparición de cuatro zonas de «megasequedad» a escala continental, todas situadas en el hemisferio norte: el suroeste de Norteamérica y América Central, Alaska y el norte de Canadá, el norte de Rusia, y la región que abarca Oriente Medio y el norte de África. Estas áreas están experimentando una pérdida acelerada de agua dulce, lo que plantea riesgos graves para la agricultura, la seguridad hídrica, la estabilidad global y el aumento del nivel del mar.

Los investigadores, basándose en más de 20 años de datos de las misiones Grace y Grace-FO, han detectado una rápida expansión de las zonas secas terrestres, que se incrementan cada año a un ritmo equivalente al doble del tamaño de California. Lo más preocupante es que las zonas áridas no solo se expanden, sino que se están volviendo más secas a una velocidad superior a la que las regiones húmedas se vuelven más húmedas, rompiendo con las tendencias históricas de distribución del agua. Esta inversión de los patrones tradicionales tiene profundas implicaciones para la disponibilidad de agua dulce en todo el planeta.

Uno de los hallazgos más impactantes del estudio es que el 68 % de la pérdida total de agua terrestre proviene de aguas subterráneas, superando incluso el impacto combinado del deshielo de Groenlandia y la Antártida en la subida del nivel del mar. Según Hrishikesh A. Chandanpurkar, autor principal del estudio, estamos agotando estas reservas no renovables como si fueran fondos de emergencia perpetuos, sin tomar medidas reales para reponerlas, incluso en los años con mayor disponibilidad de agua.

Desde el punto de vista demográfico, el panorama es igual de preocupante. El 75 % de la población mundial vive en países que han sufrido pérdida de agua dulce en las últimas dos décadas. Las proyecciones de la ONU estiman un crecimiento continuo de la población mundial durante los próximos 50 o 60 años, mientras los recursos hídricos disponibles siguen disminuyendo. Esto pone al mundo ante un posible colapso del equilibrio hídrico si no se adoptan medidas urgentes.

El estudio también identifica un punto de inflexión en torno a 2014-2015, coincidiendo con una serie de eventos climáticos extremos conocidos como «mega El Niño». Desde entonces, se ha registrado una aceleración en el uso de aguas subterráneas, un cambio en la distribución de las zonas secas –que ahora se concentran más en el hemisferio norte–, y un incremento en el derretimiento de permafrost y hielo en regiones como Canadá y Rusia. Además, se detectó una oscilación sin precedentes en la distribución global de la humedad: tras 2014, los trópicos se mantuvieron como la única región que continuó aumentando su humedad, un comportamiento que ni siquiera los modelos climáticos más avanzados del IPCC habían anticipado. Estos resultados subrayan la urgencia de seguir monitorizando el ciclo del agua y replantear globalmente nuestra gestión del recurso más vital del planeta.

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