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¿Qué huella deja el tabaco en el medio ambiente?

Una simple colilla puede tardar hasta diez años en descomponerse, según datos de la Organización Mundial de la Salud

Alrededor de 1.200 millones de personas en el mundo se llevan a diario un cigarrillo a los labios. Aunque la cifra ha disminuido en los últimos años, continúa representando un buen porcentaje de la población que, en el caso de España, asciende al 25,8 %, según la encuesta EDADES 2024.

Los perjuicios a la salud que lleva aparejado este hábito son ya conocidos, como un mayor riesgo de cánceres, enfermedades cardiovasculares y problemas pulmonares. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el tabaco es responsable de cerca de ocho millones de muertes al año. Pero además de esto hay que añadir que produce un daño grave al medio ambiente. La industria tabacalera genera consecuencias importantes a nuestro alrededor y los residuos que se dejan al fumar tardan años en biodegradarse.

En primer lugar, el cultivo de tabaco se estima que es responsable de aproximadamente el 5 % de la deforestación mundial en países en vías de desarrollo. En concreto, se cree que cerca de 600 millones de árboles se talan anualmente para cultivar y producir cigarrillos.

Una simple colilla puede tardar hasta diez años en descomponerse, según datos de la OMS. Durante ese largo proceso, los más de 7.000 compuestos químicos tóxicos que contiene –al menos 70 de ellos con efectos cancerígenos sobre personas y animales– se van filtrando lentamente en el suelo, el agua y los ecosistemas.

El tabaco continúa siendo uno de los residuos más extendidos del planeta. Las colillas suponen entre el 30 % y el 40 % de los desechos que se recogen en las limpiezas urbanas y costeras. Cada año, la industria del tabaco genera cerca de 25 millones de toneladas métricas de residuos, y se calcula que 4,5 billones de filtros acaban en el medio ambiente. De ellos, alrededor del 65 % se desechan de forma inadecuada, contaminando playas, ríos, zonas verdes y bosques.

A ello se suma un agravante: casi todos los cigarrillos actuales utilizan filtros de acetato de celulosa, un tipo de plástico que apenas se degrada y que libera microplásticos al descomponerse, agravando la contaminación de los ecosistemas terrestres y marinos.

Agua y CO2

Respecto al uso de agua, un solo cigarrillo requiere el uso de 3,7 litros de agua a lo largo de su ciclo de vida, lo que supone 22.000 millones de toneladas de agua usadas en un año. Y eso sin contar cómo los residuos acaban en ríos o mares, aumentando su huella medioambiental.

El tabaco también contamina el aire: cada cigarrillo emite 14 gramos de CO₂ a lo largo de todo su ciclo de vida, desde el cultivo del tabaco hasta la eliminación de la colilla. El humo generado por el consumo de tabaco contiene tres gases de efecto invernadero principales –CO₂, metano y óxidos de nitrógeno–, que contribuyen a la contaminación tanto del aire interior como del exterior.

En conjunto, el proceso de fabricación del tabaco genera cada año unas 84 millones de toneladas métricas de CO₂, una cifra equivalente, según la OMS, a lanzar 280.000 cohetes al espacio.

Otro de los peligros de los cigarrillos reside en que, aquellos que están mal apagados, han llegado a quemar 40.000 hectáreas de bosque en los últimos 20 años. Tal y como indica un informe de Reforesta, los incendios provocados por colillas de cigarros han sido los responsables del 3,25 % del total de los siniestros a lo largo de la década de 2004 a 2013.

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