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Grupo de exploradores en la Antártida

Grupo de exploradores en la AntártidaAlexander Hafemann : Mlenny Photography

Descubren un pasado cálido en la Antártida que desafía teorías sobre la glaciación

Este trabajo no es solo una vuelta de tuerca en la historia volcánica del pasado, sino que subraya la importancia de capítulos poco reconocidos para el clima de la Tierra

En pleno siglo XV, mientras en Europa se tejía la historia del Renacimiento, en las remotas tierras heladas de la Antártida quedó registrado un fenómeno que pondría en jaque la climatología de su tiempo: una explosión volcánica de gran magnitud que oscureció los cielos y causó décadas de enfriamiento.

Un reciente estudio publicado en Communications Earth & Environment ha analizado ese episodio, hasta ahora de orígenes parcialmente desconocidos, analizando fragmentos microscópicos de vidrio volcánico extraídos del núcleo de firn, cerca de la estación Vostok Station, y ha arrojado luz sobre su origen y complejidad.

La explosión tuvo lugar alrededor de los años 1458/59 d.C. y está considerada una de las mayores del último milenio, al menos según los registros de sulfatos hallados en núcleos de hielo de Groenlandia y de la Antártida. Tradicionalmente, se había atribuido al volcán Kuwae, en Vanuatu, pero los nuevos hallazgos indican un panorama más complejo: el estudio muestra que los fragmentos de vidrio volcánico presentan una distribución bimodal –una parte con composición dacítica, otra con composición riolítica–, lo que sugiere dos fuentes eruptivas casi simultáneas, y no una sola.

Los fragmentos de composición dacítica coinciden bien con los perfiles conocidos de Kuwae, mientras que los de naturaleza riolítica tienen afinidad con la zona del volcán Reclus, en la Patagonia chilena.

Sin embargo, y es aquí donde está el giro de la investigación, no hay constancia documentada de una erupción de Reclus en aquel momento, y las composiciones analizadas no encajan de manera perfecta con los datos previos de ese volcán. Por tanto, los autores plantean que podría tratarse de un volcán extratropical aún por identificar, en el hemisferio sur.

Un método que abre ventanas al pasado

El estudio se hizo con una muestra de hielo compactado, llamada núcleo VK22, que los científicos extrajeron en 2021. Para analizarla, usaron una técnica muy avanzada que combina microscopía electrónica y microanálisis químico. Esta herramienta les permitió estudiar fragmentos de vidrio volcánico tan pequeños como una fracción de un grano de polvo sin necesidad de pulirlos.

Gracias a esta técnica, se pudo cuantificar la composición geoquímica de las partículas –óxidos de silicio, titanio, hierro, magnesio, calcio, sodio, potasio, entre otros– y determinar que había dos discos composicionales muy bien diferenciados. Esta capacidad de medir fragmentos apenas visibles hace que la tefra-geoquímica se convierta en una herramienta esencial para identificar no solo cuándo ocurrió la erupción, sino desde dónde se originó, un dato clave para comprender su impacto climático global.

Pero, ¿por qué se le da tanta importancia a este hallazgo? Las grandes erupciones volcánicas tienen un efecto directo sobre el clima: inyectan dióxido de azufre (SO₂) en la estratosfera, se forma ácido sulfúrico que refleja la radiación solar y se genera un enfriamiento hemisférico o global durante años.

Si la fuente de una erupción se sitúa en el trópico, su aerosol puede distribuirse rápidamente por ambos hemisferios; si es extratropical y con cierta latitud, el patrón de distribución y transporte cambia. Identificar el origen exacto es fundamental para entender cómo este episodio del siglo XV afectó los climas regionales y globales.

En este sentido, encontrar una firma cristalina doble en el hielo antártico sugiere que quizá estamos ante dos fusiones volcánicas casi coincidentes: una tropical (probablemente Kuwae) y una extratropical de alta latitud en el hemisferio sur. Esto explicaría por qué la distribución de sulfatos y partículas en los núcleos de hielo muestra un patrón mixto: tanto ceniza gruesa de origen cercano como aerosol fino transportado a largas distancias.

Aunque el estudio fortalece la hipótesis de doble origen, queda abierta la posibilidad de que un volcán aún no reconocido haya sido protagonista de aquella catástrofe. Además, la diferencia entre tamaños de partículas en distintos núcleos sugiere diversas rutas de transporte atmosférico, lo que complica la comparación de registros.

Este trabajo no es solo una vuelta de tuerca en la historia volcánica del pasado: subraya la importancia de capítulos poco reconocidos para el clima de la Tierra. Si en el siglo XV hubo un evento volcánico de gran envergadura, con efectos observables en registros de hielo, considerar su origen, magnitud y propagación ayuda a calibrar modelos climáticos actuales que incorporan forzamientos volcánicos. Además, es un recordatorio de que la Tierra guarda muchos secretos en sus hielos, cenizas y depósitos, y que solo una aproximación multidisciplinar puede desentrañarlos.

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