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BosqueDPA vía Europa Press

Alertan de la expansión de especies con «alta capacidad colonizadora» en la Península Ibérica

Las especies más amenazadas son aquellas de crecimiento lento y alta especialización, que encuentran mayores dificultades para competir en entornos transformados por la acción humana o por perturbaciones recurrentes

Un estudio en el que ha participado el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (Creaf) ha constatado la expansión en la península ibérica de especies con «alta capacidad colonizadora» en entornos alterados o degradados. La investigación, difundida este jueves por el propio centro en un comunicado y publicada en la revista Nature Plants, advierte de un proceso que no solo afecta a España, sino que responde a una tendencia global de transformación de los bosques.

El trabajo identifica como especies colonizadoras a plantas exóticas invasoras como el ailanto, así como a formaciones dominadas por especies oportunistas que han sido favorecidas por determinadas prácticas de gestión forestal. Entre ellas se encuentran algunas variedades de pinos, eucaliptos o acacias, cuya proliferación se ha visto impulsada en contextos de reforestación o aprovechamiento maderero.

Según los autores, la situación detectada en la Península es «coherente» con la evolución observada a escala mundial tras el análisis de más de 31.000 especies arbóreas. Este examen global apunta a la consolidación de una nueva etapa en los bosques del planeta, marcada por la homogeneización de las masas forestales, la merma de la biodiversidad y el debilitamiento progresivo de los ecosistemas. De este modo, se estaría configurando un paisaje forestal cada vez más uniforme y menos resiliente.

El coautor del estudio e investigador del CSIC en el Creaf, Josep Peñuelas, ha advertido de que esta dinámica acarrea «consecuencias graves». En su opinión, el predominio de especies colonizadoras incrementa el riesgo de incendios forestales, reduce la diversidad biológica y pone en entredicho la capacidad de los bosques para almacenar carbono a largo plazo, un aspecto clave en el contexto de la lucha contra el cambio climático.

El fenómeno, explican los científicos, se comprende mejor si se distingue entre especies de crecimiento lento y otras de desarrollo rápido. Árboles como los robles o los encinos presentan una madera más densa, hojas gruesas y sistemas radiculares robustos. Estas características implican un crecimiento pausado y una mayor necesidad de tiempo para asentarse. Frente a ellas, las especies oportunistas actúan como «velocistas», capaces de expandirse con rapidez en terrenos perturbados.

«Además, como crecen más rápidamente, esta expansión la ha favorecido la actividad humana, por ejemplo, repoblando zonas quemadas con pinos o promoviendo plantaciones de eucalipto para la producción de madera», ha señalado Peñuelas. No obstante, el investigador ha matizado que ello no implica que los pinos sean negativos «per se», sino que el problema radica en los desequilibrios que pueden generarse cuando determinadas especies desplazan a otras más especializadas.

El estudio subraya que esta tendencia se repite en los bosques de todo el mundo. En términos generales, las especies más amenazadas son aquellas de crecimiento lento y alta especialización, que encuentran mayores dificultades para competir en entornos transformados por la acción humana o por perturbaciones recurrentes.

Asimismo, la homogeneización forestal golpea con especial intensidad a las regiones tropicales y subtropicales. En estos territorios, donde se concentra buena parte de la biodiversidad mundial, el riesgo futuro para las especies que constituyen «la columna vertebral» de estos ecosistemas resulta particularmente elevado. Queda ahora por determinar qué medidas de gestión y conservación podrán frenar o revertir esta tendencia que, según los investigadores, redefine el presente y el futuro de los bosques.

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