Un coche expulsa gases
Demuestran que la exposición continuada a partículas del diésel agrava las arritmias
Una vez inhaladas, provocan procesos inflamatorios en los pulmones y en otros órganos del cuerpo y parte de estas partículas pueden atravesar las barreras naturales del organismo y llegar al torrente sanguíneo
Un trabajo científico coordinado por el Instituto de Investigación del Hospital Valle de Hebrón de Barcelona ha constatado que la exposición prolongada a partículas contaminantes procedentes de motores diésel incrementa tanto la frecuencia como la gravedad de las arritmias ventriculares, consideradas las alteraciones del ritmo cardíaco más peligrosas.
La contaminación del aire se ha convertido en una de las principales amenazas para la salud pública a escala mundial. Según la Organización Mundial de la Salud, millones de personas fallecen cada año de forma prematura como consecuencia de la exposición a contaminantes atmosféricos, una parte importante de ellos vinculados a patologías cardiovasculares. Sin embargo, a pesar de la evidencia epidemiológica acumulada durante décadas, aún persistían dudas sobre los mecanismos biológicos concretos que explican cómo la contaminación puede afectar directamente al funcionamiento del corazón y favorecer la aparición de arritmias graves.
El estudio, cuyos resultados han sido publicados en la revista científica Particle and Fiber Toxicology, aporta nuevas pruebas experimentales que ayudan a comprender mejor esta relación. El trabajo ha sido liderado por el grupo de Enfermedades Cardiovasculares del VHIR y se centra específicamente en los efectos de las partículas emitidas por los motores diésel.
El investigador Antonio Rodríguez Sinovas, miembro del Grupo de Investigación en Enfermedades Cardiovasculares del VHIR, explicó a Efe la relevancia del hallazgo: «Había estudios que habían hecho asociaciones entre los días de más contaminación y los ingresos por arritmias, pero no se había demostrado la relación causa-efecto; con este estudio hemos demostrado que esta relación existe, exponiendo a los animales a las partículas diésel».
Las partículas más perjudiciales generadas por los motores de gasóleo son las denominadas PM2,5 y PM10. Se trata de diminutas partículas en suspensión que se liberan en las ciudades por el tráfico y otras fuentes contaminantes. Debido a su tamaño microscópico, estas partículas pueden ser inhaladas con facilidad por las personas y penetrar profundamente en el organismo.
Una vez inhaladas, provocan procesos inflamatorios en los pulmones y en otros órganos del cuerpo. Además, parte de estas partículas puede atravesar las barreras naturales del organismo y llegar al torrente sanguíneo, lo que abre la puerta a efectos más amplios en distintos sistemas del cuerpo, incluido el cardiovascular.
Con el objetivo de estudiar con mayor precisión el impacto de esta exposición sobre el corazón, los investigadores recurrieron a un modelo experimental con animales que permite reproducir condiciones similares a una exposición prolongada a contaminantes. Durante tres semanas, un grupo de ratas fue sometido de forma repetida a partículas procedentes del diésel mediante un procedimiento diseñado para simular su inhalación.
Tras completar ese periodo de exposición, los científicos analizaron el funcionamiento eléctrico del corazón de los animales utilizando técnicas electrofisiológicas avanzadas. Los resultados mostraron un incremento evidente tanto en la frecuencia como en la duración de las arritmias ventriculares sostenidas, consideradas las manifestaciones más graves de este tipo de trastornos cardíacos.
Además, los electrocardiogramas realizados a los animales expuestos a las partículas contaminantes revelaron diversas alteraciones que se asocian a un mayor riesgo de sufrir arritmias.
Los investigadores señalan que estos datos indican que la contaminación atmosférica no solo puede desencadenar episodios puntuales de arritmia, sino que también provoca cambios en el propio tejido cardíaco que aumentan la vulnerabilidad del corazón.
Entre los mecanismos detectados destaca un aumento persistente del denominado estrés oxidativo en el corazón. Este proceso se produce cuando se acumulan en exceso determinadas moléculas reactivas de oxígeno capaces de dañar las células. En el caso analizado, ese estrés oxidativo se relacionó con una respuesta inflamatoria intensa y mantenida.
Como consecuencia de esa inflamación prolongada, el tejido cardíaco comenzó a desarrollar fibrosis, es decir, una acumulación anormal de tejido rígido que dificulta la correcta propagación de los impulsos eléctricos del corazón. Esta combinación de cambios estructurales y moleculares da lugar a lo que los investigadores denominan un «sustrato arrítmico», un entorno que facilita la aparición de arritmias potencialmente peligrosas.
A partir de estos resultados, el equipo también exploró una posible estrategia para reducir los efectos perjudiciales de la contaminación sobre el corazón. Para ello trataron a un grupo de animales expuestos a partículas diésel con nanopartículas de óxido de cerio (CeO₂NP), un compuesto que posee potentes propiedades antioxidantes capaces de neutralizar las moléculas responsables del daño celular.
El tratamiento consiguió reducir de forma notable el estrés oxidativo y la inflamación detectados en el corazón. Asimismo, se observó una disminución de la fibrosis en el miocardio y una normalización de las alteraciones detectadas en los electrocardiogramas.
No obstante, los autores del estudio advierten de que esta posible vía terapéutica aún se encuentra en una fase muy preliminar. Aunque los resultados obtenidos en modelos animales son prometedores, subrayan que todavía queda un largo camino de investigación antes de que pueda plantearse una aplicación clínica en humanos.