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Álamo temblónCreative Commons

El árbol que podría convertirse en el mejor aliado de España contra los grandes incendios

Los expertos advierten de que la desaparición de los árboles de hoja ancha supone la pérdida de una de las principales defensas naturales frente a los fuegos

Los devastadores incendios que continúan asolando el centro peninsular han reabierto el debate sobre si las administraciones están destinando suficientes recursos no solo a la extinción de los fuegos, sino también a la prevención. Las cifras reflejan la magnitud del problema: el incendio de Burgohondo (Ávila) ha quemado ya 50.000 hectáreas, el mayor fuego de la historia de España. Si a esto le sumamos el territorio calcinado en la Comunidad de Madrid (25.000 hectáreas) y Toledo (2.000 hectáreas), la suma asciende a más de 77.000 hectáreas. Una auténtica catástrofe ecológica que además se ha llevado por delante numerosas viviendas en todas las localidades afectadas.

En paralelo al debate sobre la inversión pública, la comunidad científica continúa explorando nuevas fórmulas para reducir el impacto de estos grandes incendios. Como ya publicó El Debate, el investigador español César Sallén lleva años defendiendo Ecofire, un compuesto que asegura ser entre 50 y 100 veces más eficaz que el agua para extinguir las llamas. Sin embargo, la innovación tecnológica no es la única vía que estudian los expertos.

Cada vez son más los investigadores que ponen el foco en la propia composición de los bosques y en el papel que determinadas especies de árboles pueden desempeñar para dificultar el avance del fuego. La Asociación Internacional de Servicios contra Incendios y de Rescate advierte de que la desaparición de los árboles de hoja ancha supone también la pérdida de una de las principales defensas naturales frente a los incendios forestales. Sustituir especies como álamos o abedules por pinares o abetales, más inflamables, podría incrementar el riesgo a largo plazo.

El papel del álamo temblón

Entre todas las especies, el álamo temblón destaca como uno de los grandes aliados naturales frente al fuego. Su elevado contenido de agua y la ausencia de compuestos químicos altamente volátiles hacen que sea mucho menos inflamable que las coníferas. Además, su copa genera una mayor sombra, mantiene el suelo más fresco y húmedo y reduce la sequedad del sotobosque, uno de los factores que favorecen la propagación de las llamas.

Lori Daniels, profesora de Ecología Forestal de la Universidad de Columbia Británica, explica que cuando los álamos temblones y otras especies de hoja ancha crecen de forma abundante, llegan a formar auténticos «cortafuegos naturales», especialmente durante la época en la que mantienen todo su follaje.

Otra de sus grandes ventajas es su extraordinaria capacidad de regeneración. Incluso después de una tala o de un incendio, sus raíces pueden permanecer vivas durante miles de años. Cuando recuperan las condiciones adecuadas de luz y humedad, emiten nuevos brotes que permiten reconstruir rápidamente la masa forestal.

Los efectos de esta especie sobre el comportamiento del fuego también han sido documentados por la investigación científica. Cuando un incendio avanza por un bosque dominado por coníferas y alcanza una zona poblada por álamos temblones, las llamas suelen perder intensidad y descender desde las copas de los árboles hasta el suelo. Esa circunstancia ofrece a los equipos de extinción una oportunidad para establecer líneas de defensa y tratar de contener el avance del incendio antes de que alcance zonas habitadas.

La evidencia experimental respalda esta capacidad protectora. Un estudio realizado en 2010 por un especialista en comportamiento del fuego del Gobierno de Canadá analizó el comportamiento del álamo temblón mediante quemas controladas en un bosque mixto de coníferas y frondosas. Incluso cuando el frente de llamas avanzaba con gran intensidad por las copas de las coníferas, el fuego era incapaz de mantenerse al penetrar en la parte del bosque ocupada por álamos.

Estos resultados abren la puerta a que las administraciones estudien la posibilidad de introducir estratégicamente este tipo de árboles en determinadas zonas de alto riesgo como una herramienta complementaria a la gestión forestal tradicional. Los expertos, no obstante, subrayan que cualquier actuación debería realizarse respetando los ecosistemas existentes y evitando alterar el equilibrio de las especies autóctonas, ya que la prevención de los incendios depende de una gestión integral del monte y no de una única solución.