Fundado en 1910
Jessica Foster

Jessica Foster, la influencer por IA que presume de acompañar a Trump a sus actos

Jessica Foster, la soldado que nunca existió: así funcionan las ‘influencers’ políticas creadas con IA

Jessica Foster, una supuesta marine que apoya a Trump en Instagram, no existe, es un avatar creado con IA que roza el millón de seguidores. Comienza una nueva era de propaganda política y desinformación con humanos sintéticos imposibles de distinguir

La soldado perfecta de Trump no suda, no envejece y nunca se equivoca. Tampoco existe. Jessica Foster, la influencer patriota que posa en Instagram junto al presidente de Estados Unidos y otros líderes mundiales, es un producto de la inteligencia artificial con casi un millón de seguidores y un mensaje político milimétricamente diseñado. Su caso resume hasta qué punto la tecnología ha entrado en campaña; ya no se trata de manipular fotos, más bien de fabricar personajes completos para colonizar la conversación pública.

Foster apareció en Instagram a finales de 2025 y, con apenas una docena de publicaciones, ha alcanzado cifras de audiencia que muchos creadores reales solo pueden soñar. En sus imágenes, generadas con IA, se muestra como una joven militar estadounidense, envuelta en banderas, rodeada de uniformes y abrazando el discurso de America First que ha hecho suyo el trumpismo. Se le ve en lo que parecen actos oficiales con Donald Trump, Volodímir Zelenski o Vladimir Putin, siempre en escenarios reconocibles y con un acabado hiperrealista que desarma la desconfianza inicial de cualquier usuario.

Foto de Jessica Foster generada por IA en su cuenta de Instagram

Foto de Jessica Foster generada por IA en su cuenta de Instagram

Detrás de esa estética encontramos la estrategia de usar las herramientas de generación de imagen para producir una figura aspiracional, políticamente alineada y altamente compartible. Cada foto parece una mezcla entre videojuego bélico y foto institucional; cada texto, un eslogan fácil de entender y difícil de matizar. La cuenta no ofrece biografía verificable ni rastros de vida real, pero ¿a quién le interesa?. Ofrece, en cambio, un personaje que dice exactamente lo que un determinado segmento de audiencia quiere escuchar, las veces que haga falta.

Hiperrealismo

La tecnología que lo hace posible ya no es ciencia ficción. Modelos de imagen como Midjourney, DALL·E o Stable Diffusion han democratizado la creación de rostros hiperrealistas, cuerpos perfectos y escenas imposibles; al mismo tiempo, la clonación de voz y los modelos de lenguaje permiten dotar a estos avatares de relatos coherentes y un tono reconocible. En un mundo virtual como Instagram o TikTok, donde lo visual manda y el contexto se diluye, el salto entre un rostro humano y uno artificial es apenas un matiz técnico, un prompt bien escrito.

En X, una investigación de la CNN y del Centro para la Resiliencia Informativa destapó al menos 17 cuentas falsas de supuestas jóvenes estadounidenses pro‑Trump que utilizaban fotos robadas o manipuladas de influencers europeas para difundir propaganda política. En todas se repetía el mismo patrón con mujeres jóvenes, guapas, patriotas, que apoyan con entusiasmo al candidato republicano y atacan a sus rivales; un ejército de votantes modélicas que en realidad ni votan ni existen.

En todas se repetía el mismo patrón con mujeres jóvenes, guapas, patriotas

En todas se repetía el mismo patrón con mujeres jóvenes, guapas y patriotas

En el ámbito deportivo se ha visto una dinámica similar. El pasado verano, durante la disputa del Mundial de Clubes, una foto de Kylian Mbappé en Instagram destapó la polémica porque las gradas parecían estar rellenas de aficionados generados por IA. A ello se suman perfiles supuestamente vinculados al arbitraje profesional o a clubes de élite que recurren a imágenes sintéticas para exhibir una vida que no pueden demostrar como fotos en vestuarios con estrellas internacionales, selfies en estadios y escenas de vestuario que, a primera vista, podrían pasar por auténticas.

Que este fenómeno haya encontrado un terreno fértil en el entorno de Trump no sorprende. El presidente estadounidense ha normalizado el uso de contenidos generados por IA para caricaturizar a sus rivales o engrandecer su propia figura, desde deepfakes de celebridades hasta montajes de escenas heroicas.

Jóvenes y atractivas

El detalle que más inquieta es el molde que se repite porque estos avatares son casi siempre mujeres jóvenes, atractivas y con atributos físicos muy marcados. La IA no solo se usa para afinar el discurso político, sino también para explotar la lógica de la atención en redes con la erotización sutil, el uniforme entallado, la pose de autoridad. La supuesta marine, la árbitro de Primera, la fan del estadio… todas responden a la misma fantasía diseñada para sumar clics y likes.

En Instagram, Noelia es un perfil falso que presume de ser linier en Primera división

En Instagram, Noelia es un perfil falso que presume de ser linier en Primera división

Desde el punto de vista tecnológico, lo más relevante es la escala de estos perfiles. Un solo equipo puede gestionar decenas de identidades sintéticas que publican, interactúan y se retroalimentan entre sí para construir una ilusión perfecta. Los algoritmos de recomendación no distinguen entre humano y avatar ya que premian el engagement, no la autenticidad. El resultado es un ecosistema en el que un candidato puede rodearse de un coro de seguidoras digitales programadas para amplificar sus mensajes sin descanso.

Un candidato puede rodearse de un coro de seguidoras digitales programadas para amplificar sus mensajes sin descanso

La frontera entre marketing, propaganda y desinformación se difumina. Cuando un usuario comenta en la cuenta de Jessica Foster que está «enamorado» o que «ojalá hubiera más mujeres como ella defendiendo a Trump», no solo interactúa con una imagen falsa, también refuerza emocionalmente un relato político que otros creen que es espontáneo. El problema no es solo que una foto sea mentira, sino que el ecosistema completo de atención y legitimidad se está construyendo sobre identidades diseñadas en un panel de control.

¿Quién debe poner límites a estos humanos sintéticos cuando se usan en campañas políticas? Las plataformas trabajan en etiquetas para contenidos generados por IA, pero la experiencia demuestra que esas advertencias llegan tarde, mal o nunca, y que la creatividad de la propaganda siempre va un paso por delante. Mientras tanto, los usuarios navegan por un feed donde soldados, árbitros y votantes ideales pueden ser tan falsos como las promesas que recitan.

Jessica Foster es un toque de atención de las campañas en las que la voz que nos convence, el rostro que nos interpela y la vida que nos inspira pueden ser completamente artificiales. En España hay elecciones en 2027 y la clase política también libra la batalla por los votos en redes sociales. Quién sabe si alguno sumará a su campaña algún personaje generado por IA que venda el mensaje mejor que el propio candidato. A medida que las herramientas se vuelvan más sofisticadas, detectar la diferencia será cada vez más difícil. La tecnología ha dado a la política un nuevo tipo de militante, uno incansable, perfecto y, sobre todo, programable. El reto, ahora, es decidir si aceptamos convivir con ello como si fuera uno más entre nosotros porque la realidad no nos convence.

Temas

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas