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El director ejecutivo de Meta, Mark Zuckerberg

El director ejecutivo de Meta, Mark ZuckerbergEFE

Revuelta en Meta: el ‘gulag’ de la IA de Zuckerberg estalla en plena carrera por la superinteligencia

Un empleado de Meta reventó una reunión interna para cargar contra la nueva división de inteligencia artificial, síntoma de un «gulag» laboral en plena huida hacia adelante de Mark Zuckerberg con la superinteligencia y los recortes de plantilla

La última revuelta en Meta no ha estallado en público, sino dentro de una videollamada interna con miles de empleados conectados. En pleno encuentro para presentar avances de la nueva unidad de inteligencia artificial, un trabajador abrió el micrófono y desató una diatriba cargada de insultos contra un alto ejecutivo de Meta AI, hasta el punto de pedir a los responsables de la reunión que le transmitieran literalmente que era «un pedazo de mierda», según una grabación revelada por la revista Wired.

El incidente muestra el clima de frustración que se vive en la compañía. Es más, se produjo en una sesión pensada para cohesionar al equipo de Applied AI, el grupo creado en marzo para dar soporte a los investigadores de Meta Superintelligence Labs, la gran apuesta de Mark Zuckerberg para dominar la próxima generación de modelos de IA.

Desde entonces, el episodio se ha convertido en una división que algunos ingenieros califican abiertamente como «un gulag que aplasta el alma» por la presión, la falta de rumbo claro y la sensación de estar quemándose al servicio de un proyecto faraónico en el que no creen.

La ambición de Zuckerberg

Según las filtraciones recogidas por Wired, la unidad de Applied AI, con unos 6.500 empleados, funciona como una especie de gigantesca sala de máquinas encargada de mantener, ajustar y desplegar los modelos que dan servicio a las ambiciones de superinteligencia de Meta. Se trata de un trabajo clave, pero percibido como poco gratificante, rutinario y sometido a plazos imposibles, lo que habría disparado el número de bajas internas, cambios de equipo y mensajes de protesta en los foros corporativos.

La revista señala que esta tensión interna choca con la imagen pública de Zuckerberg, que se presenta como el impulsor visionario de una IA abierta y al servicio de todos, mientras exige a sus ingenieros un nivel de sacrificio extremo en nombre de una carrera armamentística tecnológica que Meta no está dispuesta a perder frente a OpenAI, Google o Microsoft. La transformación de Meta en un gigante de la IA se está haciendo a golpes de martillo, hacia dentro y hacia fuera.

Del metaverso a la superinteligencia

La crisis llega en un momento en el que Meta ha dado un giro estratégico total. El metaverso, en el que llegó a invertir unos 70.000 millones de euros entre 2021 y 2025, ha dejado de ser el centro del relato para convertirse en una pieza secundaria dentro de un ecosistema dominado por la inteligencia artificial. Horizon Worlds se apagará en realidad virtual y quedará como producto exclusivamente móvil, mientras los recursos se reorientan hacia asistentes, gafas inteligentes y experiencias híbridas donde la IA aporta el valor principal.

Además, Zuckerberg ha lanzado una ofensiva sin precedentes para fichar talento y levantar lo que él mismo llama «superinteligencia». Meta ha creado un nuevo laboratorio, ha incorporado al fundador de Scale AI, Alexandr Wang, y ha puesto sobre la mesa inversiones de más de 10.000 millones de dólares, además de una futura apuesta de «cientos de miles de millones» en computación para entrenar modelos avanzados. El objetivo es disponer del supercúmulo de cálculo más potente del sector a partir de 2026 y construir una plataforma de IA que supere las capacidades del cerebro humano, al menos en tareas concretas.

IA para dirigir Meta

Mientras los ingenieros denuncian internamente jornadas «aplastantes», Zuckerberg vende la cara amable de la revolución que prepara. El fundador de Facebook trabaja en un asistente de inteligencia artificial pensado para ayudar a directivos de grandes empresas (incluido él mismo) a tomar decisiones basadas en datos y gestionar organizaciones complejas. La idea es que esa IA funcione casi como un «copiloto» ejecutivo, capaz de analizar informes financieros, escenarios regulatorios y riesgos reputacionales en tiempo real.

Pero la pesadilla de Zuckerberg sigue en fuera de Estados Unidos. Bruselas ha concluido en un expediente preliminar que la empresa «probablemente está abusando de posición dominante» al bloquear la entrada de otros asistentes de IA dentro de WhatsApp, y ha amenazado a Zuckerberg con multas millonarias si no abre el servicio a la competencia. Al mismo tiempo, el Gobierno chino ha obligado recientemente a Meta a revertir la compra de Manus, una operación de unos 2.000 millones de dólares con la que el grupo esperaba acelerar su apuesta por los agentes autónomos de IA.

La factura humana de la IA

La revolución interna que describe Wired llega además en plena «dieta forzosa» de plantilla. Meta despedirá este año alrededor del 10 % de sus empleados (unos 8.000 trabajadores) y ha cancelado otras 6.000 vacantes, una purga que la compañía justifica como una apuesta por la eficiencia tras el aumento masivo del gasto en inteligencia artificial. Es decir, menos personas haciendo más trabajo para sostener una arquitectura de IA que no deja de crecer.

Mark Zuckerberg

Mark ZuckerbergEFE

Entre la ambición desmedida, la presión regulatoria y los recortes de personal se entiende por qué una simple reunión interna ha acabado convertida en un ajuste de cuentas a los responsables de un proyecto en el que nadie cree. Que un empleado se atreva a reventar una llamada multitudinaria para insultar a un jefe de IA dice tanto del clima dentro de Meta como de la velocidad a la que Zuckerberg está quemando etapas en su huida hacia la superinteligencia.

El grupo que nació para conectar estudiantes y terminó construyendo la «peor droga digital de la historia», se juega ahora su futuro, y quizá algo más, en una apuesta por la inteligencia artificial que amenaza con devorar también a quienes la hacen posible.

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