La compañía de los Valientes

El cochino optó por plantar batalla y vendió cara su piel. Tenía sobrado oficio en la pelea y buscó terreno favorable. No contaba con que unos pocos perros ligeros en peso, aunque cargados de coraje, no iban a abandonar

Act. 28 dic. 2025 - 09:08

Valentía con todas las letras.

Valentía con todas las letras.Cedida por José María Finat

Dice mi gran amigo Sebastián que la valentía se la da Dios a quien se la da. ¡Y qué razón tiene!

La RAE da a la palabra distintas acepciones. Me quedo con dos. Primero, la que la define como hecho o hazaña heroica ejecutada con valor. Segundo, la que habla de la acción material o inmaterial esforzada y vigorosa que parece exceder a las fuerzas naturales. Esto es, precisamente, lo que hacen nuestros perros.

Llevo varias semanas monteando por diversas partes de la ancha Castilla. En abierto, como siempre. Monterías de cochinos en las que los corzos van cediendo protagonismo a ciervas y venados, pero fundamentalmente hay guarros. ¡Una maravilla!

Estos marranos castellanos son de abrigo. Tienen querencia, son muy poderosos y debido a la proliferación del lobo, están duchos en la reyerta. Aguantan más y saben defenderse con destreza. Agarrar un cochino macho con colmillos por estos lares suele ser sinónimo de pelea con un adversario más que apto y que venderá cara la pellica.

Allá donde Burgos da paso a Soria, tuve un agarre bastante comprometido. Llevo años monteando esa mancha. Casa de amigos. De familia. Cada vez hay más cochinos y es una montería que no puede ser más agradable. Al poco de soltar, me contaba después el puesto, dieron con el verraco cuatro perros. Todos podencos y uno de pequeña talla. Lo metieron de fuera del ojeo para adentro por una cañada. El puesto más cercano, aunque lejos, tuvo opción de tirarlo, hiriéndolo en la pata trasera. Un tiro por encima de la pezuña que, muy lejos de ser vital, lo enfureció. En terreno abierto, el macareno sabía que tenía las de perder y buscó parapeto en un zarzal bastante apretado entre la cañada y el monte.

La valentía se la da Dios a quien quiere. Y sé que la valentía en un perro viene de serie, pero también sé que se puede potenciar

Llegué orientado por la zaragata. La estampa era espectacular. Amparado por la zarza, un bravo jabalí de ochenta kilos, arocho, muy poderoso, se defendía de cara. Solo había un sitio por el que entrar, y ahí esperaba él. A los cuatro podencos se unió el intrépido Mirlo, mi fiel jagdterrier, siempre dispuesto a ayudarme. ¡Semper Fidelis! Malquerido, Pirata, Dama y Filomena se empleaban. No abandonaban. Lo pellizcaban y agarraban del poco espacio que el marrano ofrecía. Aprovechaban bien la oportunidad. Mirlo, como una locomotora, entró de frente. El cochino optó por plantar batalla y vendió cara su piel. Tenía sobrado oficio en la pelea y buscó terreno favorable. No contaba con que unos pocos perros ligeros en peso, aunque cargados de coraje, no iban a abandonar.

A los pocos días, cazamos entre Valladolid y Zamora. Mismos protagonistas: guarros bravos, salvajes y lobeados. De vuelta, aún lejos de la suelta, dan de parado. Aguanta y a unos 500 metros lo agarran. Llego en segundos. Un precioso navajero que se ha defendido como gato panza arriba. Nada grave, pero sí espectacular. Eli hace su magia, suero mediante.

A los pocos días, toca el sur de Ávila. En el tope, un verraco sale para atrás con dos podencas. Luna y Jabonera. Lejos lo paran unos segundos. Entre las dos no suman 70 kilos. El bravo cochino se libra de ellas fácilmente y se pierde. Resultado: Jabonera con una herida muy grave en el jamón. Para Luna fue su último anochecer.

En segundo plano la valiente Luna

En segundo plano la valiente LunaCedida por el autor

La valentía se la da Dios a quien quiere. Y sé que la valentía en un perro viene de serie, pero también sé que se puede potenciar.

Algunas razas son kamikazes. Perros atrevidos que no conocen el miedo, como, por ejemplo, los alanos. Santo y seña de la raza de presa patria por excelencia. Pero el valor está presente en cada perro independientemente de su casta. Valentía no es ser un kamikaze. Un perro valiente puede ser más mirado, lo que no quiere decir que sea cobarde. Todo depende de la selección genética que haya detrás. Si las líneas vienen de perros con agallas, si las conocemos de hace tiempo, bien cruzados, conseguiremos perros con el mismo brío o más.

Por su parte, para que la rehala crezca en valentía, solo cabe amparar. Apoyar otorga ese extra de atrevimiento. Si ellos saben que, aunque den con un cochino en las quimbambas, por muy fea que se ponga la cosa, se aparecerá en su auxilio, se irán agrandando y cada vez serán más valientes. Los buscarán y seguirán sin descanso, especialmente a los machos. De igual manera, un perro valiente que pierde batallas, se irá haciendo más cobarde y acabará dedicándose a quehaceres menos riesgosos.

Toda moneda tiene cara y cruz. A veces, agrandados y seguros, pueden creerse amparados por otros perros o lanzarse solos. Entonces no encontrarán el respaldo necesario y las consecuencias suelen ser graves.

Cazando en abierto, la valentía siempre ha sido una cualidad clave en un perro de rehala, pero creo que hoy lo es aún más. Entre visores térmicos, lobos y la propia presión cinegética, los cochinos han ganado en audacia y cuesta, cada vez más, hacerlos romper. O los perros aprietan o ahí se quedarán. Las rehalas cogerán algún macho bueno, pero el montero debe entender que es parte del negocio y que, por ese, dieron otros muchos a las escopetas.

Quien tenga perros valientes debe asumir que para mantener esa cualidad deberá escudarlos siempre sin escatimar en derroche físico y denuedo.

Se trata de devolverles la sonrisa. De serles fieles y sin trampa. De defenderlos. Como ellos con nosotros.

«Cuando desaparece un perro noble y valiente, el mundo se torna más oscuro. Más triste y más sucio», Arturo Pérez-Reverte.

En recuerdo y homenaje a la valiente Luna.

  • Diego Gómez-Arroyo es perrero

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