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El equipo del Instituto Geológico y Minero de España (IGME) bajando a la Sima del Vapor, una de las cuevas más peligrosas del mundo

El equipo del Instituto Geológico y Minero de España (IGME) bajando a la Sima del Vapor, una de las cuevas más peligrosas del mundoIGME / La Sexta

Ciencia

Así trabajan los científicos en una de las cuevas más peligrosas de España: «Entramos nueve horas al año»

Conocida como la Sima del Vapor –situada en el Castillo de Alhama de Murcia–, se trata de una cavidad extremadamente peligrosa y de acceso prohibido, con condiciones únicas en todo el mundo. Sus elevadas temperaturas, que pueden superar los 40 grados, un 100 % de humedad y niveles de oxígeno inferiores al 17 % son algunas de las 'bienvenidas' que da la cueva. En resumidas cuentas, se trata de la cavidad no volcánica más caliente del mundo, con 85 metros de profundidad y emanación de vapor visible en invierno.

Este infierno en la Tierra también tiene una serie de implicaciones para la ciencia, al ser un laboratorio natural que investiga la actividad sísmica y predecir terremotos. Para ello, los expertos instalan sensores de gas radón y CO2, temperatura y detectores de muones con el objetivo de entender la relación entre la actividad tectónica de la falla de Alhama.

En este ambiente extremo decidió aventurarse un equipo del programa Apatrullando de La Sexta, que vivió de primera mano cómo es la labor científica en la Sima del Vapor. Para vivir esta experiencia contaron con la ayuda de Raúl Pérez, geólogo del CSIC y habitual en las incursiones.

«Llevo el arnés por temas de seguridad, ya que hay una parte en la que se necesitan cuerdas debido a la alta deshidratación porque hay mucha humedad», revelaba Raúl, quién destaca que el equipo toma «una pastilla de sal» antes de descender a la cueva.

De igual manera, en palabras del experto, se trata de una de las cuevas más peligrosas de España «por el ambiente hostil que hay en su interior». La ausencia de tanto oxígeno como en el exterior se une a la «elevada radiación natural» por la presencia del gas radón.

La radiactividad, altas temperaturas y ausencia de oxígeno conforman un lugar realmente peligroso, motivo por el equipo solo entra «un máximo de nueve horas al año» ante el riesgo de exponerse a un cáncer de pulmón. Todo ello a cambio de solamente 30.000 euros de sueldo al año, repartidos en 14 pagas de 2.142 euros brutos.

Aun así, la labor de Raúl y su equipo sigue siendo vital, dado que permite conocer mejor el comportamiento geológico y «prevenir los siguientes terremotos».

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