Hattie McDaniel recogió el Oscar a la mejor actriz de reparto por Lo que el viento se llevó en 1940
Cine
La película que barrió en los Oscar del año mágico de Hollywood
Entre todas las obras maestras estrenadas en 1939, una destaca tanto en premios como en taquilla
Para muchos 1939 es el año dorado del cine, pues se estrenaron una decena larga de las mejores películas de siempre, entre ellas obras maestras de directores como John Ford, Frank Capra, William Wyler o Ernst Lubitsch. Sin embargo, en la 12ª entrega de los Oscar triunfó por goleada una película inimitable, que en algunos lugares internáuticos se corona como la película más taquillera de la historia –tras ajuste de inflación y todos esos cálculos abstrusos–, incluso por delante de Avatar o Titanic.
Al Oscar a la mejor película de 1939 optaron 10 películas que aún hoy reciben altas puntuaciones en la web. Seis de ellas pueden considerarse grandes clásicos. Por ejemplo, La diligencia, la película que encumbró a John Wayne, que se considera uno de los filmes más pioneros en lo técnico y cuyo montaje se considera inigualable –a pesar de un error de bulto–. Sin embargo, tan solo se llevó dos estatuillas, a la mejor orquestación y al actor de reparto –Thomas Mitchell, por encarnar al doctor que redime su alcoholismo al asistir un parto en medio de ninguna parte–.
1939 fue un año tan esplendoroso que La diligencia ni siquiera se situó entre las 10 películas más taquilleras. La que a la postre triunfaría en los Oscar fue, lógicamente, la que más entradas vendió. Pero hubo otros grandes éxitos, como Ninotchka, la comedia de Ernst Lubtisch que se promocionó con el eslogan de «la Garbo ríe». O como Cumbres borrascosas, la adaptación de la inolvidable novela de Emily Brönte en la versión de William Wyler con Laurence Olivier y David Niven en los principales papeles masculinos.
Otro exitazo del 39 que aspiró a 11 Oscar fue Caballero sin espada, el filme de Frank Capra que presentó la odisea de un hombre cualquiera –en inglés se titula Mr. Smith goes to Washington– en pos de la justicia que se suponía –y se supone– debía reinar en la capital de los Estados Unidos. Pero el filme solo ganó un premio, el de mejor guion original.
Sin embargo, todas estas joyas palidecen ante la grandiosidad y calidad extraordinaria de Lo que el viento se llevó, la obra maestra de David O. Selznick, ejemplo paradigmático de productor de la edad dorada de Hollywood, una época en que se esclavizaba a guionistas, músicos y demás cineastas en aras de unas películas magistrales. Por algo en España se tituló Cautivos del mal -The Bad and the Beautiful en su título original- a la película en que Vincente Minnelli criticó la figura de Selznick.
Con una mística insuperable, Lo que el viento se llevó barrió en taquilla al adaptar el best seller literario de Margaret Mitchell. Pero fue mucho más que eso. En ella nació el mito de Escarlata O´Hara, imponente en la escena «Pongo a Dios por testigo…», quizás la más icónica de siempre. O la secuencia del incendio de Atlanta, o la del sinfín de heridos en un plano ascendente estremecedor, o la de Clark Gable soltando «francamente, querida, no me importa», o el final sobrecogedor de «realmente, mañana será otro día» antes de dar paso a la magistral melodía compuesta por Max Steiner.
Lo que el viento se llevó ganó 8 Oscar de los 13 a los que aspiraba en el mejor año del cine, entre ellos el de Hattie McDaniel por encarnar a Mammy, la esclava de confianza de la señorita Escarlata. Y ganó otros dos premios especiales por logros para los que no había estatuilla -uno, por ejemplo, por el uso del color en el realce del dramatismo estético-. Pero, por ejemplo, Gable no ganó el de mejor actor, que fue para Robert Donat por encarnar a un gran profesor en Adiós, Mr. Chips.
Aunque, probablemente, sorprenda que tampoco ganase el de mejor banda sonora, porque ese mismo 1939 se estrenó otro taquillazo de imborrable memoria: El mago de Oz, que ganó este Oscar y el de mejor canción –Over the Rainbow–, en voz de Judy Garland, a la que a su vez dieron un Oscar juvenil. Curiosamente, el director de este musical, Victor Fleming, ganó la estatuilla correspondiente por Lo que el viento se llevó -en la que también participaron, brevemente, otros directores-.
Al margen de todos los clásicos ya citados, en 1939 también se estrenaron películas como Dodge City, Ciudad sin ley, de Michael Curtiz y con Errol Flynn, Mujeres de George Cukor, La fuerza bruta (adaptación de la novela De ratones y hombres, de John Steinbeck) de Lewis Milestone o Tú y yo, de Leo McCarey. Y seguro que me olvido de otras, pues parece que 1939 fue infinito, y no solo en lo cinematográfico.
A pesar de ello, en los Oscar triunfó Lo que el viento se llevó, quizás la película más taquillera de la historia. Aunque su verdadera prueba de clásico imprescindible sea que, un melodrama en toda su larguísima extensión, sigue siendo tan hipnótica y sugerente como el día de su estreno, por mucho que algunas luminarias del nuevo siglo, a veces tan puritano, consideren que sea una película digna de cancelación.
P.S.: En aquellos Oscar también se entregó un Oscar especial a Technicolor, por sus aportaciones al naciente cine en color, del que Lo que el viento se llevó y El mago de Oz son dos de sus primerísimas obras maestras.
Por otro lado, el premio Irving Thalberg de aquel año, fue para el propio David O. Selznick.