Atraco a las tres
Historias de película
El giro final de 'Atraco a las tres' que permitió que pasara la censura
La película coral de 1962 fue una de las de mayor éxito de su época y consagró a su protagonista
Es, para muchos, la mejor comedia del cine español por encima de Bienvenido Mr. Marshall, Plácido, La escopeta nacional o Historias de la radio. Porque lo cierto es que, seguramente, de todas estas, sea la más divertida.
Atraco a las tres no fue pensada como una comedia especialmente hilarante. La idea original fue del guionista Vicente Coello, que quería escribir una película teatral sobre los empleados de una sucursal que deciden vengarse de su jefe robando la oficina en que trabajan. Pero la entrada de Rafael Azcona en el proyecto, que había escrito el guion de El pisito y El cochecito, aportó un tono de amargura a la historia, una crítica social que mostraba los problemas económicos a los que se enfrentaba este grupo de trabajadores de una entidad bancaria que, a pesar de todo, era de clase media-baja.
Así fue como Azcona y Coello hicieron una sátira de la España del oficinista con empleados frustrados, precariedad económica, diferencia de clases, jerarquías ridículas y abusos de poder. Pero llena de humor, con un sutil aire de comedia británica, de ritmo ágil y tono entrañable que roza el absurdo. Cuando presentaron el guion al director José María Forqué, se quedó entusiasmado con él, aunque estaba convencido de que si no aligeraban el mensaje tendrían problemas con la censura. Después entraron Ágata Films y Hesperia Films, que aceptaron financiarla por su bajo coste.
Con el guion casi terminado y el director trabajando en la preproducción, logran fichar, uno tras otro, a los mejores actores de comedia del momento: Cassen, Gracita Morales, Agustín González y Manuel Alexandre y, además, ofrecen a un casi desconocido Alfredo Landa uno de sus primeros papeles importantes. Pero el verdadero acierto de la cinta, donde de verdad se vio la inteligencia de José María Forqué a la hora de planificar la que acabaría siendo la mejor película de su carrera, fue la decisión de ofrecer el papel protagonista a un actor que en 1961 había hecho casi siempre papeles secundarios: José Luis López Vázquez.
El actor madrileño había participado en Plácido, Los jueves milagro y Esa pareja feliz, pero no se le consideraba todavía un actor de papeles con mayor peso dramático. Sin embargo, los guionistas se quedaron entusiasmados con la idea de que el actor diera vida a Galindo, un hombre que, como diría el propio Forqué años después, «tenía la cara exacta para un español al que todo se le ha quedado pequeño: el trabajo, el sueldo, los sueños». Por su parte, Azcona revelaría que López Vázquez «entendía el alma gris del español medio mejor que nadie». Y aunque les costó convencer a Ágata Films que quería a un actor más consolidado tipo Tony Leblanc, Forqué amenazó con abandonar el proyecto si no contrataban a López Vázquez.
La película se rodó deprisa, entre finales de 1961 y principios de 1962. Algunas escenas de la entrada del banco se filmaron en una sucursal del Banco Hispano Americano situado en la calle Alcalá donde se tuvo que rodar los fines de semana y por las noches. No en vano, el primer día del rodaje del atraco, algunos viandantes alertaron a la policía de que unos hombres vestidos de negro y con pinta sospechosa estaban entrando en la citada sucursal. Hasta llegó a personarse la policía ante la estupefacta mirada del equipo de producción que tenía todos sus permisos en regla.
Los interiores de las oficinas del banco, el lujoso apartamento de la vedette Katia Durán o la modesta vivienda de Martínez se rodaron en los estudios Chamartín, mientras que otros, como la escalera de casa de Cordero o el concesionario de Mercedes se rodaron en espacios reales, aprovechando la luz natural y con muchos curiosos haciendo de extras.
Con todo, no lograron librarse del ojo de la censura que vigiló estrechamente la producción. Finalmente, les obligaron a revisar el guion una y otra vez porque temían que se criticara en exceso el sistema bancario o la autoridad laboral o, lo que era peor aún, que se justificara el delito. Por ello se decidió que el atraco debía fracasar al final, aunque Azcona dejó ver entre líneas una visión amarga de la frustración social con que vivía esa supuesta clase media.
Atraco a las tres se estrenó en el Cine Callao de Madrid en diciembre de 1962 ante una enorme expectación y un público que la recibió con entusiasmo. La crítica, además, la consideró enseguida una de las mejores comedias españolas de su tiempo y encumbró la interpretación de López Vázquez a la categoría de única. De él diría el director: «José Luis convertía la rutina en arte. Un gesto suyo valía más que un párrafo entero del guion».
Y es que, tras el éxito del filme, la carrera del actor se consagró y no paró ya de trabajar, casi siempre como protagonista. Además, Atraco a las tres consolidó a Forqué, por un lado, y Azcona, por el otro, como dos de los mejores espectadores y recreadores de la realidad española y dejó para la historia algunos momentos míticos como aquella frase inolvidable: «Fernando Galindo: un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo».