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Daniel Martín

Martín Ferrand, Nuevo Diario y la agonía de Franco

A partir de aquel día, una pareja de policías acudía cada día a la redacción de Nuevo Diario. Uno de ellos, comisario, se sentaba en el despacho de Martín Ferrand, la pistola a la vista, quizás por comodidad

Tras verse obligado a abandonar la dirección del Diario de Barcelona por la persecución de Rodolfo Martín Villa, a la sazón Gobernador Civil en Barcelona y actualmente miembro de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, Manuel Martín Ferrand se vio obligado a volver a Madrid para trabajar en Nuevo Diario, lo que le llevó a una inopinada cohabitación con Lucas Oriol, dueño del periódico.

Así, mientras Martín Ferrand se aseguraba cierta independencia informativa, Oriol, en maniobra nunca vista antes o después en el periodismo, se reservó la posibilidad de escribir editoriales que matizasen o, incluso, contradijesen la línea editorial del diario, valga la redundancia.

Pero el asunto es otro. Nuevo Diario creció en ventas desde la llegada de Martín Ferrand, en julio de 1975. Con el otoño llegó la que se convertiría en la última enfermedad de Francisco Franco. Y, mientras otros periódicos titulaban que el Caudillo dormía plácidamente, el 26 de octubre Nuevo Diario salió a la venta con el titular: «Franco Agoniza».

Portada de Nuevo Diario

Portada de Nuevo Diario

Como se puede observar en la foto, en el antetítulo —«Ante el dolor del pueblo español»— se encuentra el alivio dramático que intenta suavizar el golpe, algo semejante a aquella entrevista que, a principios de los 70, Miguel de los Santos hizo a Pablo Neruda, y que Martín Ferrand coló a la censura afirmando que el entrevistado era, en realidad, Neftalí Reyes —nombre real del poeta chileno—.

El titular de Nuevo Diario conmocionó al régimen. Según el estudio realizado por Carlos Barrera y Pilar Dobón-Roux, la noticia provocó una airada reacción del Gobierno y le valió a Martín Ferrand un proceso en el Tribunal de Orden Público.

Aparte, parte de la competencia también reaccionó con ira contra la noticia. Pedro Rodríguez, en su columna del diario Arriba, cargó contra el periodista gallego, y cerró el artículo con un contundente: «Manolo Martín Ferrand, descanse en paz».

A partir de aquel día, una pareja de policías acudía cada día a la redacción de Nuevo Diario. Uno de ellos, comisario, se sentaba en el despacho de Martín Ferrand, la pistola a la vista, quizás por comodidad.

Los agentes nunca destaparon lo que realmente ocurría: Nuevo Diario tenía un infiltrado en el equipo médico que trataba a Franco en la figura de Felipe Navarro García, que ha pasado a la historia del periodismo como Yale.

Durante el resto de la enfermedad del dictador, para evitar la no muy férrea vigilancia policial, Yale llamaba a la secretaria de redacción, que pasaba las llamadas como si fuesen de la tía María Teresa, familiar de Martín Ferrand residente en Santander. Asombrosamente, los policías nunca se dieron por enterados.

Tras la muerte del dictador, Nuevo Diario perdió su sentido de ser y despareció a principios de 1976, mientras que Martín Ferrand abordó nuevas aventuras profesionales, entre las que destacan Sábado Cine y Hora 15, en TVE, sus aportaciones a Interviú o la creación de Antena 3.

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