Fundado en 1910
James Stewart, en El bazar de las sorpresas

James Stewart, en El bazar de las sorpresas

Cine

El actor de Hollywood que esquivó la prohibición a artistas y toreros del hotel Ritz de Madrid

En aquellos años, la presencia de cómicos y titiriteros en algunos lugares públicos se consideraba casi inmoral

Durante buena parte del XX, el Hotel Ritz de Madrid que, desde el momento de su inauguración en 1910, fue uno de los más exclusivos de Europa, era conocido, entre otras cosas, por su rígido código de admisión no escrito que prohibía alojarse a actores, músicos y toreros. La razón no era otra que mantener la exclusividad de sus clientes, habitualmente, aristócratas y miembros de la alta burguesía, despreciando a la gente de la farándula, en ocasiones proveniente de las clases bajas, de moral disoluta y ruidosas costumbres que podían perturbar la tranquilidad del hotel atrayendo, además, a grandes masas a sus puertas.

Sin embargo, esta rígida práctica la rompió un actor de Hollywood que, contra todo pronóstico, logró hospedarse en el Ritz. La mayoría de fuentes históricas sitúan el episodio en 1951 momento en el que James Stewart llegó al famoso hotel y pidió una habitación. Cuando el recepcionista le reconoció se vio obligado a rechazar su solicitud diciéndole en un acartonado inglés «Musicians, bullfighters, nor actors allowed» (No se permiten músicos, toreros ni actores).

La crónica popular madrileña contó que el actor sonrío amablemente, seguramente extrañado ante la negativa de que el mejor hotel de Madrid vetara a uno de los actores más famosos del mundo que había trabajado ya con Alfred Hitchcock, Frank Capra y Anthony Mann.

Pero él, en lugar de irse o montar una escena, abrió su cartera y presentó al recepcionista sus credenciales militares explicando que solicitaba la habitación como coronel del Ejército de los Estados Unidos. El recepcionista, azorado, llamó al director del hotel, le contó lo sucedido y éste, estrechando su mano, permitió que se hospedara ya que el veto, por supuesto, no afectaba a los militares de alto rango.

James Stewart no fue, como otros actores o cineastas, un coronel honorario sino un militar de carrera con un historial heroico durante la Segunda Guerra Mundial. Para empezar, se alistó voluntariamente en el Cuerpo Aéreo del Ejército en pleno auge de su carrera y poco después de ganar el Oscar al mejor actor en 1941 por Historias de Filadelfia. Él ya era piloto civil con más de 400 horas de vuelo y, aunque inicialmente le mantuvieron de instructor porque era demasiado «valioso» para morir en combate, insistió hasta que le mandaron al frente europeo. Allí voló el bombardero B-24 Liberator en veinte misiones liderando formaciones de decenas de aviones que realizaron ataques críticos sobre Berlín o Bremen. Y por su valor, no sólo recibió la Cruz de Vuelo Distinguido (DFC) y la Medalla del Aire (Air Medal), sino que fue ascendido a coronel.

Historias de Filadelfia fue la primera y única vez que los inconmensurables Cary Grant y James Stewart compartieron pantalla

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Tras la guerra, Stewart nunca abandonó el ejército donde permaneció en calidad de reservista, esto es, no estaba destinado en ninguna base aérea y podía seguir haciendo películas, pero debía cumplir con entrenamientos periódicos y podía ser llamado a filas. Al estar «en activo» (active status), mantenía su identificación militar oficial y válida, su rango era legal y, a todos los efectos, era militar. Es por eso que, según contaron, Stewart mostró sus credenciales al recepcionista del Ritz con gran orgullo.

La historia ha ido conociendo algunos matices a lo largo de los años. No en vano, otra versión cuenta que, inicialmente, fue la propia Embajada de Estados Unidos en España la que hizo la reserva en el hotel a nombre del coronel Stewart y que cuando éste se presentó y el recepcionista le reconoció se produjo el incómodo momento en el mostrador. En todo caso, y a todos los efectos, quien se hospedó en el hotel Ritz de Madrid del número 5 de la Plaza de la Lealtad fue el Coronel de la Reserva de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, James Maitland Stewart.

James Stewart protagonizó ¡Qué bello es vivir! en 1946

James Stewart protagonizó ¡Qué bello es vivir! en 1946

Pocos años después y, sobre todo, a raíz de las grandes superproducciones de Samuel Bronston realizadas en Madrid como 55 días en Pekín o El Cid, la presencia de actores extranjeros en la capital fue creciendo. Aunque la rigidez del hotel hizo que muchos de ellos como Ava Gardner o Cantinflas tuvieran que irse el Hotel Hilton (hoy, Intercontinental), lo cierto es que después del episodio de James Stewart, actores como Cary Grant, Audrey Hepburn, Richard Burton o Elizabeth Taylor lograron hospedarse en él.

Y es que, tras la divulgación inmediata de esta historia, la gerencia del Ritz entendió que las estrellas de Hollywood aportaban a su marca un prestigio (por no hablar de unos ingresos) difíciles de rechazar. Aunque ese prestigio lo logró subrayar con elegancia, no una estrella de Hollywood, no un actor irrepetible, sino un coronel de los Estados Unidos.

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