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Robert De Niro

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Cine

Estas son las tres películas favoritas de Robert De Niro

A través de sus confesiones más íntimas, descubrimos que su olimpo personal está dominado por la vulnerabilidad de James Dean y la fuerza de Marlon Brando

Robert De Niro es el rey de los tipos duros, el actor fetiche de Scorsese y un auténtico misterio de hombre fuera de los focos. No habla de su vida ni aunque le paguen. Pero, ¿quieres saber cómo ganarte su confianza? Hablándole de cine clásico. Detrás de esa mirada de pocos amigos, se esconde un fanático del celuloide al que le encanta el salseo de la vieja escuela. Si destripamos sus películas favoritas, descubrimos sus mayores obsesiones y algún que otro secreto que casi nadie conoce.

De Niro tiene una Santísima Trinidad en su filmografía ideal y, curiosamente, dos de sus tres películas favoritas de la historia están protagonizadas por el mismo tipo: James Dean.

Al este del Edén (1955)

Al este del Edén (1955)

Lo fuerte es que Dean solo hizo tres películas en su vida antes de estamparse con su coche a los 24 años, pero a Robert le bastaron dos para obsesionarse: Al este del Edén (1955), donde Dean hace de hijo rebelde desesperado por amor, y Rebelde sin causa (1955), el himno definitivo de la chulería y las chaquetas de cuero rojas. La tercera en discordia es La ley del silencio. ¿Qué tienen en común? El drama, el sudor y las lágrimas. De Niro está obsesionado con los padres fundadores del «Método». James Dean y Marlon Brando hacían algo que en los años 50 nadie hacía: actuar con las entrañas, llorar en pantalla y parecer peligrosos pero vulnerables a la vez. De esos barros, estos lodos: sin este trío de películas, De Niro jamás habrían sido el psicópata de Taxi Driver ni el gánster de Uno de los nuestros.

Su placer culpable: mafiosos italianos…

Pero su interés no se queda solo en el drama americano. Recientemente, desveló su obsesión por el cine italiano de los años 50 y 60, pero en clave de comedia negra. En un ataque de nostalgia, confesó que su debilidad es Rufufú (Mario Monicelli, 1958), una comedia policíaca desternillante sobre unos ladrones bastante patosos. «Una película estupenda. Han pasado tantos años desde que la vi, pero fue simplemente estupenda», recordó.

Y atención al dato, porque con la siguiente película soltó una bomba que casi nadie conocía. Hablando de Mafioso (Alberto Lattuada, 1962), una genial comedia negra donde la Mafia le encarga un asesinato a un tranquilo gerente de fábrica que vuelve a su Sicilia natal, De Niro soltó con total naturalidad que Martin Scorsese y él estuvieron hablando seriamente durante un tiempo sobre la posibilidad de hacer un remake de esta película. Imagínate lo que habría sido ver a De Niro bajo las órdenes de Scorsese en una sátira mafiosa italiana. Siguiendo con las risas a la italiana, el actor también confesó que le fascinaba Divorcio a la italiana.

Para cerrar su lista de imprescindibles, el actor rescata títulos que son, básicamente, recuerdos de su propia vida, momentos en los que pasó de ser un espectador anónimo a convertirse él mismo en la leyenda. Por un lado está Blow-Up (Michelangelo Antonioni, 1966), un thriller modernísimo ambientado en el Londres de los sesenta donde un fotógrafo cree descubrir un asesinato escondido en el fondo de una de sus imágenes. Aunque a De Niro le falló un poco la memoria al recordar el nombre del protagonista («¿Quién es el joven actor inglés? Ah, sí, David Hemmings», bromeó), defendió a muerte la película explicando que, aunque nació como una cinta de autor muy selecta, al final la vio todo el mundo porque era fantástica.

Y para el final, dos joyitas donde se le sale el corazón del pecho: La Dolce Vita (1960), su película favorita de Federico Fellini (De Niro recuerda perfectamente estar en el estreno en un cine de la Tercera Avenida de Nueva York y quedarse embobado viendo entrar al mismísimo director por la puerta) y Las cien y una noches (Agnès Varda, 1995), una peli francesa de homenaje al cine donde el propio De Niro hizo un divertido cameo. ¿El chisme de esta última? Que casi le da un síncope en el rodaje porque le tocó rodar una escena hablando en francés nada menos que con Catherine Deneuve, y el actor reconoce que la experiencia le “volvía loco" por los nervios.

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