25 de octubre de 2021

Numerosos intelectuales han cargado abiertamente contra el lenguaje inclusivo

Numerosos intelectuales han cargado abiertamente contra el lenguaje inclusivoJJGK

La neolengua de la izquierda

Intelectuales contra el lenguaje inclusivo: «Es un nuevo totalitarismo»

Darío Villanueva, exdirector de la RAE, los escritores Esperanza Ruiz y Xosé Carlos Caneiro y un exministro de Cultura socialista desmontan el llamado «lenguaje incluyente, no sexista o igualitario»

Intelectuales españoles se atreven a confrontar desde El Debate uno de los arietes del progresismo, el lenguaje inclusivo. Alguno de los que aportan su punto de vista, como el exministro socialista César Antonio Molina, apuntan que en el fondo lo que ocurre es que está volviendo «el totalitarismo de la ignorancia». Otros, como la ensayista Esperanza Ruiz, temen que la nueva ola de distorsión gramatical por razones ideológicas de izquierda esté llegando para quedarse, «porque los lobbies y la corrección política parecen hoy imparables», quien «no comulga con esta horterada» empieza a quedar señalado.
Quizá se piense mayormente que es una demanda actual, pero cuentan los defensores del lenguaje inclusivo que su origen proviene de las reivindicaciones feministas de los primeros sesenta del siglo XX. Sesenta años buscando visibilizar a la mujer a través del lenguaje para acabar diciendo «elle», a peor gloria de la diversidad de género.
Dijo Mario Vargas Llosa que hay partes del feminismo que son enemigas de la cultura. «No el feminismo en todos sus aspectos, ni muchísimo menos», aclara. «Existe una discriminación de la mujer, incluso en los países más avanzados. Eso no lo podemos negar y hay que corregirlo. Con mucha justicia hay un movimiento femenino que reclama una igualdad de derechos. Ahora, en el campo de la lengua hay algunos excesos que son risibles, simplemente risibles».

El ejemplo perfecto del progreso imparable de la estupidezXosé Carlos Caneiro, escritor

Dirección y sentido de unas palabras que completa Esperanza Ruiz, escritora y columnista, autora de Whiskas, Satisfyer y Lexatin: «Con las normas actuales el masculino genérico incluye todas las sensibilidades y se cumplen las funciones del lenguaje más una de propina: la de detección de subvencionados».
Enarbola el multipremiado escritor y columnista gallego Xosé Carlos Caneiro que el «ella, ello, elle» es el ejemplo perfecto del progreso imparable de la estupidez: «Todavía no he escuchado a ninguna persona inteligente usar "elles y todes"».
Admite no habérselo oído decir a nadie el exministro de Cultura, César Antonio Molina, «salvo a la ministra Montero o a Belarra, que son por el estilo. Lo peor es el daño que están haciendo porque la gente se lo está tomando a broma y eso es lo peor que podría suceder por no seguir los cauces normales, el ritmo, de la lengua», expone el escritor y profesor universitario.

Romper la lengua

«"Amigxs" es una cuestión de ortografía, es decir, de la representación gráfica de un sonido de la lengua. lo absurdo es que esa “x” no se puede pronunciar. El problema de “elle” no es ni léxico ni ortográfico, sino puramente gramatical (morfemático). Se trata de introducir un nuevo género en una lengua que ha decantado a lo largo de la historia el masculino y el femenino. y esto significaría alterar todo el sistema en el que se refiere a la concordancia de pronombres (él, ella, elle), de adjetivos, de posesivos, de deícticos, etc. La lengua es un sistema de interdependencias, una estructura. Alterar un aspecto fundamental de la gramática implica una verdadera revolución. Crear, en definitiva, otro idioma», explica Darío Villanueva, teórico, crítico literario y exdirector de la Real Academia de la Lengua Española.
«A la lengua no se la puede forzar sin provocar traumas lingüísticos», dijo en su día Vargas Llosa. Un trauma, no lingüístico en este caso, que no recuerda haber tenido en su infancia Esperanza Ruiz a propósito de la sentencia «Todo lo que no se nombra no existe», en la que se apoyan los igualitarios: «Estudié en un colegio femenino hasta los 13 años, y la verdad es que nunca me he parado a pensarlo, pero me imagino que utilizarían el femenino para referirse al conjunto de alumnas. Después pasé a uno mixto, con clara mayoría de chicos e imagino que usarían el masculino genérico. Quizá más deferencia en el trato en el mixto. Entiéndelo, teníamos que aprobar las asignaturas para pasar de curso y eso nos mantenía ocupados».
«Cada día aparecen nuevas epifanías. Además, una persona de género fluido representa todo un problema administrativo en este caso porque puede querer utilizar un pronombre distinto según se sienta. No sé si las grafías “e” o “x” discriminan también: ¿Por qué tendrían que englobar a trans, genderqueer o no binarios, género fluido, género expansivo, neutre, agénero, bigénero, tercer género y doble espíritu? Quizá no es mala idea la de buscar un tipo de lenguaje que incluya a todos en tanto que personas. Oh, espera, que ya existe», abunda Esperanza Ruiz.

El lenguaje como ser vivo tiene sus propios derechosCésar Antonio Molina, exministro de Cultura

Caneiro, Molina, Ruiz o Vargas Llosa comparten singularmente con los defensores del lenguaje incluyente el concepto del lenguaje como ser vivo, no así los matices, algo así como los zapatos y el cinturón, que, en el caso de los últimos, primero exige conocer y valorar la diversidad: «Claro que el lenguaje es un ser vivo. Que lo dejen vivir y no lo aniquilen con sus imposiciones estólidas y carpetovetónicas», combate Caneiro.
«El lenguaje como ser vivo tiene sus propios derechos. Y tiene sus normas y tiene su sentido», explica Molina. «Hay muchas minorías, pero no se pueden imponer al resto sin el consenso que da la lengua hablada en el tiempo. Tenemos el ejemplo de "álgido", que significaba lo contrario y por el uso se cambió. No por una imposición. El consenso es de todos los hablantes, que son quienes hacen el lenguaje, no alguien que se lo inventa y además pretende imponerlo».
Dijo la exvicepresidenta Calvo que al lenguaje inclusivo ya no lo paraba nadie, incluso después de recibir el informe que ella mismo solicitó a la Real Academia de la Lengua sobre «El buen uso del lenguaje inclusivo en nuestra Carta Magna», cuyas conclusiones, grosso modo (constaba de más de 150 páginas), fueron que la Constitución empleaba un castellano correcto en términos normativos. «En política se dicen muchas cosas que hay que perdonar», observa Molina.

Todo empieza en el lenguaje

Teme Caneiro que la exministra tenía razón: «No hay quien pare el artificioso neolenguaje de la izquierda. Sobre todo, porque ellos han expandido a través de sus televisiones, que son casi todas, este modo frívolo de utilizar la lengua española y las demás lenguas de España. No descansan ni un minuto. Saben que todo empieza en el lenguaje. La derecha está más preocupada de las hojas de cálculo, no de la ideología. Por eso gobierna un individuo como Sánchez. Dominan la educación, el sistema educativo, y las artes (hasta se ha apropiado de la expresión "el mundo de la cultura", como si la cultura les perteneciese solo a ellos), o sea, dominan en el universo de las ideas, que son producto del pensamiento y del lenguaje. Y la derecha abdica de construcciones ideológicas alternativas».
En una línea paralela se manifiesta Ruiz: «Creo que, efectivamente es cuestión de tiempo que a este lenguaje no lo detenga nadie. Los lobbies y la corrección política parecen imparables y en las escuelas y determinadas instituciones, incluso en las que no comulgan con la ideología de género o el feminismo, han adoptado esta horterada. Me consuela ver a Arturo Pérez Reverte como dique de contención en la RAE, pero me temo que no por mucho tiempo. Ahora, conociendo los antecedentes pixies de Calvo, tiene toda la gracia que sea ella la que pretenda "limpiar, fijar y dar esplendor"».
Caneiro, ensayista y poeta, además de narrador, conocido también por haberse bajado del tren sin destino del nacionalismo, asegura no entender la postura en la que sitúa a la derecha española. «Escuchar a un político del Partido Popular decir "todos y todas" me produce no sólo perplejidad, sino también mucha pena. No es así en el mundo intelectual católico conservador afín a mi pensamiento. El lenguaje también gana o pierde la batalla política. El mundo intelectual conservador no ha dejado de proclamarlo».

Es mucho más fácil pelear esas bobadas que solucionar los problemas reales de las mujeresCarmen Posadas, escritora

Los defensores del lenguaje inclusivo creen que defender identidades es una misión fundamental del idioma. «Las identidades deben defenderse solas. Toda esta confusión parte de un hecho primario, y erróneo, de esos ideólogos de la izquierda necia: confunden sexo con género gramatical», declara Caneiro. «Y no es lo mismo. Confieso que me aburre el asunto y que doy la batalla por perdida».
Carmen Posadas, Premio Nacional de Edición o Premio Planeta de Novela, entre otros, blande en la revista Capital: «Los argumentos son tan estúpidos que, a nosotras, las mujeres, nos perjudica. Al final, una causa perfectamente noble como es intentar equiparar los derechos de las mujeres y de los hombres se pierde en cretinadas. ¿Qué vamos a arreglar con eso? Juega a favor de estas estupideces el hecho de que los políticos hayan hecho suya esta bandera porque es mucho más fácil pelear esas bobadas que solucionar los problemas reales de las mujeres: la brecha salarial, el techo de cristal… eso es muy difícil».
Insiste César Antonio Molina en su rechazo a los totalitarismos como raíz: «Claro que hay cosas que deben cambiarse. Defiendo que el ser humano pueda expresarse libremente sin hacer mal a nadie, pero las cosas tienen su tiempo, su época. De la noche a la mañana no se pueden cambiar las cosas, ni por la izquierda, ni por la derecha. Debajo de esto hay mucha ideología. Las imposiciones vengan de donde vengan siempre son malas. Hay que educar, enseñar, convencer, porque si no, no acaba nunca bien. Ya vemos las reacciones que se están produciendo. Se provocan estas reacciones y es malo, muy malo. Hay palabras que se deben cambiar, pero no toda una lengua.
«Yo sigo escribiendo como he hecho toda la vida. Yo estudié gramática. Que era una asignatura complicada», admite el exministro, exdirector del Instituto Cervantes, autor de más de treinta libros de prosa, poesía y ensayo, periodista y columnista, como también exdirector del Círculo de Bellas Artes de Madrid.
«"Elle" puede ser un insulto. Y se lo inventa una señora y pretende imponerlo. Yo no soy lingüista. Quizá la señora Montero sí lo es y no lo sabemos. Igual puede serlo cualquiera. Igual esta señora posee conocimientos que desconocemos». Esperanza Ruiz añade que «ella misma se cansa a veces del desdoblamiento. Por no hablar del espectáculo grotesco que ofrece cuando se equivoca y desdobla lo que no toca».
«Imponer algo de la lengua es un error mientras no tenga el consenso. Y ese consenso tiene que darse con el tiempo. No es de votar. Aceptarlo o rechazarlo no es por motivo de género, sino por el propio lenguaje, de hablarlo. Yo no he visto en Francia o en Alemania hablar de esta manera. Quizá en España seamos más vanguardistas. Se pueden ir recogiendo palabras, con sentidos, pero no por una imposición de nadie.
«En Alemania fueron capaces de explicar las cosas y de ponerse de acuerdo. Alemania y Francia, después de millones y millones de muertos durante los últimos 100 años se pusieron de acuerdo y son colaboradores estrechos en la Unión Europea. En España no hemos conseguido ponernos de acuerdo, ni de entender lo que pasó, de explicarlo ya sin ideología, solo con los datos», se lamenta Molina.

Las palabras eufemísticas enseguida se contaminan y en algunos casos las nuevas soluciones son ridículasDarío Villanueva, exdirector de la RAE

Situar al “hombre” en el centro de todo lo que existe es otra premisa de la que parte el lenguaje inclusivo. «Que alguien asegure tal cosa, como si el hombre fuera un dictadorzuelo, demuestra su ignorancia absoluta de las leyes que rigen todo lenguaje. Los lingüistas primitivos, desde Saussure, hablaron de todo ello», esgrime Caneiro. «Otra cosa es que hay palabras que son lesivas. Hay expresiones que sí son lesivas. Esas no debemos utilizarlas. Es el caso de "retrasado mental o subnormal", por ejemplo. Pero es una simple cuestión de cortesía y educación no concerniente con la validez gramatical de la expresión».
Avala Villanueva que «Hay que ser delicado y correcto en las expresiones. Por eso desde siempre ha existido el eufemismo ante las denominaciones más ásperas de realidades desagradables. El problema, que los lingüistas han estudiado muy bien, es que las palabras eufemísticas enseguida se contaminan y deben ser sustituidas. y en algunos casos las nuevas soluciones son ridículas. Yo soy un hombre bajo, dado el crecimiento de la talla media de mis compatriotas, pero me repugnaría que dijeran de mí que soy "verticalmente desfavorecido"».
Sesenta años tratando de visibilizar a la mujer para terminar desdoblándola en el lenguaje no parece un éxito, quizá porque la tarea pudiera ser en origen estéril, acaso una meta inexistente o una invención de quien, por ejemplo, llega a afirmar que las mujeres en España son peor tratadas que en Afganistán, como dijo recientemente la («aventurerista», según Molina) ministra de Igualdad.
«Estamos viviendo en un país donde la ignorancia ya es como un honor, el ser ignorante, que es lo que nos daba más pavor, y la lucha contra el franquismo significaba el dejar de ser ignorantes. Ahora ha vuelto ese totalitarismo de la ignorancia en la que se sienten seguras estas personas, donde se puede decir todo lo que quieras e insultar al resto de la población, mientras el resto de la población no insulta a nadie. La sociedad ha ido cambiando por su propia inercia y desarrollo. Se podrían haber hecho cosas mejores, pero las cosas que se han hecho durante la democracia no están mal. Se salió de la dictadura, de la Guerra Civil, de siglos de conflictos y más conflictos», dice César Antonio Molina.
«Lo de "todos y todas" lo dicen para demostrar que son de los "buenos"», asegura Caneiro, quién también cree que nadie ha sido invisibilizado. «Simplemente, se veía menos. Ahora la lupa se ha agrandado tanto que ser heterosexual ya es casi un delito».