La ilustradora Laura Agustí junto a uno de sus gatos
Entrevista con la ilustradora
Laura Agustí: «Estoy encantada de ser 'la loca de los gatos'»
La ilustradora narra en Historia de un gato su visión del mundo desde la memoria de su felino
Los gatos son los reyes de internet. La gente consume sus memes, ve vídeos graciosos o tiernos, reels de gatos que hablan, stickers de felinos rodeados de corazones, instantáneas de gatos disfrazados o asustados o teniendo actitudes humanos. Una cosa es clara: los gatos, que tienen ya su propia categoría, 'cat content', son los reyes de entretenimiento online.
La vida de la ilustradora Laura Agustí, que se licenció en Bellas Artes y después se convirtió en técnico superior en proyectos y dirección de obras de decoración por la Escuela Massana de Barcelona, ha corrido en paralelo a la de estos compañeros peludos. En mayo de 2018 publicó su primer libro ilustrado, Gatos en la cabeza, y acaba de publicar su último libro Historia de un gato (Lumen), por el que habla con El Debate.
'Historia de un gato', el nuevo libro de Laura Agustí
–¿Qué puede encontrar el lector en Historia de un gato que no encontraba en su libro anterior, Gatos en la cabeza?
–No tiene nada que ver. Los planteamientos son muy diferentes. El primero era una especie de diario en el que recogía recuerdos, ideas, sueños, algunos haikus (porque los textos son muy cortitos y acompañan al dibujo). Y este es al contrario: lo he pensado como una historia, y después lo he ilustrado.
–¿El proyecto surgió como forma de duelo por su gata Oye?
–Sí, ese es el motivo por el que decidí hacer este libro. Fue cuando mi gato empezó a envejecer y yo sentí la necesidad de «hacer fotos», es decir, de intentar capturar todos los recuerdos posibles. Era mi manera de intentar retenerlo, de no enfrentarme a la pérdida que iba a tener que afrontar. Empecé a escribir textos y cuando ella murió, para atravesar el duelo, intenté plasmarlo todo sobre papel. Pero no hablo del duelo como tal, porque no se puede contar desde dentro: hay que tomar distancia, dejar que pase tiempo y cese ese torbellino de dolor. Así que finalmente se trata de un libro que explora de dónde procede mi pasión por los animales. Aunque se titula Historia de un gato, es la historia de mi vida con ellos.
–El libro comienza siendo un compendio de recuerdos de su infancia. ¿En qué momento entra la ilustración?
–Antes que nada, yo soy ilustradora. En realidad, para mí el reto ha sido escribirlo. ¡Yo dibujo, no escribo! Me dijeron que tomara como ejemplo los textos con los que acompaño mis ilustraciones en Instagram, y así lo hice. Me da mucho respeto y me daba miedo. Porque en este caso, además, se trata de un relato autobiográfico.
–Plasma su amor por todo tipo de animales: vencejos, escarabajo, perros... ¿Qué tienen de especial los gatos?
–Me fascinan ellos en sí. Su belleza, supongo. Tocar a un gato es como meditar.
–¿Con cuántos gatos vive ahora?
–Con dos gatas, que son muy buenas. He tenido muchos gatos, y cuando murió Oye, fui a la protectora y rescaté a estas dos gatas adultas.
Una de las ilustraciones gatunas de Laura Agustí
–Hay cierto prejuicio en una mujer que vive rodeada de gatos.
–La compañía de los gatos es buena. No me imagino la vida sin ellos. Aunque parece un premio de consolación: «Te vas a quedar sola pero al menos rodeada de gatos». A mí me hacen mucha compañía y no requieren de tanto trabajo como los perros, aunque son cariños distintos. Yo desde luego estoy encantada con ser «la loca de los gatos».
–¿No le parece un poco exagerada la personificación de los animales que realizamos hoy en día?
–Existen casos extremos en todos los lados, y por supuesto a veces no se ponen límites. Yo creo que hacen compañía y a mí me gusta tener compañía animal, aparte de compañía de mi pareja, mis amigos y mi familia. Cada uno tiene su escala de valores y sus prioridades, pero yo por ejemplo no dejo de viajar por tener un animal de compañía.
–Una de sus señas de identidad es dibujar a personas con cabezas animales y viceversa, ¿por qué esa trasposición de rasgos?
–Es un juego que llevo haciendo toda mi vida. En realidad veo rasgos de animales en las personas, y al revés: de hecho a mi gata la llamo «Señora» porque es la actitud que tiene. Decimos que alguien es «más astuto que un zorro», o que es «tonto como un burro». En ese sentido, enlazo con la tradición.
–Recoge en el libro que los felinos llevan siglos inspirando el arte de culturas como la egipcia, la griega, la china... ¿Cuál cree que es el motivo?
–Eran venerados como dioses en el Antiguo Egipto, pero también en Rusia y China, o en Japón. En cada cultura cada animal se representa de una manera y significa una cosa. También hay culturas que veneran a los perros, los pájaros, el chacal...
Ilustraciones de 'Historia de un gato' (Lumen).
–Louis Wain y Maud Lewis son dos de los retratistas felinos que destaca en el libro. ¿Qué le ha aportado cada uno de ellos?
–Louis Wain empezó a retratar a su gato porque su mujer estaba enferma. Cuando su mujer murió, él enfermó de esquizofrenia y su trazo fue cambiando, evolucionando de forma paralela a su enfermedad. Esto me fascinó. De Maud Lewis me gusta su trayectoria: es una mujer que tenía artrosis en las manos, no podía dibujar bien y, sin embargo, sus dibujos son muy buenos. Tuvo mucho éxito en vida.
–«Aforismos ilustrados en blanco y negro con detalles delicados y románticos». ¿Se identifica con esa descripción?
–Mi tipo de ilustración se centra en el negro, es tinta negra, porque me resulta delicada y fuerte al mismo tiempo. Por lo menos así la veo yo. También recuerda a los grabados antiguos, evocan el romanticismo.
–¿Por eso no introduce el color, salvo en pequeños detalles?
–En este libro lo he introducido en el fondo. Conforme evolucionan los capítulos del libro cambian los colores: está el de mi pueblo, que es color tierra. Luego, cuando me voy a la universidad, empieza a ser más naranja. Cuando adopto a Oye es un azul más clarito. Conforme va creciendo es otro azul, y cuando muere es muy intenso.
–¿Asocia cada etapa de su vida a un color?
–Sí, un poco sí. Aunque yo dibujo en negro, veo la vida de muchos colores.