02 de julio de 2022

'No existe la raza, existe el racismo', reza este cuadro en el Museo de los Trópicos, en Ámsterdam, Holanda

'No existe la raza, existe el racismo', reza este cuadro en el Museo de los Trópicos, en Ámsterdam, Holanda

Crece el 'arte woke': el Museo de los Trópicos explora el racismo, el colonialismo y la esclavitud

El Museo de los Trópicos de Ámsterdam abre al público una muestra permanente que apunta a la herencia colonial como «causante del racismo, las desigualdades o la explotación actuales»

«El colonialismo no es una cosa del pasado. Ha moldeado el mundo: nuestro mundo físico, mental y personal. El colonialismo sigue vivo en nuestros días». El Museo de los Trópicos invita con esta declaración de intenciones a reflexionar sobre los efectos que la época colonial, desarrollada fundamentalmente entre los siglos XVIII y XIX, tienen todavía hoy en nuestra sociedad.
La exposición permanente 'Nuestra herencia colonial', explora especialmente la presencia holandesa en Indonesia, Surinam, Curazao, San Martín y muchos otros países, pero hace también una defensa del revisionismo histórico tan en auge en la actualidad.

Del 'pasado colonial' al 'presente racista'

Ubicado desde 1926 en un imponente edificio de Ámsterdam, el Museo de los Trópicos inaugura ahora una exposición permanente que deja de explorar el «pasado colonial holandés» para indagar precisamente en un presente que, según la propuesta museística, está marcado por un racismo transversal. Cuatro siglos después del auge de la época colonial, el museo afirma que sus efectos siguen vigentes en forma de racismo, desigualdades o explotación, en una suerte de esclavitud moderna.
El mismo Tropenmuseum se autoinculpa al explicar la importancia del revisionismo: «El museo contribuyó a la percepción común de que los habitantes de los antiguos países colonizados eran inferiores. Esto todavía es visible en las decoraciones que cubren el edificio. Además, parte de nuestra colección se remonta a esa época y surgió de los desequilibrios de poder coloniales», explica la nota de prensa que acompaña la nueva exposición.
La nueva muestra ocupa una planta entera del museo con unos 500 objetos a la vista. Los holandeses surcaron los océanos desde finales del siglo XVI para comerciar, lo mismo que otros países europeos, y pocos años después las Compañías de las Indias Orientales y Occidentales eran ya dos de las mayores organizaciones mercantiles mundiales. En Asia, África y América se formaron redes empresariales fundadas en el transporte de bienes obtenidos a base de explotar a los esclavos.
Cuadro sobre la llegada de los holandeses a la isla de Java

Cuadro sobre la llegada de los holandeses a la isla de Java

El comercio de especias y otras mercancías era extremadamente lucrativo, pero los holandeses también se enfrentaban a la feroz competencia de los comerciantes portugueses, chinos e indios. Al principio también se vieron obligados a aceptar las condiciones comerciales impuestas por los gobernantes locales. Las dos grandes compañías comerciales, la Compañía Holandesa de las Indias Orientales y su organización hermana, la Compañía de las Indias Occidentales, construyeron una red internacional sobre la base de las redes comerciales existentes, asegurándose a menudo el poder y el comercio por la fuerza. Desde el principio hubo resistencia local en respuesta a la agresión holandesa.

La expansión de la esclavitud

El Museo de los Trópicos generaliza a la hora de establecer la esclavitud como la base común de la expansión colonial. «Un aspecto central del colonialismo fue la esclavitud. Los colonizadores europeos obligaron a la gente a trabajar para ellos tanto en Asia como en África, así como en América del Norte y del Sur. Esclavizaron a la gente y la compraron y vendieron a una escala espantosa. La esclavitud constituyó la base de lo que se convertiría en una red colonial internacional», afirma la exposición, que puede visitarse desde este viernes, 24 de junio.
En el corazón de la primera planta hay un monumento digital en forma de instalación interactiva que permite pulsar el nombre de un esclavo y seguir sus conexiones familiares, o bien los lugares donde fueron llevados a la fuerza. Incluye 200.000 nombres y sirve de homenaje y recuerdo a personas tratadas como mercancía y que constan en los archivos de la esclavitud de Surinam y Curazao, y en una base de datos sobre Indonesia.
También puede observarse el cuadro Gate of No Return («puerta de no retorno»), del artista Julien Sinzogan, que hace referencia a la puerta del fuerte por la que los africanos esclavizados eran conducidos hacia los barcos negreros: «Los que la atravesaban no volvían a ver sus hogares. En esta obra, sin embargo, sí regresan, en forma de egungun: espíritus ancestrales. Una figura central vigila la frontera que separa los dos mundos».
El cuadro Gate of No Return ("puerta de no retorno"), del artista Julien Sinzogan

El cuadro Gate of No Return («puerta de no retorno»), del artista Julien SinzoganMuseo de los Trópicos

El diálogo con el presente promovido en la exhibición resalta en la sala dedicada a la percepción personal. Bajo el lema «Existe el racismo, no la raza», en este apartado destaca el retrato de un hombre negro junto al que puede leerse la palabra neerlandesa neger. Es el equivalente ofensivo de nigger, en inglés. «La explotación física del colonialismo se sustentaba en todo un sistema de creencias, prejuicios y estereotipos construidos en torno a la idea de la superioridad de los blancos sobre las personas de color. Muchas de estas creencias persisten. Se trata del racismo, uno de los legados más duraderos y perniciosos del colonialismo. Esta exposición mostrará cómo la raza no es un dato 'biológico' o 'natural', sino una construcción social. Y como ha sido construida, también puede ser desmontada», se explica en esta sección.
La exposición continúa en ese tono, haciendo una defensa del racismo y atacando la noción de las razas: «La raza no existe, porque sólo hay una raza humana. Pero aunque la raza no existe, el impacto del pensamiento racial sí: como racismo y discriminación. Los europeos concibieron la idea de 'raza' en el siglo XVII. Los científicos del siglo XIX catalogaron el aspecto de los pueblos de todo el mundo y posteriormente los clasificaron, relacionando el aspecto de las personas con aspectos de carácter, inteligencia y moralidad».
Junto a cuadros y gráficos plagados de datos, la exposición continúa desmontando la idea de raza y reconstruyendo las bases ideológicas que, según el museo, ha desencadenado el racismo actual. «Algunas 'razas' fueron etiquetadas como brillantes y emprendedoras, mientras que otras fueron caracterizadas como perezosas, violentas o sensuales. En aquella época, la teoría de las razas se aceptaba como una ciencia. La visión predominante de los negros y las personas de color como seres inferiores permitió justificar la esclavitud y el colonialismo. Como tal, la raza es una construcción sociopolítica y jurídica».
La exposición ahonda en el racismo contemporáneo (que no terminó con la abolición de la esclavitud, que en el caso de Indonesia finalizó en 1860 y en el Caribe, en 1863) y en el racismo institucional, que describe como codificado en la vida organizativa y en las instituciones y es estructural y sistemático: «El racismo institucional no es sólo obra de individuos, sino que forma parte de la manera en que se ordenan las estructuras organizativas, las rutinas y las formas de trabajo. Lo vemos en el sistema sanitario, en la educación, en el mercado laboral y en los medios de comunicación. Todas las instituciones funcionan según normas explícitas e implícitas, con tradiciones, comportamientos y códigos de conducta que fomentan la desigualdad entre personas de diferente color de piel, origen cultural o religioso. Esto también es una herencia de la ideología racista de la época colonial».
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