Fundado en 1910
John Bonham con Led Zeppelin

John Bonham con Led ZeppelinGTRES

Profundidad contra frenesí: dos solos de batería homéricos que marcaron la historia del rock

Los solos de John Bonham en Moby Dick de Led Zeppelin e Ian Paice en The mule de Deep Purple son dos de los más conocidos de la música

Led Zeppelin y Deep Purple tienen muchas cosas en común. Ambas son bandas británicas de rock fundadas en 1968, responsables de algunos de los mejores himnos de la historia del género. Por poner únicamente dos ejemplos, firmaron, respectivamente, Stairway to Heaven y Smoke on the water.

Los dos grupos contaron (Deep Purple todavía) con cantantes con una capacidad vocal amplísima, Robert Plant e Ian Gillan, y guitarristas solistas que hacen auténticas maravillas con las cuerdas y los mástiles, Jimmy Page y Ritchie Blackmore.

Led Zeppelin y Deep Purple fueron una conjunción de circunstancias que irrumpieron con una fuerza imparable en el panorama del rock de finales de los 60. Y parte de la culpa del éxito de ambos fueron sus brillantes baterías, el fallecido John Bonham e Ian Paice, que continúa tocando.

Los dos músicos hicieron historia, en parte, por dos solos de batería kilométricos, casi homéricos, especialmente en sus versiones en directo: Moby Dick, de Led Zeppelin y The mule, de Deep Purple.

Uno fue profundo, retumbante, como una llamada del abismo, un trueno; el otro, frenético, explosivo, como un vuelo de una rapaz en busca de su presa, un rayo. El trueno y el rayo hechos música.

El trueno y el rayo en la batería

John Bonham es el trueno que resuena en medio de la tormenta musical que es Moby Dick. Especialmente en los conciertos de Led Zeppelin, el tema se convertía en una odisea de percusión, un solo que podía extenderse durante 30 minutos. El fallecido batería mostraba, entonces, que era una fuerza de la naturaleza.

Tocando incluso sin baquetas, a mano desnuda, Bonham embiste como un toro de lidia. Pero, como toda buena faena, su toreo no es caótico, sino acompasado. Musical. Poético. Porque hay lírica en la forma en la que el músico acomete el bombo.

Ian Paice fue el rayo. Una descarga eléctrica que recorre el cuerpo y el tiempo cada vez que suena la versión de The mule del directo de Deep Purple Live in Japan, de 1972. El británico, en aquel concierto, fue veloz y efectivo. Y, a la vez, puro caos. Versos libres, que no riman porque no les hace falta, porque irradian belleza.

Paice firma una exhibición ejemplar. Los platillos vuelan, no saben por dónde les entran a matar las baquetas. Su batería es un campo de batalla donde luchan la precisión quirúrgica y la entropía. El solo de The mule se nutre de influencias del jazz a una rapidez que da vértigo, que asusta, porque algún golpe se te pasa por alto.

Para que la tormenta perfecta estalle hacen falta truenos y rayos. Y aquí los tenemos, por ahí viene la música tempestuosa. Los estilos de Bonham y Paice son incomparables, como también lo son sus legados. Es enfrentar dos escuelas del ritmo que no tienen que batallar, sino que convivir.

Los dos solos son un momento de libertad creativa de dos genios de la batería que han influido en generaciones posteriores. El instrumento no era un mero acompañamiento, sino un protagonista dirigido por dos virtuosos que fueron parte esencial de dos grupos legendarios.

Led Zeppelin y Deep Purple tuvieron muchas cosas en común y sus legados siguen vigentes, intocables, en la historia del rock. A golpe de baqueta moldearon el ritmo con el latió buena parte del corazón de la música del siglo pasado

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