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¿Es el «viraje a la derecha» de la cultura el síntoma de que no existen ni la izquierda, ni la derecha?

La izquierda y la derecha son las dos patas de una mesa irreal. Las mesas tienen cuatro patas, pero esta solo tiene la izquierda o la derecha: se mantiene en pie no de un modo físico, sino ideológico

Madrid

Detalle de Las dos Fridas (1939) de Frida Kahlo

Detalle de Las dos Fridas (1939) de Frida Kahlo

Gabriel Albiac le dijo una vez a un servidor (también lo ha escrito más de una vez) que el concepto de la izquierda y la derecha no existe. Que es algo mitológico. La cosa está en que se sigue usando (y se seguirá) porque quedaría un vacío muy difícil de llenar y también muy peligroso para los poderes, para los políticos, para mover a la gente, para convencerla.

Sin izquierda ni derecha, ¿qué haría la polarización? Nada, Otro instrumento inservible: primero la izquierda y la derecha, luego la polarización, luego el populismo y en ese plan, como decía Umbral. La izquierda y la derecha son las dos patas de una mesa irreal de dos patas. Las mesas tienen cuatro patas, pero esta solo tiene la izquierda o la derecha. Se mantiene en pie no de un modo físico, sino ideológico, que es la manera antinatural de mantener las cosas que tienen los políticos.

La libertad se abre camino

Por eso la conquista de la cultura siempre fue importante: la idea de que la cultura sea de izquierdas y si no, no es cultura, ha estado asentada desde el principio de los tiempos democráticos. En España como lucha contra el franquismo, que era luchar por la libertad a través de la cultura amordazada y censurada.

Esta es una idea fuerte que ha pervivido a lo largo de las décadas perfectamente cerrada, pero al final la libertad (como verdadera libertad y no la secuestrada por la progresía apropiadora que siempre se manifiesta en el mismo sentido sectario y no libre) se abre camino como la naturaleza y rompe las barreras ideológicas puestas por los hombres como el agua desborda un dique, o incluso lo destruye.

O, sin llegar a tanto, sin destruir, cuando crece la blanda hierba en primavera entre los duros adoquines de cemento en medio de la ciudad. Que a un escritor, por ejemplo, «de izquierdas» le gusten ideas o prácticas u obras «de derechas» es algo natural que ha sido impedido por los mismos bloques sectarios. Ahora mismo hay muchos casos paradigmáticos de lo que se dice, y se van a nombrar dos:

El del «joven» escritor David Uclés y su seguidismo sectario, «acultural», quien usa una calculada (y plomiza) estrategia política con todos los lugares comunes «de izquierdas» para vender sus libros, y el del «viejo» cineasta Juanma Bajo Ulloa, quien se ha expresado en los siguientes términos:

«El cine, los libros…son una herramienta muy poderosa con la que se puede manipular. Eso el poder lo sabe. Por eso ha convertido a la industria en activistas. Pero como decía Antonio Escohotado: «La verdad se impone, solo la mentira necesita subvención». Bajo Ulloa, al contrario que Uclés, tiene cosas que contar que no están alineadas con «lo que se está contando en este momento»: el cine ideológico.

La cultura secuestrada por la izquierda

Por eso empiezan a surgir nuevos conceptos oxímoron con mayor o menor fortuna (siempre para categorizar, para seguir haciéndolo, para no perder el poder de la catalogación separadora) como «neocon» (neoconservador) o «rojipardo». Que la derecha ya no sea solo derecha, sino «extrema derecha», abunda en la idea de que ya no es suficiente la barrera de contención, el estado de las cosas, que empieza a cambiar o no a cambiar sino a moverse de sus casillas.

La cultura secuestrada es un instrumento político al servicio de ignorantes (todos los somos en mayor o menor grado), al contrario que la cultura libre (su estado esencial) al servicio del pensamiento libre, por supuesto: el enemigo fatal de los categorizadores que pierden así su única ventaja. La cultura que vira, que mezcla el blanco y el negro y todos los colores, es la demostración de la inexistencia real de la izquierda y de la derecha: solo existe el totalitarismo y su resistencia, y tanto uno como otra pueden ser de un signo o de otro, de una tendencia o de su contraria.

Eslóganes

O de la intermedia. La izquierda y la derecha no son nada más que eslóganes baratos en los que sin embargo nos basamos por inercia, por institución. Lo demuestra la cultura libre, liberada, que se expresa en todos los sentidos, también en el del sentido común y en las personas, los artistas, que muestran su fe religiosa o que votan a Vox («avemaríapurísima», parece que dicen, en el delirio, quienes se escandalizan y atacan esta realidad desde los púlpitos de «la izquierda»).

Los que dicen una cosa que parece que es así y otra que no es así porque se puede, porque debe ser. Porque una cosa es ilustrar (o lustrar) y otra adoctrinar para situarte cómodamente (para ellos, no para ti) a la izquierda o a la derecha cuando cada uno debe poder ponerse donde le dé la gana en todo momento y circunstancia y no ser encasillado: como si todo el mundo tuviera que caber en el minúsculo objetivo de una mirilla telescópica.

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