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Andrés Amorós
Historias del 27Andrés Amorós

El Concurso de Cante Jondo

Falla y Lorca buscaron apoyos para realizar su Concurso de Cante Jondo y presentaron una solicitud avalada por músicos, escritores, críticos, pintores... a los que Federico llamó «el Sindicato». El escenario del Concurso sería la Plaza de los Aljibes, en la Alhambra

Fotografía del Concurso de Cante Jondo publicada en la revista Nuevo Mundo en junio de 1922

Fotografía del Concurso de Cante Jondo publicada en la revista Nuevo Mundo en junio de 1922Biblioteca Nacional de España

A comienzos del año 1922, en Granada, Manuel de Falla, Federico García Lorca y un grupo de sus amigos tienen la idea de celebrar un Concurso de Cante Jondo. Quieren promover que se valore justamente y evitar que desaparezcan los cantes puros. La idea es muy buena, pero llevarla a cabo no resulta sencillo.

Ante todo, trasladan su proyecto al Centro Artístico; a la vez, hacen circular fuera de Granada una solicitud para que lo apoyen, con su firma, figuras culturales importantes.

El 8 de febrero de 1922, el Presidente del Círculo Artístico presenta en el Ayuntamiento de Granada la petición de una subvención de 12.000 pesetas para realizar el Concurso de Cante Jondo, durante las fiestas del Corpus.

La petición está avalada por numerosas firmas. Con su habitual humor, Lorca los llama «el Sindicato». Entre ellos están músicos: Falla, Turina, Pérez Casas, Arbós. Escritores: Juan Ramón Jiménez, Ramón Pérez de Ayala, Alfonso Reyes. Críticos: Adolfo Salazar, Díez-Canedo, Fernando Vela. Pintores: Manuel Ángeles Ortiz, José María Rodríguez Acosta. El catedrático Fernando de los Ríos… Luego se unirán Andrés Segovia, Federico Mompou, Santiago Rusiñol, Ramón Gómez de la Serna…

Les emociona especialmente la adhesión que les ha enviado el maestro catalán Felipe Pedrell, a sus ochenta y un años:

«Diga usted a sus amigos que el cante jondo lo estoy ahora cantando por dentro; si no estoy en presencia con ustedes, lo estoy y estaré siempre en esencia y en toda mi alma».

También les impresiona el telegrama de Ignacio Zuloaga, que muchas veces ha pintado a los gitanos:

«Siempre fino entusiasta de cante y toque jondo, chanelo y endiquelo (en caló: ‘comprendo’) bastante en ello y me creo de los pocos cabales que quedan. Daré un premio de mil pesetas a la mejor siguiriya gitana que se cante. Cuenten incondicionalmente conmigo»,

Emocionados, deciden nombrarle «nuestro Papa». Pero también surgen voces críticas del proyecto, en los periódicos granadinos. Para algunos, es una «españolada»; para otros, un gasto excesivo, para una ciudad pobre, «estas Hurdes hispanas». Comenta Miguel Cerón, uno de los promotores del proyecto: «Se armó un barullo en el que todos resultamos resentidos».

A don Manuel de Falla, que es muy tímido, no le gustan nada estas polémicas. Sin embargo, cree tanto en el proyecto que el 21 de marzo publica un artículo en El Defensor de Granada, un periódico local, en un tono poco frecuente en él, dirigiéndose a los miembros del Ayuntamiento:

«¿Qué pensarían ustedes de quien se dirigiese al ministro de Instrucción Pública, pidiéndole que suprimiera la partida especial configurada en el Presupuesto del Estado para conservación del Palacio de la Alhambra, por considerar este gasto como algo injustificado y superfluo?… Pues de ese mismo modo calificamos nosotros al que se opone a que el Ayuntamiento de Granada preste su ayuda al renacimiento y conservación del puro cante andaluz».

La comparación es fuerte: defiende que el cante jondo es tan importante como la Alhambra. En términos actuales, los dos forman parte de nuestro patrimonio artístico, material o no.

Durante unos meses, Falla y Lorca recurren a los amigos, intentan mover voluntades, escriben artículos, participan en veladas artísticas: todo lo que pueda servir para llevar a buen puerto su proyecto.

En un folleto que se publica anónimo, patrocinado por el Centro Artístico, Federico hace esta hermosa defensa del cante jondo, glosando su nombre:

«Vean ustedes, señores, la trascendencia que tiene el cante jondo y qué acierto tan grande tuvo nuestro pueblo al llamarlo así. Es hondo, verdaderamente hondo, más que todos los pozos y todos los mares que rodean el mundo, mucho más hondo que el corazón actual que lo crea y la voz que lo canta, porque es casi infinito. Viene de razas lejanas, atravesando el cementerio de los años y las frondas de los vientos marchitos. Viene del primer llanto y el primer beso».

La larga lucha de Falla, Lorca y sus amigos tiene finalmente su premio: el Ayuntamiento concede la subvención de 12.000 pesetas. Será suficiente para realizar los actos, pero no para sufragar los gastos de viaje de dos figuras internacionales, Stravinski y Ravel, a los que se había invitado: los dos habían mostrado, en principio, su disposición a acudir. Las jornadas tendrán lugar los días 13 y 14 de junio, coincidiendo con las fiestas del Corpus, tan importantes en Granada.

Antes de llegar esa fecha, tienen que ocuparse de muchos preparativos: cartas de invitación para que acudan los amigos, selección de participantes, difusión de los actos… Le escribe Falla al musicólogo inglés J.B. Trend:

«¡Pero cuánto me está dando que hacer todo esto! ¡No puede usted figurárselo! ¡Y cuántos disgustos!»

Una semana antes de los actos, el 7 de junio, tiene lugar en el teatrito del hotel Alhambra Palace, de estilo neoárabe, inaugurado por Alfonso XIII en 1910, lo que podemos considerar su pregón o prólogo, una velada artística.

No puede asistir a ella don Manuel de Falla, que sufre uno de sus resfriados, pero lee un texto suyo el joven granadino Antonio Gallego Burín: un historiador del arte, que llegará a ser Alcalde de la ciudad en 1938 y, en la posguerra, Director General de Bellas Artes. A continuación, interpreta una petenera y una siguiriya el guitarrista Manuel Jofré, uno de los promotores del Concurso.

Después, García Lorca recita media docena de composiciones de su proyectado Poema del cante jondo; alcanza un gran éxito, sobre todo, su Baladilla de los tres ríos:

El río Guadalquivir
va entre naranjos y olivos.
Los dos ríos de Granada
bajan de la nieve al trigo.
¡Ay, amor,
que se fue y no vino!

Cierra el acto el guitarrista Andrés Segovia, que todavía no se había consagrado internacionalmente, tocando unas soleares.

El cartel anunciador del Concurso lo diseñan dos pintores muy cercanos a Falla y a Lorca. Del primero, Manuel Ángeles Ortiz (1895-1984), escribirá luego Bergamín que «decía pintando lo que Federico, en sus versos».

El segundo, Hermenegildo Lanz (1893-1949), diseñará al año siguiente los títeres para el estreno del Retablo de maese Pedro (París, 1923) y apoyará luego La Barraca.

El cartel llama mucho la atención porque huye del casticismo y opta por una estética claramente vanguardista.

En esos días del Corpus, en Granada, coincide el Concurso de Cante Jondo con otras actividades artísticas: expone sus cuadros Ignacio Zuloaga; baila La Argentina; se escuchan las Siete canciones populares de Falla; en dos recitales, alcanza un gran éxito Andrés Segovia, algo que se entendía ya como el «renacimiento de la guitarra».

El escenario inicialmente previsto era la Plazuela de San Nicolás, en el Albaicín. Finalmente, se opta por realizarlo en la Plaza de los Aljibes, en la Alhambra. Es una amplia explanada, situada entre las torres y la Puerta del Vino, por un lado, y el maravilloso Palacio de Carlos V, en el otro. Los aljibes que le dan nombre los construyó el conde de Tendilla, primer alcaide de la Alhambra, en 1494, dos años después de la conquista de la ciudad, para abastecerla de agua.

Muy cerca, en el muro, un azulejo recuerda tres acontecimientos históricos que han tenido lugar allí: en 1922, el Concurso de Cante Jondo. En 1927, la representación de El gran teatro del mundo, de Calderón de la Barca, con música de Falla, que inicia la recuperación de los autos sacramentales. En 1952, el primer Festival Internacional de Música y Danza.

Hoy en día, los que asisten a los conciertos de ese Festival, en el renacentista Palacio de Carlos V, se detienen allí, antes y después del concierto, para disfrutar del panorama sobre la ciudad, el Albaicín y el Sacromonte.

En esa Plaza de los Aljibes, en 1922, se levantan el tablado, los palcos y la tribuna para el Festival de Cante Jondo. Se ocupan de la decoración Zuloaga y Vázquez Díaz, que decide colocar algunos platos de Jafalauza.

En las «instrucciones y consejos a los asistentes», se ruega puntualidad, silencio, abstenerse de intervenir; también, que los caballeros lleven sombreros de paja y que las mujeres vayan ataviadas según la moda de la primera mitad del siglo XIX, para lo cual realiza un boceto Manuel Ángeles Ortiz.

Con la retórica propia de la época, un cronista local pondera el espectáculo: «La fiesta no es un Concurso de Cante Jondo sino un concurso de primeros premios de belleza».

A esa fiesta acude, por ejemplo, estrenando un vestido rojo, Emilia Llanos. Era una gran amiga de García Lorca, diez años mayor que él. El poeta le dedicó un libro y la llamó «divina tanagra del siglo XX». Ella siempre lo adoró. Con el paso de los años, fue aumentando sus recuerdos de una presunta historia de amor. Murió en 1967, con 82 años, todavía con el nombre de Federico en los labios…

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