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Pérez Reverte en su biblioteca

Pérez Reverte en su bibliotecaZenda

Como Umberto Eco, Pérez Reverte tiene una curiosa obsesión con sus libros... pero no es la misma

El escritor y académico tiene una librería de más de 32.000 volúmenes, que para él es como Wikipedia, y donde cada libro tiene su lugar sagrado

Por naturaleza, el ser humano es maniático, pero los lectores incrementan de manera exponencial la presencia de rituales en su día a día. Si Umberto Eco acostumbraba a coleccionar libros que no había leído por verlos como fuentes de conocimiento, Arturo Pérez‑Reverte también tiene su propia idiosincrasia vinculada a su biblioteca.

El escritor y académico acumula 32.000 volúmenes en su impresionante biblioteca de tres plantas en su chalet de Madrid. La manía de Pérez‑Reverte tiene que ver con la práctica extendida de prestar libros entre lectores, pero él no la sigue. «No prestaría ningún libro, ninguno de estos libros saldrá de aquí jamás», expresó el escritor en una entrevista.

Arturo Pérez-Reverte

Arturo Pérez-ReverteEuropa Press

«Cuando era joven cometí el error de prestar libros y los perdí para siempre. Aquí no hay nada que prestar. Yo oriento, enseño, muestro, señalo, digo, recomiendo… pero jamás prestaría un libro de esta biblioteca», añadió.

Su biblioteca está cuidadosamente seleccionada, con miles de volúmenes acumulados a lo largo de su vida. Cada libro tiene un valor sentimental y práctico: son referentes de aprendizaje, fuentes de inspiración y recuerdos de momentos de lectura. Por eso no los presta; los protege como parte de su vida y su trabajo. En varias ocasiones ha definido su colección como su Wikipedia personal.

El escritor Arturo Pérez-Reverte

El escritor Arturo Pérez-ReverteDiego Radames

Pérez‑Reverte mantiene un vínculo emocional con su biblioteca y sus libros. Define la biblioteca como un lugar apartado del mundo, donde no usa el móvil ni hay internet. Sus libros son su compañía constante y la cataloga como su «torre de Montaigne».

Cada vez que abandona su casa por unos días, los libros siempre le acompañan. «Cuando voy a navegar, me llevo conmigo la torre de Montaigne. Incluso cuando era reportero, llevaba una mochila con libros o compraba en esos lugares. Al llegar al hotel, ya fuera una guerra, una paz o lo que fuera, amueblaba la habitación con los libros». Con ellos, transformaba su austera habitación en un pequeño hogar temporal.

Para Pérez‑Reverte, prestar un libro no es un simple gesto; es entregar una parte de sí mismo. Por eso prefiere orientar, recomendar y enseñar, pero nunca ceder un ejemplar de su biblioteca.

Su negativa no es obstinación: es protección de un mundo propio, donde cada libro tiene un valor único y personal. Así, su colección permanece intacta, como un refugio de conocimiento y memoria que le acompaña en su vida y su obra.

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