Fundado en 1910
Andrés Amorós
Historias del 27Andrés Amorós

Ramón Gómez de la Serna, poseedor de micrófono privado

Hace años, la radio era un voluminoso aparato, que formaba parte de los muebles de nuestra casa. Luego, pasó a ser un aparatito chico. Ahora mismo, la manera de escucharla se ha multiplicado, a través del móvil, la tableta, el ordenador, pero la esencia sigue siendo la misma

Tertulia del café Pombo de José Gutiérrez Solana

Tertulia del café Pombo de José Gutiérrez SolanaGTRES

No nos resulta fácil, hoy en día, imaginar un mundo sin radio: ¡forma parte de nuestra vida cotidiana en tan gran medida! ¡Tanto nos acompaña, en cualquier momento!...

Hace años, la radio era un voluminoso aparato, que formaba parte de los muebles de nuestra casa. Luego, pasó a ser un aparatito chico –o una serie de ellos– , que trasladábamos con facilidad de una habitación a otra.

Ahora mismo, la manera de escucharla se ha multiplicado, a través del móvil, la tableta, el ordenador, pero la esencia sigue siendo la misma : una persona –o varias– me hablan a mí , directamente, como si fueran mis amigos. De hecho, lo son, además de mis compañeros cotidianos.

Los expertos en comunicación califican a la radio como un medio «caliente», frente a otros, que son «fríos». Es un amigo que nunca falla, cuando acudo a él; alguien que siento próximo, cuando me habla; que me consuela de tantas murrias; un «boca a boca» que me salva, cuando lo necesito…

Si pasamos de lo individual a lo colectivo, ese invento técnico ha dado lugar a un extraordinario fenómeno de comunicación: la radio es un formidable instrumento de divulgación cultural; también, a veces, ayuda a la creación, literaria o musical.

Vayamos –como pedía Stendhal– a los hechos concretos. Si no me equivoco, la que suele considerarse primera estación de radio del mundo fue la de Pittsburgh, en 1920.

Quince años después, poco antes del comienzo de nuestra guerra, había ya, en España, más de trescientas mil licencias de radioaficionados.

En 1923, emitía ya con regularidad una emisora española, Radio Ibérica. Pronto, se multiplicaron las licencias: Radio Barcelona; la madrileña Radio España…

En 1925, poco antes del hecho fundacional de la Generación del 27, las principales industrias españolas decidieron crear una empresa de radiodifusión: así nació Unión Radio, que fue absorbiendo a otras muchas emisoras y que jugó un papel cultural básico. A ella se sumaron la revista Ondas y la Unión de Radioyentes. Ya en 1927, Unión Radio comenzó las interconexiones en cadena para toda la red nacional.

A los programas informativos, se unieron pronto las retransmisiones radiofónicas en directo de actos culturales, políticos y religiosos: un discurso, un concierto de música clásica, un partido de fútbol… Evidentemente, eso contribuyó de modo decisivo a la popularidad del nuevo medio.

El 7 de marzo de 1929, el diario ABC daba la noticia de «Un estreno por radio»:

«Anteanoche, Unión Radio realizó un verdadero tour de force, transmitiendo por vez primera el estreno del drama de Juan Ignacio Luca de Tena, desde el Teatro Español, Las hogueras de San Juan. El hecho tiene gran importancia y, una vez que Unión Radio adquiera la necesaria experiencia en estas transmisiones, sus oyentes se podrán dar el gusto de oír las principales obras teatrales que se representen en España».

El gran periodista Augusto Assía informaba en La Vanguardia, en 1934, del enorme éxito popular que había supuesto, en Inglaterra, la retransmisión en directo de la final de la Copa inglesa de fútbol.

Un ejemplo español concreto. El día de proclamación de la Segunda República, el 14 de abril de 1931, la programación de Unión Radio Madrid ofrecía espacios de información internacional, nacional y local; de deportes; programa infantil; calendario; resumen de la prensa del día; recetas de cocina; boletín meteorológico; el mundo del cine y teatro; cotizaciones de Bolsa; música clásica y de baile; caza y pesca; lecciones de taquigrafía… Como se ve, intentaba responder a los gustos e intereses de un público muy variado.

Para realizar toda esa tarea, muchos periodistas se especializaron en el nuevo medio. También comenzaron a trabajar en la radio no pocas mujeres, como locutoras, técnicas y redactoras.

Merece destacarse, entre ellas, el nombre de Josefina Carabias (1908-1980). Quizá fue, en España, la primera periodista que dirigió y presentó un programa de noticias generales, no sólo femeninas, en una radio de ámbito nacional: el informativo matinal de Unión Radio La palabra, en 1933.

Después de la guerra, Josefina Carabias fue corresponsal y redactora de Informaciones y de Ya. Redactó el epílogo a la edición en Libro de Bolsillo de la maravillosa biografía de Juan Belmonte, escrita por Chaves Nogales. Publicó una biografía de Manuel Azaña, al que había conocido en el Ateneo de Madrid, antes de que se dedicara a la política.

Lógicamente, la Generación del 27 se mostró muy abierta y receptiva al auge de la radio, por una doble razón. Ante todo, por el interés que sentía por las nuevas tecnologías: recordemos la fascinación del futurismo por las máquinas.

Además, por el poderoso instrumento de divulgación cultural que la radio podía suponer. En definitiva, un programa radiofónico podía jugar un papel muy semejante al de La Barraca o las Misiones Pedagógicas… pero llegaba a un público mucho más amplio.

Todo eso no impedía que los vanguardistas también se burlaran de los excesos de la nueva moda radiofónica, como hace Ramón Gómez de la Serna, en esta caricatura:

«Así como hay divorciadas porque su marido se dedica al alcohol, a las mujeres o al juego, las hay ahora porque el marido se dedica demasiado a la radiocomunicación».

Desde sus comienzos, la radio contribuyó mucho a difundir, entre nosotros, la música clásica. Se radiaron en directo, como «serie», los conciertos del maestro Pérez Casas con la Orquesta Filarmónica. Mi recordado amigo Carlos Gómez Amat nos ofrece más detalles:

«En España, la primera serie de programas ordenados, incluido un concierto, se realizó desde Valencia, en 1920. Al año siguiente, ya funcionaban algunas empresas y , en 1922, la Compañía Ibérica instalaba en el Teatro Real un enorme micrófono, de aquellos que los técnicos llamaban ‘de palangana’. Los obstáculos se presentaron desde los principios de Radio Ibérica. El Teatro Real, la Banda Municipal y la Sociedad de Autores empezaron a exigir unos derechos, desde luego razonables, pero gravosos para la emisora (…) Todo terminó por arreglarse. Cerrado el Real al terminar la temporada 24-25, las retransmisiones operísticas siguieron desde Barcelona, el Teatro Calderón de Madrid y otros lugares».

El papel decisivo, en el terreno musical, le correspondió a la ya citada Unión Radio de Madrid, fundada en 1925. El mérito le corresponde, en buena medida, a la eficaz labor de su «director artístico» (hoy diríamos, quizá, «jefe de programas»), el compositor Salvador Bacarisse (1898-1963).

Fue uno de los miembros del llamado Grupo de los Ocho. Su «Romanza», el tiempo lento de su Concertino (1957) para guitarra y orquesta, de estilo neoclásico, con una preciosa melodía, ha alcanzado un éxito creciente y tan grande que lo acerca al del Concierto de Aranjuez, de Joaquín Rodrigo.

No hay que confundir a Salvador Bacarisse con su hermano Mauricio (1895-1931), de la misma generación , poeta vanguardista, traductor de Verlaine y Mallarmé. Alcanzó su mayor éxito con una interesante novela poética, Los terribles amores de Agliberto y Celedonia, que ganó el Premio Nacional de Literatura en 1930. Es el poeta que destaca por su gabardina blanca, en la famosa fotografía del homenaje a Góngora del Ateneo de Sevilla; también, uno de los escritores que aparecen en el conocido cuadro de Solana Tertulia del café de Pombo.

En aquellos años, Unión Radio se convirtió en una especie de sala de conciertos alternativa, centrada en los nuevos compositores. Además de transmitir conciertos ajenos, organizaba los suyos, con su propia orquesta, dirigida por José María Franco.

El 25 de agosto de 1932, Unión Radio organizó en el Teatro Monumental de Madrid y emitió para el resto de países el Concierto Europeo Español, con obras de Falla, Esplá, Bacarisse y Turina.

Este último estrenó en esa emisora su obra Radio Madrid, una suite para piano, que incluye lo que llama «retransmisiones».

Contribuyó Unión Radio a la creación musical con una serie de concursos: el de zarzuela, lo ganó Pittaluga; el de oberturas, Julián Bautista.

También se preocupaba de incluir nuevas ilustraciones musicales en sus programas poéticos: por ejemplo, del propio Bacarisse, para el marqués de Santillana; de Adolfo Salazar, para Rosalía de Castro.

Aquella radio, que tenía una clara vocación cultural, llamó y atrajo a no pocos escritores, incluyendo a los de la generación anterior, como Azorín y Baroja. También se acercaron a ella varios poetas del 27 y el novelista Ramón J. Sender. Especulan algunos sobre cómo pudo influir en su estilo su conocimiento del nuevo medio.

Años después, el 30 de octubre de 1938, el genio Orson Welles causó una ola de pánico en Estados Unidos, al emitir La guerra de los mundos como si se tratara de un noticiario.

En 1926, en Unión Radio, nació el que podemos considerar primer serial radiofónico español. Así se anunciaba:

«Como todo género nuevo, la novela radiada ha de ser del agrado de los oyentes, que encontrarán, en los episodios que traigan las ondas, la emoción del relato de la historia de una vida».

Siempre atento a las novedades, Ramón Gómez de la Serna fue el escritor español más apasionado por el invento. Desde 1932 a 1936, realizó una intervención semanal de media hora en la radio. Para sus tarjetas de visita, eligió este título, debajo de su nombre:

«POSEEDOR DE MICRÓFONO PRIVADO
​en funciones universales»

Ramón inauguró, entre nosotros, el reportaje radiofónico, la crónica, el programa en diferido… José Augusto Ventín Pereira ha publicado , con el título Radiorramonismo, los textos que él escribió para la radio: más de doscientas greguerías onduladas –así las denominó–, de tema radiofónico, y más de cien relatos cortos. Con su habitual ingenio, acumula Ramón metáforas sorprendentes sobre el micrófono, las interferencias, los altavoces y auriculares, los locutores…

Su Historia universal de la radio concluye con un epílogo solemne, triunfal:

«Todos los barcos llevan en sus antenas red para las gaviotas de las ondas y están prontos siempre a lanzar el SOS.

»En todas partes, hay chicos listos que convierten las cajas de betún, las peceras y las camas viejas en aparatos complicadísimos de radio.

»Se inventan acumuladores que se llenan los días de tormenta para todo el año, parrillas económicas en que se pueden freir las ondas y las sardinas, y alguien propone la antena de circunvalación; es decir, una antena que dé la vuelta al mundo y de la que todos los ciudadanos del terráqueo puedan tomar derivación, lográndose así la emisión total, a distinta hora la de cada país; todas, emisiones limpias, corrientes, hasta las de los antípodas, que, gracias a esa antena circular y universal, no presentarían los inconvenientes que hoy presentan.

»¡Soñada antena universal, flotante sobre los océanos, gracias a unos islotes de corcho concentrado!

»¡Gran hora de la Radio, en pleno triunfo y dominando todos los programas, con galena o con lámparas!».

Para los escritores del 27, la antena de radio se había convertido en un símbolo de la modernidad y de la nueva estética de vanguardia. Guillermo de Torre la menciona como un símbolo, en su Manifiesto ultraísta vertical:

«He aquí el erecto símbolo y la antena radiotelegráfica, que irradia verbalismo sintético y conmociones de última hora».

Federico García Lorca se entusiasmó también, como un niño, con el nuevo juguete y advirtió en seguida su trascendencia social:

«Me paso escuchando la radio casi todo el día. La luz y la radio me encantan. Y noto, a este propósito, la falta de una sección periodística dedicada la crítica de radio, un enjuiciamiento cotidiano de los programas de la radio… Sí, sí… Debieran crear esa sección los diarios… Sería de un interés indiscutible».

Pocos años después, la guerra civil española y la segunda guerra mundial suscitaron nuevas formas de utilizar el invento. A través de la radio, por ejemplo, llegaron a los hogares españoles los discursos de Ortega y Gasset, Alcalá Zamora, Azaña, Gil Robles, Besteiro, Indalecio Prieto, Companys, Mola, Queipo de Llano…

Fuera de España, se escucharon las voces de Hitler, Mussolini, Eleanor Roosevelt, Churchill, el tartamudo rey de Inglaterra (recuérdese la película El discurso del rey)…

En la posguerra española, nuestra memoria sentimental va unida a las voces de Matías Prats, Tip y Top, Pepe Iglesias El Zorro, Bobby Deglané, José Luis Pécker; a los popularísimos programas Cabalgata fin de semana y Doble o nada; a los discos dedicados; a las radionovelas de José Mallorquí y Guillermo Sautier Casaseca…

José Luis Sáenz de Heredia y una serie de grandes actores, con Pepe Isbert a la cabeza, lograron una de las indiscutibles obras maestras de nuestro cine, Historias de la radio

Creyeron algunos que la televisión supondría la decadencia de la radio: se equivocaban. Un 23 de febrero de triste recuerdo, volvimos todos a sentir que nuestra vida dependía de lo que pudimos escuchar esa tarde y noche, en nuestro aparato de radio.

Hoy mismo, en España, la radio sigue más viva que nunca. Nos parece totalmente lógico que fascinara a los escritores y a los músicos de la Generación del 27.

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