El grupo de K-pop BTS
El legado histórico de Shakespeare, Kant o Borges es mucho más que BTS, pese a las comparaciones de expertos
Sorprendente iniciativa por parte de la universidad Hankuk de Estudios Extranjeros.
BTS es el principal rostro del K-pop y, muestra de ello, es que lleva cosechando éxitos desde 2017. Tanto que Jiyoung Lee, investigadora de la surcoreana Universidad Hankuk de Estudios Extranjeros, propone que sean objeto de estudio. Hasta ahí nada foráneo, pero Lee justifica ese análisis argumentando que BTS es tan relevante como estudiar a Shakespeare, Kant o Borges.
«Creo que si profundizas en los puntos clave del fenómeno BTS que te impactan y reflexionas, y analizas cómo resuena con aspectos específicos de la sociedad actual, sin duda podrás realizar una investigación significativa» ha manifestado Lee al medio EFE. Mediante estas declaraciones la doctora surcoreana defiende incluir el estudio del famoso grupo de K-pop, dentro de los itinerarios universitarios. De manera que pasarían a ser estudiados junto a grandes pensadores, dramaturgos y escritores de la historia.
No es un fenómeno aislado. En Gante ya se ha estudiado el estilo literario de Taylor Swift, equiparándola con Shakespeare. Para más inri, se han llegado a impartir cursos en Yale sobre Bad Bunny y su álbum Debí tirar más fotos.
Es innegable que figuras que actualmente gozan de gran popularidad acabarán siendo figuras históricas, pero nunca llegarán a equiparar la relevancia cultural que tuvieron grandes dramaturgos como Shakespeare, escritores como Borges o filósofos como Kant.
Lee defiende la influencia cultural del grupo, en concreto mediante el movimiento ARMY. Nombre que recibe el grupo de fanáticos que desafió «la hegemonía centrada en Estados Unidos» en el ámbito lingüístico, cultural y racial. Según ella «ARMY trasciende la condición de ser un grupo que simplemente sigue a BTS».
La realidad es que el público de BTS oscila entre los 13 y los 24 años, mientras que la compañía de Shakespeare llegó a actuar para la reina de Inglaterra o Kant estuvo vinculado al rey de Prusia. Las diferencias son más que evidentes: el fenómeno fan no es equiparable a la trascendencia de plumas capaces de suscitar la atención de todo el público durante generaciones.
Shakespeare que llevaba ya trescientos años muerto inspiró a Tolkien para «arreglar» algunos aspectos de sus obras que disgustaban al académico. Regalándonos algunos de los momentos más memorables del Señor de los Anillos como la muerte del Rey Brujo. A su vez Borges, supo reinterpretar la estructura del cuento, desarrollando la metaficción y siendo uno de los pilares fundamentales del realismo mágico.
Mientras tanto, Kant logró establecer las bases de la filosofía crítica y sentar los cimientos sobre los que filósofos como Hegel desarrollarían su filosofía después.
No solo eso. El intento de BTS por conectar con sus orígenes también resultó fallido. Su último álbum, Arirang, tomó su título de la canción folclórica más representativa de Corea. Pero más allá del nombre escasean las referencias a las raíces culturales del país. El grupo desaprovechó así una oportunidad única para reinterpretar ese legado y ofrecer una versión propia y actual. En cambio, Jorge Luis Borges demuestra cómo puede hacerse ese ejercicio en La casa de Asterión. Ofreciendo, en apenas dos páginas, una reinterpretación magistral del mito del Minotauro.
La cultura es superior a las modas: el Quijote de Cervantes no triunfó en un principio y hoy es la segunda obra más traducida de la historia. Ese es el filón, trasciende quien puede, no quien quiere y solo los legados más brillantes de la cultura son inmortales.