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César Wonenburger
Bocados de realidadCésar Wonenburger

África aún comienza en los Pirineos

Los jueces de la UE consideran a los españoles como adolescentes por criar, mientras Ulises y Louzán aprenden de sus viajes y los admiradores de Taylor Swift pagan por las basuras de su boda

Act. 22 jul. 2026 - 17:03

Mail de Bulard, los Pirineos

Mail de Bulard, los PirineosThierry Ilansades

Cualquier día mis parientes alsacianos podrían probar a ocupar por la fuerza las instituciones europeas que generosamente acogen en sus bellas tierras regadas por el Rin, como el Parlamento de Estrasburgo.

Quizá a la vista de la última sentencia del Procés, la que han parido estos días los prestigiosos jueces comunitarios, con la habitual condescendencia que se reservan para los pintorescos habitantes del sur, el exiguo, pero bien organizado Movimiento autonomista alsaciano debiera recurrir a las armas para cumplir su anhelado propósito.

Sus miembros, que desean liberarse del yugo francés, antaño alemán, buscarían de ese modo la independencia de esta próspera región bendecida por la exquisitez de sus caldos blancos, como el delicioso Riesling, y el dignamente preservado encanto medieval de sus pueblos.

Eguisheim, con sus coquetas casas de madera, ha resultado ser siempre el favorito de los franceses, según las encuestas. Que sepáis que no es vuestro, malvados galos. Nos pertenece, aunque históricamente nuestro destino os lo hayáis jugado a los dados con los otros pretendientes, los bárbaros alemanes, que tampoco han renunciado del todo a reconquistarnos para ellos en cuanto les sea posible, como ya hizo Hitler en su día.

Plaza principal en Eguisheim, Alsacia, con una estatua del Papa León IX

Plaza principal en Eguisheim, Alsacia, con una estatua del Papa León IXGetty Images/Boris Breytman

Pero si a algún nostálgico de un figurado pretérito idílico, que nunca fue del todo propio (Julio César también nos reclamó y formamos parte del orgulloso imperio romano durante bastante tiempo), se le ocurriera asaltar incluso alguna modesta gendarmería para reivindicar simbólicamente un referéndum de independencia de nuestro suelo, hasta el melifluo Macron sabría qué hacer con los rebeldes descendientes de mis antepasados.

Serían inmediatamente encarcelados y sometidos a las penas más severas dictadas por los tribunales de la república, porque los encargados de administrar justicia en ese país no se atienen a las veleidades propias de sus correspondientes de la UE, que conservan una idea de España aún parecida a la de Merimée cuando, después de visitar la península, escribió su Carmen.

Tierra fronteriza siempre a merced de los cálidos vientos africanos, insumisa de bandoleros y gitanas supersticiosas, cegados por las más bajas pasiones; pendencieros, borrachos y celosos irredentos que dirimen sus rencillas de amores mediante la navaja, pero óptimos para eso que ellos orgullosamente consideran el baile, con sus hondos lamentos musicales de indudable reminiscencia oriental, una cosa de saltimbanquis, indios y árabes.

Bandolero de Sierra Morena

Bandolero de Sierra MorenaHistoria de la Colonización de Sierra Morena

A los díscolos que hoy proclamaran la autonomía absoluta de Alsacia mediante algún exabrupto contra la autoridad vigente no los fusilarían, solo porque la pena capital resultó abolida en Francia hace algún tiempo, porque ganas seguramente no les faltarían. Desafiar los férreos preceptos jacobinos no ha sido jamás cosa de broma.

Pero, ay, estos españolitos de mantilla, capote y trabuco, capaces únicamente de destacar en torneos que se juegan con los pies, pero sin ningún talento auténtico para concebir grandes obras del espíritu; reñidos por siempre con los últimos avances tecnológicos; mansos ante el poder que los fustiga para manejarlos a su antojo, conviene pastorearlos para que no se pierdan definitivamente. Y más desde que se les permitió piadosamente participar en esa gran obra del esquilme colectivo que ha resultado, para los esencial, la UE.

Todavía velan por nosotros. Antaño desde cortes extranjeras. Ahora mediante la pretenciosa vara de medir de magistrados burócratas, que dictan sentencias en español porque aprecian el exotismo y alguna vez se han paseado por Varadero, quizá en procura de algún adolescente como aquella desenvuelta cigarrera andaluza de otra época, prima suya de la diáspora.

La sentencia europea de la UE no representa un oprobio, que los es, para un estado español al que se permiten tutelar desde las más altas instancias europeas como al imberbe muchacho incapaz de hacerse cargo de sus propios asuntos, cuyo carácter juvenil, impetuoso e irresponsable aún conviene moldear en familia, mediante las admoniciones de los adultos.

Votación en el Parlamento Europeo

REMITIDA / HANDOUT por CHRISTIAN CREUTZ / PARLAMENTO EUROPEO
Fotografía remitida a medios de comunicación exclusivamente para ilustrar la noticia a la que hace referencia la imagen, y citando la procedencia de la imagen en la firma
08/7/2026

Votación en el Parlamento EuropeoCHRISTIAN CREUTZ / PARLAMENTO EUROPEO

Resulta la mera constatación de una realidad difícilmente rebatible: para los propagadores de la Leyenda Negra, como esos señores togados con sus eternos prejuicios, África aún empieza en los Pirineos.

Los viajes de Ulises y Louzán

Manolo, ya se sabe, salió un día a por tabaco y ya no regresó nunca más al hogar conyugal. Quizá se propusiese hacer lo mismo que Gauguin, con menos talento, pues del pintor francés que dejó a su familia para retratar a ninfas tahitianas sin mayores agobios aún nos quedan sus cotizados lienzos, como adorno para las vastas paredes del Thyssen.

De Ulises no puede decirse que no tuviera una excusa. En su caso marchó a hacer la guerra, que en su tiempo (y todavía ahora en buena parte del mundo) era como ir a la oficina. Su tarea le llevó diez años, pero luego decidió emplear otra década en regresar a los brazos de su amada Penélope, que nunca lo olvidó y se mantuvo leal, a cargo de la casa, el chaval y la honra sin perder la esperanza en la vuelta.

Ilustración de Alan Lee para la portada de 'Las aventuras de Ulises'

Ilustración de Alan Lee para la portada de 'Las aventuras de Ulises'Vicens Vives

Ella es la auténtica heroína de esta historia. Por eso Monteverdi le reservó la mejor música de El retorno de Ulises a la patria, una de las primeras óperas, que merece la pena conocerse ahora que todo lo que lleva el sello de La Odisea parece suscitar el máximo interés.

Empezando por la propia película. Hay norteamericanos que están dispuestos a pagar hasta mil dólares en la reventa de localidades para verla en el cine como está mandado, en Imax, mientras el antiguo bedel de polideportivo Louzán se asombra y compadece de que las localidades más baratas para asistir a la final del Mundial pudieran costar 4.000 dólares.

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino (c), y el presidente de la RFEF, Rafael Louzán (d), antes del España - Austria

Infantino y LouzánEFE

En el viaje, si uno está atento, se aprenden cosas. Y el hoy primer mandatario de la federación española lo ha hecho al futuro para enterarse, algo tarde, de qué va el auténtico capitalismo. A él, que acudía desde una nueva modalidad de socialismo donde ya casi todos somos igual de pobres, le ha sorprendido, lógicamente, la auténtica prosperidad, sin llegar a apreciar del todo su fondo ni la razón de ser. Trasladarse a otro lugar no siempre ensancha la mente, solo el trasero.

El filme de Nolan, muy bien. Mantener el pulso narrativo sin desmayo durante tres horas no es fácil, menos en estos tiempos frenéticos, y este admirado director lo logra de un modo artesanal: procurando sabiamente un puñado de imágenes hipnóticas sin distraerse de lo esencial para la mayoría, la historia.

Y proponiendo además una reflexión final, en boca de Ulises, que resulta lo más destacado y esperanzador de todo: la imprescindible reivindicación de la belleza como forma superior de la civilización. Algo revolucionario hoy.

Matt Damon, en 'La Odisea' de Christopher Nolan

Matt Damon, en 'La Odisea' de Christopher Nolan

Ulises, por cierto, no permaneció junto a la abnegada Penélope, emprendió otras fugas. Como sostiene Alejandro Gándara en un magnífico libro reciente, Los textos robados a la felicidad: «Él no era de los que volvían a casa, a pesar de sus sentimientos y de su nostalgia, sino que sus viajes, tormentosos y aciagos, eran su vida».

Casarse hoy en un polideportivo

Al final de Hacks, la formidable serie satírica de HBO que acaba de concluir, la protagonista, una añeja estrella de la comedia popular, desea despedirse a lo grande. Por eso alquila el Madison Square Garden para celebrar un último show, rodeada del cariño de miles de sus leales admiradores.

Pero en su camino se cruza un poco empático empresario de las nuevas tecnologías que, cabreado porque la mujer no quiere colaborar con su IA, decide comprar todas las entradas del espectáculo para fastidiarla como un lejano imitador de Lex Luthor.

Hacks (Max)

Hacks (Max)

Cuando la dama se entera de que actuará para un auditorio vacío, resuelve entonces abrir el evento gratuitamente a su público, trasladándolo hasta el vecino Central Park con el permiso de las autoridades. De ese modo, se garantiza un inolvidable baño de masas, encantadas con el inesperado regalo de su diva favorita.

Quizá la estrella del pop Taylor Swift, que recientemente acaba de celebrar su boda también en el Madison Square Garden, para mil invitados, mientras sus fans se arremolinaban en el exterior apretujados contra las vallas dispuestas por la municipalidad, tendría que haber hecho algo parecido.

Taylor Swift

Taylor SwiftGTRES

Si la cantante y su esposo, un jugador de fútbol americano, se hubieran casado en el parque cercano, en un enlace abierto al público hasta completar el aforo, sus seguidores no tendrían que haberse conformado con ver la imagen fugaz de los famosos bajándose de sus limusinas.

Ni tampoco pujar después, a través de Internet, como ha sucedido, por la basura producida durante el enlace para hacerse con un efímero recordatorio de aquella dicha exclusiva, probablemente la cáscara vacía de una de las infinitas langostas consumidas.

A esta chica, que tanto afán puso en saborear el aliento de tantos sapos antes de reconocer a su verdadero, definitivo príncipe, solo cabe augurarle un matrimonio feliz y duradero. Su empeño y constancia, su infatigable apuesta por el amor, lo merecen.

Bad Bunny y Adam Sandler durante la nueva película de 'Happy Gilmore 2'

Bad Bunny y Adam Sandler durante la nueva película de 'Happy Gilmore 2'

Pero sin algún día, como sugiere Manuel Alejandro, las antiguas cintas blancas llegaran a convertirse en cadenas para ella, y decidiera deshacer el vínculo que en su momento consagró el oficiante Adam Sandler (que es como si a tus padres los hubieran casado Chevy Chase o Fernando Esteso), al echar la vista atrás, comprobaría alguna verdad incómoda.

Si a la pena de la pérdida del amor se sumara, además, pongamos por caso, la de su colosal fortuna como resultado de haberle confiado su manejo a algún nuevo Bernie Madoff, de aquel millar de amigos que la acompañaron en el día más feliz de su vida, le quedarían, como mucho, no más de tres.

El beso de Taylor Swift y Travis Kelce

El beso de Taylor Swift y Travis KelceCharles Baus / Europa Press

En cambio, entre aquella muchedumbre alborozada a la que le hurtó el paso al deportivo recinto neoyorquino, donde triunfaron Cassius Clay, Frank Sinatra y últimamente los Knick’s, seguro que aún habría de encontrar un hombro acogedor sobre el que verter las lágrimas del desconsuelo. Las mismas destinadas a conformar un posible nuevo álbum redentor con el que recuperar prestigio, dinero y, entonces, sí, a varios más, sino todos, de sus antiguos invitados.

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