Silvia Herreros de Tejada
'Juvencolía': sobrevivir al hechizo de la juventud eterna
Un ensayo sobre el deseo de no envejecer, la enfermedad como ruptura de ese espejismo y la necesidad de aprender a habitar el tiempo
Silvia Herreros de Tejada (Madrid, 1975) lleva décadas persiguiendo a Peter Pan y sus niños perdidos. En consonancia, ha dedicado buena parte de su carrera académica y creativa a desentrañar el universo de James Matthew Barrie. Una beca en Yale University le permitió trabajar con los archivos personales del escritor escocés; de esa pasión surgieron el ensayo Todos crecen menos Peter (2009, VII Premio de Ensayo Caja Madrid), las obras teatrales Perdidos en Nunca Jamás y Pan y los Nadies, y la novela La mano izquierda de Peter Pan (2017), una ficción erudita y apasionada sobre la crisis creativa de Barrie y su relación con Lady Cynthia Asquith. Además, ha publicado la novela La otra isla, donde habla de su madre y de su pasado cubano. Herreros de Tejada ha construido una obra que orbita siempre alrededor del mismo núcleo incandescente: el deseo de que la juventud no termine nunca, el hechizo de Peter Pan y Neverland.

debate (2026). 352 páginas
Juvencolía
Juvencolía –el neologismo que da título al libro y que la autora acuña con lucidez melancólica– es la exploración más personal y arriesgada de esa obsesión y combina todas las variables previas. Estructurado como un abecedario íntimo, erudito y pop, el ensayo transita de Nunca Jamás a la contracultura, de la beca Erasmus a Instagram, de la crisis de la mediana edad a la quimioterapia, pasando por figuras tan estrambóticas como la doctora Luella Day, que juró haber encontrado la fuente de la eterna juventud en su jardín. Pero bajo ese despliegue de referencias culturales late algo mucho más hondo: la voz de una mujer que escribe desde la grieta, desde la irrupción de la enfermedad –el cáncer, concretamente– como revelación brutal de la finitud. La enfermedad como eso que no debería llegar pero que a tantos llega, como fracaso en un mundo que se niega a envejecer, como mancha y estigma en la sociedad del bienestar perpetuo.
Hay en este libro un homenaje continuo al pasado hippie californiano de los padres de la autora, a esa belleza pasada que el tiempo se lleva pero permanece como sustrato, como mito fundacional de una manera de entender la vida. La California contracultural de los años setenta, con su fe ingenua en la juventud eterna y su rechazo de las convenciones burguesas, aparece aquí como territorio mítico, como el Nunca Jamás particular de una generación que creyó que envejecer era traicionar los ideales. Herreros de Tejada escribe sobre esa herencia con una mezcla de ternura y lucidez: sabe que el hechizo se rompe, pero no por ello deja de ser hermoso.
El estilo es fluido, expresivo, con una naturalidad que solo se consigue tras mucho trabajo de depuración. Herreros de Tejada combina la erudición –las citas, las referencias cinematográficas y literarias, el conocimiento profundo del mito de Peter Pan– con la confesión autobiográfica, la autoficción con la lucidez analítica, el humor con la hondura. La prosa avanza con la urgencia de quien tiene algo importante que decir y no quiere perder el tiempo en circunloquios, pero se detiene cuando es necesario para recrearse en un recuerdo, en una imagen, en el peso de una palabra. Es un libro escrito con el cuerpo, no solo con la cabeza: se nota en la manera de abordar el dolor físico, la incertidumbre del diagnóstico, los pasillos del hospital, pero también la pulsión vital que no cede, el deseo absoluto de vivir que se aferra a cada instante.
Peter Pan, en manos de Herreros de Tejada, deja de ser el icono edulcorado de The Walt Disney Company para convertirse en algo más complejo y perturbador: el símbolo no solo de la juventud eterna, sino del ansia desesperada de que permanezca, del terror a crecer, del rechazo de la muerte que es también rechazo de la vida adulta con todas sus responsabilidades y sus heridas. La autora conoce el mito como pocos –ha dedicado décadas a estudiarlo– y sabe que en el fondo de Nunca Jamás hay tanta luz como sombra, tanto juego como tragedia. Juvencolía es, en cierto modo, la culminación de todo ese trabajo: el momento en que la pasión intelectual se encuentra con la experiencia vivida.
El libro atraviesa también la maternidad en todas sus etapas: el deseo, el miedo al cambio vital que implica, la espera, el nacimiento, el crecimiento de los hijos que nos recuerdan incesantemente el paso del tiempo. Hay una reflexión implícita sobre cómo la maternidad transforma la relación con la propia juventud, sobre cómo ver crecer a los hijos es también verse envejecer, sobre el extraño consuelo de saberse eslabón de una cadena que continúa. Herreros de Tejada escribe sobre esto sin sentimentalismo, con la misma honestidad desarmante con la que escribe sobre la enfermedad y el miedo.
Juvencolía es, en definitiva, un libro necesario. Necesario para cualquiera que esté pasando un mal momento y busque compañía inteligente, palabras que nombren lo que duele sin trivializarlo ni magnificarlo. Necesario para quien se pregunte qué significa envejecer en un mundo obsesionado con la juventud. Necesario, también, para los que amamos a Peter Pan y sospechamos que el verdadero Nunca Jamás no está en una isla imaginaria, sino en los libros que nos ayudan a seguir vivos. Publicado por Editorial Debate, este ensayo-memoria-confesión confirma a Silvia Herreros de Tejada como una voz singular en las letras españolas: una escritora que ha hecho de su pasión un territorio habitable y que ahora, con la carga de profundidad que dan la madurez y la enfermedad, nos ofrece un mapa para orientarnos en él.