Fundado en 1910
Cubierta de 'Reliquia'

Cubierta de 'Reliquia'Anagrama

El suicidio del padre en su obra más íntima: ‘Reliquia’, de Pol Guasch

El autor convierte el duelo en un artefacto literario que interroga la memoria, el silencio y los límites del lenguaje

«Habría agradecido una nota». Con esta sentencia lapidaria se abre Reliquia (Anagrama), una obra que se sitúa en la frontera difusa entre el ensayo, la autoficción y el reportaje biográfico. Tras el éxito de sus novelas distópicas Napalm al cor –Premio Llibres Anagrama 2021, que se ha traducido a diversas lenguas– y Ofert a les mans, el paradís crema (2024), Pol Guasch (Tarragona, 1997) abandona la ficción especulativa para enfrentarse a la materia prima de su propia vida.

Cubierta de 'Reliquia'

Traducción de Unai Velasco
Anagrama(2026). 160 páginas

Reliquia

Pol Guasch

El libro nace de un vacío documental y emocional: el suicidio del padre del autor en enero de 2013, un acto que no dejó tras de sí unas últimas palabras de despedida. Ante la ausencia de relato, el texto se articula como un intento de reparar ese silencio mediante la literatura, convirtiendo el objeto físico del libro en una auténtica reliquia, entendida como la sustitución material de quien ya no está. Lo que emerge no es un lamento autocompasivo, sino un ejercicio intelectual y emocional que intenta reconstruir una ausencia mediante el poder de la palabra. Lejos de ser un mero ejercicio de catarsis o una crónica del duelo, el libro se erige como una reflexión epistemológica sobre la ausencia y la capacidad del lenguaje para suturar los vacíos que deja una muerte sin explicaciones.

Para reconstruir la biografía del padre, que no dejó testimonios escritos de su final, el texto convoca a una galería de suicidas célebres. Autores como Anne Sexton, Sylvia Plath, Virginia Woolf, Alejandra Pizarnik, Marina Tsvietáieva y David Foster Wallace aparecen en las páginas no como meras referencias académicas, sino como voces que prestan sus propias notas de suicidio y poemas para intentar comprender el dolor de aquel que calló. La literatura actúa así como una interfaz que permite la comunicación entre el mundo de los vivos y el de los muertos.

A través de este diálogo coral, Guasch no busca comparar a su padre con estos autores, sino utilizar la literatura como una herramienta para capturar lo que los discursos médicos o sociológicos no alcanzan a describir: la angustia, la desazón y el desajuste con la existencia. Al alejarse de los discursos médicos y sociológicos, que el autor considera reduccionistas para capturar la complejidad del dolor de vivir, el autor explora el desvanecimiento de su presencia a través de un tiempo circular y simbólico, donde algunos elementos, como la hora 17:31, que aparece repetidamente en el reloj de Guasch tras la muerte de su padre, actúan como portales con el ausente y representan el ansia de los que se quedan por no dejar ir del todo a sus muertos. El título mismo, Reliquia, alude a esos objetos físicos que sustituyen al ausente, convirtiendo al propio libro en una sustitución material de la vida que se perdió.

Uno de los ejes más potentes del libro es la deconstrucción de la herencia, tanto biológica como cultural. Guasch desafía el determinismo genético, que a menudo vincula el suicidio con la fatalidad hereditaria –recordando que su abuelo también se quitó la vida–, para proponer una herencia elegida. El autor se reconoce en su padre no solo por el asombroso parecido físico, sino por una sensibilidad compartida hacia la soledad y la melancolía. Al mismo tiempo, redefine la familia como una «promesa rota», un espacio ambivalente donde conviven el malestar y el dolor de los silencios («El silencio y la vergüenza fundan vuestro léxico familiar»), pero que también puede ser redescubierto como un espacio de refugio que se elige voluntariamente, ejemplificado en la diversidad de su propio núcleo familiar, con los hermanos Áuric y Lia, adoptados en Perú y China.

El libro se estructura en torno a una presencia que se desvanece. Guasch rechaza la idea del suicidio como un evento puntual e inesperado; para él, es el final de una transición lenta y, a menudo, implacable. En este proceso, Guasch descubre que la biografía de alguien anónimo solo puede reconstruirse aceptando sus vacíos y sombras.

La obra destaca por su concisión y precisión. Huyendo de la literalidad fácil y del rodeo innecesario, Guasch utiliza la segunda persona para dirigirse a su padre, creando un diálogo íntimo que trasciende el tiempo. La estructura de la obra se aleja de la narrativa lineal para sumergirse en un tiempo circular, a través del cual el autor rodea la figura de su padre, explorando sus diarios, sus poemas y hasta sus informes profesionales para hallar rastros de esa verdad que el silencio posterior le arrebató, sin pretender alcanzar una verdad absoluta. No hay búsqueda de consuelo o redención; la recompensa, para el autor, es la comprensión.

Reliquia constituye un hito en la literatura de no ficción actual al tratar el suicidio sin juicios morales y se erige como un testimonio lúcido sobre el duelo contemporáneo. Al despojarse de la protección de la ficción, Pol Guasch ha logrado transformar un trauma personal en un artefacto literario que cuestiona los límites del perdón, la culpa y la identidad, y que reflexiona sobre la tenacidad de la vida que continúa, impermeable, tras la pérdida de los seres queridos.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas