Amancio, en un Real Madrid-Barcelona
Amancio Amaro (1939-2023)
El ídolo nervioso al que Di Stéfano calmó diciéndole que primero había que sudar la camiseta
La leyenda madridista, tercer presidente de Honor del Club, ha muerto a los 83 años
Amancio Amaro Varela
Nació el 16 de octubre de 1939 en La Coruña y murió el 21 de febrero de 2023 en Madrid
Lo de Amancio fue uno de esos casos locos de Santiago Bernabéu, cuyo empeño siempre se ponía delante de la razón y de los números como alguien que se colara en la cola del teatro apartando gente (razón y números) por los hombros, avasallándolos, para ponerse el primero. Y el hecho es que la locura de don Santiago era en realidad una mezcla de cordura y audacia.
«El Brujo» era la pieza que le faltaba al longevo Paco Gento para construir dos polos donde giraron los ye-yés que llegaron a ser campeones de Europa en 1966, cuando hacía más de un lustro que se había acabado la época dorada e inicial de la Copa de Europa y de aquel mejor Madrid de la historia con Di Stéfano, el propio Gento, Kopa, Santamaría y demás estrellones.
Los del Madrid de Amancio no eran estrellones sino luceros (más español), y la estrella (con permiso de Pirri y Gento apretando los dientes para resistir) era el coruñés, un jugador de videoclip y, al final (nunca fue un empeño caprichoso el de Bernabéu), uno de los mejores jugadores de todos los tiempos. Llegó cuando don Alfredo y Puskas se apagaban, y además de pretendido (y conseguido) por el Madrid fue luego, tras destaparse en favorito, cuando lo quisieron los mejores equipos de Europa. Pero él siempre dijo nanay.
Ganó nueve Ligas con los blancos en 14 años, más 3 Copas y una Copa de Europa, y además la Eurocopa con España en 1964. Cuando se retiró con el siete de su embrujo y de otros, como Raúl y Cristiano, dirigió al Castilla de la Quinta del Buitre que fue campeón de Liga en Segunda División, un suceso mágico, como si les abriese la cortina a aquella nueva generación (eran hijos suyos) que iba a representar al Madrid casi después de él: Butragueño, Michel, Martín Vázquez, Sanchís y Pardeza.
Lo último que fue en el Madrid fue su presidente de Honor, el tercero, después de Di Stéfano y Gento, lo que da una idea de su entidad. Muchos años antes, cuando joven, durante un amistoso en Ghana, nervioso, supersticioso, se dio cuenta de que su camiseta no tenía escudo. Se lo dijo temeroso a Felipe Ruiz, otro de los jóvenes entonces, y Di Stéfano pasó por allí y lo oyó y le dijo: «No te preocupes, primero hay que sudar la camiseta». Ese día el gran Amancio empezó a convertirse en el ídolo que fue. Como dijo otro gallego en la Peña Mariano: «Meigas no podía tener, pero sí escoba para barrer contrarios».