01 de diciembre de 2022

Diego Barceló

Sr. Macron: antes que a Mbappé, llame a Christine Lagarde

El BCE despertó al monstruo de la inflación; lo imaginó un caniche, pero es un rottweiler que llevará mucho tiempo controlar

Mientras en EE.UU. el tipo de interés de referencia ya es del 1,75 %, todavía falta un mes para que el Banco Central Europeo suba su tipo de referencia al 0,25 %. Aun así, ya diseñan un nuevo instrumento para que no haya diferencias excesivas entre el rendimiento de los bonos de los distintos gobiernos europeos. Mientras, el BCE falla groseramente en su misión primaria y fundamental: la estabilidad de precios.
La inflación (la subida simultánea de una gran mayoría de precios) solo puede ocurrir si, previamente, aumentó la cantidad de dinero. Por eso, tras bajar los tipos de interés siete veces, el BCE comenzó a comprar bonos en marzo de 2015. Entonces el IPC de la eurozona caía un 0,1 %. La emisión buscaba aumentar la inflación para acercarla al objetivo, que era «inferior, pero cercana, al 2 %».
La relación entre la cantidad de dinero y el aumento de los precios no es automática, ni siempre igual, pero es inevitable. Es parecida al Atlético de Madrid, que sabes que a final de temporada estará en puestos de Champions, pero que, durante la misma, puede perder con el último clasificado jugando en casa.
Un error grave que viene cometiendo el BCE es actuar como si esa relación no existiera. En los cinco años anteriores a la pandemia compró en el mercado bonos por valor de 2,4 billones de euros (el 21,5 % del PIB del área). Lejos de temer por el impacto inflacionario de esa monumental emisión, en marzo de 2020 reforzó la compra de bonos: desde entonces hasta ahora emitió 2,3 billones de euros más (4,7 billones en total o 40 % del PIB).
En julio de 2021 la inflación llegó a 2,2 %. En lugar de tomar medidas, el BCE culpó al termómetro y no a la fiebre: cambió su objetivo. De «inferior, pero cercana, al 2 %», la meta inflacionaria pasó a ser «simétrica del 2 %»: ya se podía superar el 2 % sin problemas.
En diciembre de 2021, con la inflación en el 5 %, el BCE dijo que su objetivo no se cumpliría en 2022, pero sí en 2023. En marzo, con la excusa de la guerra en Ucrania, dijo que tampoco se podría cumplir en 2023. Pocos días atrás anunció que la inflación superará su meta también en 2024. El BCE despertó al monstruo de la inflación; lo imaginó un caniche, pero es un rottweiler que llevará mucho tiempo controlar.
No conforme con el estropicio que hizo con los precios, el BCE se apresta a intervenir discrecionalmente en el mercado de bonos para contener el aumento de las primas de riesgo. Miremos el caso de España: los intereses de la deuda púbica se pagan con más deuda desde hace 14 años, en 2019-2021 acumuló un déficit fiscal de 20,3 % del PIB (el triple que Alemania, el doble que Portugal y el mayor de la UE tras el de Rumanía) y, además, la deuda pública ronda el 118 % del PIB.
Sin las compras de bonos del BCE, ¿qué otra cosa se puede esperar más que una subida de la prima de riesgo? ¿Cómo pretende el BCE que el mercado no diferencie entre países con un déficit cercano al 7 % del PIB –España, Italia– y otros que sí cumplen el Pacto de Estabilidad –Portugal, Holanda, Finlandia–? ¿Cómo no atribuir mucho más riesgo a los bonos de un país con una deuda del 150 % del PIB –Italia–, que a los de otro con menos del 50 % –Suecia, los bálticos–?
Ese intento, probablemente inútil y que excede su mandato, profundizará la distorsión de los tipos de interés, que durante años viene provocando una mala asignación de recursos e inversiones antieconómicas que nunca se deberían haber hecho. Distorsiones que, tarde o temprano, suelen resolverse con una crisis.
Una imagen de la desorientación que sufre la UE es que el presidente de Francia, Emmanuel Macron, llamara al futbolista Mbappé para que permaneciera en el PSG en lugar de marcharse al Real Madrid. Si comprendiera el daño que está provocando el BCE, tendría que haber llamado a Christine Lagarde. Es tarde para hacerlo, pero más vale tarde que nunca.
  • Diego Barceló Larrán es director de Barceló & Asociados. @diebarcelo
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