Una pareja de ancianos.
Los mayores de 65 años concentran la mayor parte del ahorro del país
Los hogares sénior registran menores niveles de deuda gracias y mayor riqueza neta gracias, principalmente, a la vivienda y el ahorro conservador
La riqueza en España empieza a peinar canas. La generación que accedió a la vivienda en propiedad hace décadas y acumuló ahorro durante su vida laboral es uno de los principales pilares financieros del país, según un informe de Fedea. Su patrimonio concentra buena parte del ahorro nacional y actúa como un ancla de estabilidad en el sistema financiero, pero al mismo tiempo limita el dinamismo económico.
El informe Evolución de la riqueza de las familias en España (2002–2022) muestra cómo la estructura del ahorro español se ha transformado con el paso del tiempo. Los economistas Ignacio Conde-Ruiz y Francisco García Rodríguez analizan los datos de la Encuesta Financiera de las Familias del Banco de España y concluyen que los hogares encabezados por mayores de 65 años concentran una parte creciente de la riqueza nacional, mientras reducen su exposición a la deuda y aumentan su presencia en activos financieros líquidos.
Los hogares senior son los que menos dependen del crédito. Sus ratios de endeudamiento se mantienen en los valores más bajos del conjunto de la población y su patrimonio se apoya, sobre todo, en la vivienda en propiedad. La mayoría ha amortizado sus hipotecas y una proporción significativa dispone de una segunda residencia o de inmuebles en alquiler, según los datos de composición patrimonial de Fedea.
El peso del ladrillo continúa siendo determinante: la vivienda representa la mayor parte de sus activos, aunque ha crecido también la tenencia de depósitos, bonos y fondos conservadores. Este tipo de ahorro, señala Fedea, ofrece seguridad frente a la volatilidad y ha actuado como un elemento de estabilidad en los periodos de crisis, al sostener el consumo y reforzar la liquidez del sistema financiero.
Fedea identifica un cambio en la composición del patrimonio nacional. El capital español se concentra cada vez más en generaciones próximas a la jubilación, lo que da lugar a una estructura de ahorro «madura», caracterizada por la prudencia y la preferencia por la seguridad. Los mayores invierten poco en productos de riesgo y priorizan mantener el valor de sus activos antes que destinarlos a proyectos empresariales o productivos.
Esa dinámica, aunque reduce la exposición a crisis financieras, también ralentiza la circulación del capital: la economía gana en estabilidad, pero pierde impulso inversor. En otras palabras, el envejecimiento de la población está generando un ahorro más voluminoso, pero también más inmóvil.
Traspaso patrimonial
La concentración de riqueza en los hogares de mayor edad anticipa un traspaso patrimonial de gran magnitud en las próximas décadas. Fedea constata que una parte muy relevante de los activos –viviendas, terrenos y ahorro financiero– se encuentran en manos de personas que ya han superado los 60 años. A medida que se produzca la transmisión hereditaria, buena parte de ese capital cambiará de manos, con efectos fiscales y sociales significativos.
Los autores advierten de que este relevo podría acentuar las diferencias entre familias: quienes ya poseen patrimonio heredarán más, mientras que los hogares con menos activos podrían seguir fuera del circuito del ahorro. Por ello, el estudio plantea la necesidad de diseñar políticas que faciliten la movilidad del capital y favorezcan la inversión productiva sin poner en riesgo la estabilidad lograda.
Dependencia de la vivienda
El estudio concluye que la riqueza de los hogares españoles ha crecido de forma sostenida durante las dos últimas décadas, impulsada por el aumento del valor de los activos inmobiliarios y por la acumulación gradual de ahorro financiero. Tras el impacto de la crisis de 2008 y la pandemia, el patrimonio medio se ha recuperado y se mantiene en niveles históricamente altos.
Sin embargo, Fedea advierte de que esta evolución ha acentuado las diferencias entre grupos sociales y generaciones. La riqueza sigue concentrada en los tramos superiores de la distribución, donde predominan carteras más diversificadas, con activos financieros y prácticamente sin deuda. En cambio, los hogares con menor patrimonio dependen casi exclusivamente de la vivienda habitual y soportan una mayor carga financiera.
Diferencia intergeneracional
El análisis por edad refuerza esta brecha. Los jóvenes acumulan principalmente deuda y apenas han empezado a construir su patrimonio, mientras que los mayores de 65 años concentran la mayor riqueza neta del país. Las generaciones nacidas entre 1956 y 1975 –los últimos baby boomers y la primera generación X– lograron consolidar patrimonios elevados al acceder a la vivienda en etapas de precios más moderados, empleo estable y crédito accesible. Los millennials, en cambio, muestran trayectorias patrimoniales más débiles, con menor acceso a la propiedad, menos activos y una posición más vulnerable.
En conjunto, el informe describe un modelo patrimonial cada vez más dual, donde los hogares con activos consolidados amplían su ventaja con el tiempo y una parte creciente de la población queda al margen de los principales mecanismos de acumulación. Un patrón que, según Fedea, plantea desafíos para lograr que la riqueza funcione como motor de estabilidad sin convertirse en una fuente de división entre generaciones.