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Trabajadores en una obra.

Trabajadores en una obra.Getty Images

La «decepcionante» productividad española se sostiene a costa de trabajar más, no de producir mejor

Fedea alerta de que el crecimiento español se apoya en el consumo, el crédito y más horas trabajadas, mientras la inversión y la eficiencia siguen estancadas

España ha recuperado el nivel de PIB previo a la pandemia, pero sigue sin dar con la tecla con el problema de la productividad. Los expertos señalan que el país crece por el impulso del consumo y del empleo intensivo, no por mejoras estructurales en innovación, inversión o eficiencia.

En el Gobierno se ha instalado una suerte de euforia económica. El propio ministro de Economía, Carlos Cuerpo, presumía hace unas semanas que España fue en 2024 «la economía avanzada que más creció en el mundo» y prevé mantener ese liderazgo en 2025, con una expansión del PIB del 2,7 %. Sin embargo, los economistas advierten de que a ese discurso se le venlas costuras.

Según el último informe del Observatorio del Ciclo Económico de Fedea, los datos de crecimiento «no son sostenibles a largo plazo» ya que la expansión está impulsada por la demanda interna y el crédito, no por la productividad ni la inversión. En el segundo trimestre de 2025, los factores de oferta –como la innovación o el capital productivo– restaron 1,1 puntos porcentuales al PIB, mientras los shocks de demanda aportaron 1,8 puntos. De estos últimos, la demanda de vivienda explica 1,9 puntos y el crédito a empresas, 0,7 puntos, compensando así la debilidad del aparato productivo.

La productividad por hora trabajada apenas ha aumentado un 3 % desde 2019, y la productividad por empleo equivalente a tiempo completo sigue un 3,3 % por debajo del nivel previo a la pandemia. «La productividad total de los factores lleva dos trimestres consecutivos contribuyendo negativamente al crecimiento», señala el informe. Esto significa que las empresas no están generando más valor con los mismos recursos, simplemente se trabaja más, pero no se produce mejor.

Los autores del estudio subrayan que la inversión productiva continúa débil pese al repunte del PIB, y que la ejecución de los fondos europeos Next Generation EU «no ha impulsado aún la inversión agregada» debido a retrasos administrativos y problemas contables. El resultado, explican, es una economía que mantiene el tipo gracias al consumo y a la construcción, pero sin fortalecer su base productiva para el futuro.

Trabajar más, no mejor

El mercado laboral muestra una evolución similar. El informe de Fedea destaca que la tasa de paro se sitúa en el 10,6 %, su nivel más bajo desde 2008, y que la ratio de vacantes sobre desempleo alcanza el 5,6 %, la más alta en décadas. Sin embargo, advierte que España mantiene su crecimiento gracias a que se trabaja más, no porque se trabaje mejor. «El aumento de horas por trabajador es el único efecto compensador del déficit de eficiencia», subrayan los autores.

El documento lanza además una advertencia al Ministerio de Trabajo: una reducción de la jornada laboral sin mejoras estructurales «comprometería seriamente el crecimiento económico del país», señala el observatorio. Los economistas apuntan que esta medida «carece de fundamentación empírica sólida» para garantizar un aumento de la productividad o de la participación laboral.

Reducir las horas trabajadas sin una mejora sustancial en la eficiencia y en la ocupación «nos alejaría todavía más en términos de PIB por persona en edad de trabajar (PIB/PET) de la UE-8 (Alemania, Francia, Países Bajos, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Bélgica y Austria)», afirma el informe. En la práctica, esto significa que si España trabaja menos sin producir mejor, la brecha con las economías más prósperas de Europa no hará sino ampliarse.

Comparación con Europa

La comparación internacional, precisamente, pone en evidencia el alcance de esa brecha. Según Fedea, la renta generada por cada persona en edad de trabajar en España es un 33 % menor que en las principales economías europeas, una diferencia que se amplía desde la crisis financiera. En el mismo periodo, la distancia en productividad por hora trabajada ha aumentado en 5,5 puntos porcentuales, lo que sitúa a España entre los países con menor capacidad para transformar el trabajo en riqueza.

Mientras la UE-8 ha logrado elevar su productividad reduciendo progresivamente las horas trabajadas, España ha seguido el camino opuesto, mantiene su nivel de producción trabajando más sin más innovación. Esta dinámica explica por qué la convergencia con el norte de Europa se ha estancado pese al crecimiento del PIB.

El informe identifica varias causas estructurales detrás de esta brecha: baja inversión en I+D (1,4 % del PIB frente al 2,1 % europeo), escasa rotación empresarial y falta de compañías jóvenes de alto crecimiento. A ello se suma una productividad total de los factores prácticamente estancada, que impide que los avances tecnológicos o de capital se traduzcan en mayor eficiencia.

El modelo actual –explican los autores– se mantiene por la fortaleza del consumo y la vivienda, pero no genera las condiciones necesarias para un crecimiento duradero. A corto plazo, esa inercia permite sostener la expansión; a medio y largo, amenaza con convertir el avance en un espejismo. En palabras del propio informe, «España ha completado su recuperación tras la pandemia, pero arrastra las mismas debilidades estructurales que limitan su potencial».

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