Imagen de los efectos de la dana de Valencia
El Gobierno vacía la hucha de emergencias: el 71 % del Fondo de Contingencia se gasta en partidas previsibles
La AIReF denuncia que el Estado utiliza el mecanismo diseñado para gastos imprevisibles para financiar partidas ordinarias del Ejército y la asignación del IRPF
La gestión de las cuentas públicas en España adolece de un problema que amenaza la eficacia del principal mecanismo estatal para afrontar situaciones excepcionales. El Fondo de Contingencia, concebido legalmente como la gran «hucha» para hacer frente a catástrofes, crisis o gastos sobrevenidos, se utiliza de forma sistemática para financiar partidas que se repiten año tras año y cuyo coste es perfectamente conocido por la Administración.
Así se desprende del último informe publicado por la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) sobre Riesgos Fiscales. El documento, que evalúa las principales amenazas para las finanzas públicas, dedica una atención especial a este instrumento presupuestario. Tal y como advierte el organismo supervisor, «el Fondo de Contingencia continúa destinando una parte significativa de sus recursos a financiar gasto no imprevisto».
Los datos correspondientes al último ejercicio son especialmente llamativos. Según la AIReF, «en 2025, el importe destinado a gasto no imprevisible ha sido particularmente relevante, representando algo más del 71 % del Fondo total». Se trata de una de las cifras más elevadas de toda la serie histórica, únicamente superada por el 73 % registrado en 2018. En términos prácticos, significa que más de siete de cada diez euros reservados para afrontar contingencias acabaron utilizándose para cubrir gastos que ya eran conocidos de antemano.
¿En qué se emplea exactamente el dinero de esta hucha presupuestaria? El informe de la AIReF identifica dos grandes destinatarios recurrentes: las operaciones de las Fuerzas Armadas en el exterior y la asignación tributaria para actividades de interés social, financiada a través de la casilla del 0,7 % del IRPF y del Impuesto sobre Sociedades.
Para la Autoridad Fiscal, el recurso continuado al Fondo para sufragar estas partidas constituye una anomalía presupuestaria. El organismo subraya que «estas dos partidas absorben, en promedio, cerca de la mitad de los recursos y se destinan a cubrir gastos que se producen de forma recurrente cada año pero que, sin embargo, están infradotados en las partidas presupuestarias consignadas específicamente para estos gastos». La prueba más evidente es que, según detalla el informe, solo la partida para misiones de mantenimiento de la paz absorbió el 56 % de los recursos totales del Fondo en 2025, con un coste de 1.714 millones de euros.
La consecuencia es que el Fondo pierde parte de su capacidad para cumplir la función para la que fue creado. Como advierte la propia AIReF, esta práctica termina «limitando la capacidad del Fondo para atender gastos de naturaleza no discrecional e imprevisibles».
Bloqueo político
La situación se ha visto agravada por la prolongada prórroga presupuestaria. Como recuerda el informe, «la dotación del Fondo de Contingencia se mantiene en 3.964 millones desde 2023, afectado por la prórroga del presupuesto».
La AIReF advierte de que la ausencia de nuevos Presupuestos dificulta adaptar las partidas ordinarias a la evolución real del gasto. En consecuencia, las cuentas prorrogadas pueden no reflejar «fielmente el gasto real previsto, ofreciendo una imagen distorsionada del importe que finalmente se ejecutará al cierre del ejercicio».
Según el organismo, esta situación obliga a recurrir de forma reiterada al Fondo de Contingencia para financiar gastos previsibles, erosionando progresivamente la utilidad de un instrumento concebido para afrontar situaciones excepcionales. La institución alerta de que esta dinámica reduce el margen de actuación disponible cuando se producen acontecimientos verdaderamente imprevistos y de gran impacto económico.
Ante este panorama, la AIReF reclama al Ministerio de Hacienda que establezca «criterios más estrictos» para evitar que el Fondo siga utilizándose de forma recurrente para financiar gastos discrecionales. La solución, concluye el organismo, pasa por recuperar el espíritu original de la norma y restringir su utilización a gastos «verdaderamente imprevistos y no discrecionales».