El 'nauseabundo olor' de la corrupción acecha a una Agencia Tributaria bajo el control del Gobierno
Nadie duda en Hacienda de que la salida de la actual directora general tiene mucho que ver con las negociaciones que tuvo con la Generalitat y ERC a cuenta de la financiación autonómica
María Jesús Montero cede la cartera de Hacienda a su sucesor, Arcadi España
Nos habían dicho que Hacienda éramos todos y algunos se lo habían creído. Quizá es que cuando se trata de pagar preferimos no tener líos, y también se sabe que el que paga descansa. Pero así y todo, los líos que cada semana –últimamente cada día– conocemos de Hacienda nos están haciendo pensar que la cosa está mucho peor de lo que imaginábamos.
Los propios inspectores han denunciado la extraña situación creada tras la dimisión de su cúpula. La Asociación de Inspectores de Hacienda ha enviado un duro comunicado en el que reclama al Gobierno que el próximo nombramiento del director general sea de una persona «profesional y objetiva». Naturalmente da que pensar que lo reclamen así, con esas palabras, porque dan a entender que hasta ahora ni lo uno ni lo otro. Pero vayamos por partes como decía el descuartizador de Boston.
La dimisión de varios miembros del ministerio de Hacienda, incluida la directora general, Soledad Fernández Doctor, ha dejado al descubierto la dramática situación que se vivía dentro del organismo. Todo por el temor a que el Gobierno vuelva a hacer un nombramiento político para garantizar su control sobre el organismo. Y no porque la ya exdirectora general lo haya hecho mal: «ha mantenido una conducta ejemplar», sino porque tienen serias dudas sobre su sucesor o sucesora. El Gobierno por supuesto ha dicho que no pasa nada, que su relevo estaba solicitado y previsto desde hacía tiempo, pero el hecho de que el Ministerio de Hacienda no haya nombrado sustituto hace pensar que el relevo no estaba tan planificado como dicen.
Pero hay algo más. Y también lo dicen los propios inspectores: «La ausencia de información oficial contribuye a una incertidumbre institucional que no debería producirse en un organismo de esta naturaleza». Y concluyen: «no parecen verosímiles las explicaciones ofrecidas sobre la falta de sucesor designado». Vamos, que no se creen nada. Y es comprensible, porque desde que ABC publicó las tres dimisiones de la cúpula de la AEAT, se dispararon los rumores sobre las posibles causas. Además de la directora general, también habían renunciado a su cargo los directores de dos departamentos clave del organismo: Manuel Trillo, director del Departamento de Inspección Financiera y Tributaria; y Virginia Muñoz, directora del Departamento de Recaudación. Esta semana nos han dicho que ambos habían solicitado plazas vacantes en Consejerías de Finanzas en el extranjero –cuanto más lejos mejor–, puestos que ya salieron a concurso en el mes de abril. Y también que la coincidencia en el tiempo sólo ha respondido a que los tres cargos han esperado al final de la campaña de la renta para anunciar sus salidas, pero que ya estaban planificadas. Raro.
Y más raro aún porque la salida de la anterior responsable del ministerio –recuerden: María Jesús Montero, la mujer más importante del Gobierno y del socialismo mundial– se produjo con tanto retraso –meses después de que anunciara su candidatura a la Junta de Andalucía– que muchas voces ya argumentaron que aquel cambio era doblemente complicado pues dejaba expuesto al Gobierno en los tejes manejes que Hacienda había operado en los últimos meses. Recuerden: el caso Alberto González Amador sobre la presunta defraudación a la Hacienda Pública por importe de 350.951 euros en los ejercicios 2020 y 2021 de la pareja de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Recuerden: la dimisión del Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz, condenado por el Supremo por un delito de revelación de secretos, una multa y una indemnización a González Amador. Recuerden: los rescates a empresas que decían estar al día con Hacienda y cuyas causas están pendientes de fallos en los tribunales… ¡Recuerden en fin tanta basura que ya no sabes ni donde mirar para no percibir el nauseabundo olor de la corrupción!
Pero quizá la más flagrante de las cuestiones que planeaban sobre la Agencia Tributaria han sido las dudas sobre si se iban a personar en el caso de las joyas del expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. El mismo viernes quedaron desmentidas después de que varias informaciones contradictorias filtradas desde Moncloa, pero el desmentido era aún peor. Haciendo había tardado un mes en empezar a investigar a Zapatero, su esposa y sus hijas.
Alguien puede explicarnos porqué si el registro del despacho de Zapatero se produjo el 19 de mayo, hasta esta semana no hemos conocido que Hacienda empezó a investigar a Zapatero, su esposa y sus hijas
Pero la basura de la corrupción tampoco es el único problema de Hacienda. A las dudas sobre la futura responsable se une la propuesta del Gobierno de conceder a la Agencia Tributaria Catalana la recaudación del IRPF e implementar un sistema recaudador descentralizado. Por ese motivo los inspectores han pedido en su comunicado que «es imprescindible que se garantice que no se fraccionará la Agencia Tributaria». Nadie duda en Hacienda que la salida de la actual directora general tiene mucho que ver con las negociaciones que tuvo con la Generalitat y ERC a cuenta de la financiación autonómica. Ella misma manifestó su malestar tras alguna de las reuniones con el Govern de Salvador Illa –siempre el omnipresente Illa– sobre el asunto de la cesión de impuestos.
El caso es que una Hacienda en llamas espera que no se confirmen los rumores sobre un nuevo cargo político, y que sea nueva directora general la actual directora de Gestión Tributaria, Rosa Prieto Rey, personal de plantilla de la casa, o Rafael Mancho, otro de los candidatos internos de la casa. Pero también saben que el nombramiento del máximo responsable de la Agencia Tributaria corresponde al Gobierno a propuesta del ministro de Hacienda, el inexistente Arcadi España. Y temen con razón que sea el secretario de Estado de Hacienda, Jesús Gascón, responsable de la salida de Soledad Fernández, como ya comentó en estas páginas Jordi Benítez, el que al final decida. En la casa también apuntan a que, si se produce el temido nombramiento, también dimita la directora del Departamento de Recursos Humanos del organismo, María Consuelo Sánchez García. Suma y sigue. Sería el cuarto directivo que abandone la Agencia Tributaria.
Y es que ya se sabe, hay muchos asuntos pendientes que requieren la presencia de Hacienda. Y ya que estamos: ¿Alguien puede explicarnos porqué si el registro del despacho de Zapatero se produjo el 19 de mayo, hasta esta semana no hemos conocido que Hacienda empezó a investigar a Zapatero, su esposa y sus hijas ¡un mes después de que aparecieron las joyas! ¡Ay las joyas José Luis! ¡Qué difícil va ser explicar de dónde vienen!