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La profesora que pide acabar con los «alumnos invisibles»: «Un gesto puede dejar huella»
Desde que empezó su carrera como docente, Sospedra lo tuvo claro: quería acabar con ese estilo educativo puramente académico para atender a cada alumno de una manera personalizada
Un simple 'qué tal'ppuede ser clave en el desarrollo educativo y mental de un alumno. Por eso, cada son más los profesionales que se interesan por incorporar la inteligencia emocional en sus clases. Carmen Sospedra, profesora de Inglés de Secundaria en Cumbres School, es una de esas voces que defiende y promueve la escucha activa como modelo idóneo para los colegios.
Recientemente, ha sido ponente en las Jornadas de Educación Emocional organizadas por la Consejería de Educación de Murcia, dirigidas a docentes de Infantil a Bachillerato. Allí presentó su proyecto 'Hacer visibles a los invisibles'.
El objetivo de la profesora no es otro que ofrecer consejos para transformar una clase magistral convencional en una clase integradora basada en la inteligencia emocional y el verdadero encuentro entre docente y alumno. Y lo hace a sabiendas de lo que siente el alumno, partiendo de su propia experiencia: lo que ella sentía muchas veces cuando era niña (desmotivación, aburrimiento) es lo que le ha motivado para hacer las cosas de un modo distinto.
Desde que empezó su carrera como docente, Sospedra lo tuvo claro: quería acabar con ese estilo educativo puramente académico para atender a cada alumno de una manera personalizada y según sus necesidades específicas. «Hacer una clase magistral preparada es superfácil, pero tenemos muchos alumnos y corremos el riesgo de que algunos pasen desapercibidos», defiende.
Para transformar este escenario, Sospedra subraya 8 principios a seguir para que el proyecto pase a ser una realidad en las aulas:
Hacer partícipes a todos los alumnos, fomentando el trabajo cooperativo y hacerles sentir involucrados. Hay que hacer que se sientan parte de algo y que son importantes en el desarrollo de la tarea.Preguntar ¿cómo estás?, ¿qué necesitas?, ¿qué quieres decir con tu comentario? Para potenciar la comunicación y ayudarles a expresar sentimientos. Una pregunta puede marcar la diferencia, promoviendo la escucha activa para hacerles sentir cómodos.Apostar por el trato individualizado, adaptándonos a cada alumno y entendiendo las circunstancias en las que se encuentran.Empatizar con los estudiantes y no pensar en que sus respuestas son por menosprecio al profesor, sino por una posible delicada situación personal.Eliminar las etiquetas para evitar que se encasillen.Confiar en el proceso de evolución de cada alumno y hacerles ver que pueden llegar lejos para potenciar su esfuerzo, motivación y autoestima.Crear una conexión profesor-alumno, un verdadero encuentro, donde haya confianza, respeto y un nexo comunicativo donde el profesor haga llegar información importante y de interés al alumno. Sin embargo, apostando por la inteligencia emocional en el aula, es más sencillo enfocar una dinámica más entretenida para los alumnos sin perder el objetivo educativo.Potenciar su mejor versión con trabajo cooperativo y con una distribución de roles para cada alumno donde todos sean fundamentales. Así se les permite autoevaluarse y conocer sus cualidades.
Punto de apoyo
Sospedra pone de ejemplo una popular película de animación como Kung Fu Panda. «Una escena de esta película me enseñó una gran lección. El maestro Shifu se frustra porque su alumno no aprende como él espera. Pero termina comprendiendo que no se trata de imponer un ritmo, sino de acompañar el proceso de cada uno. ¿Lo hacemos nosotros? ¿Damos tiempo al tiempo? ¿Confiamos en que el otro puede, aunque aún no lo haya demostrado?», sostiene esta experta.
«La mirada verdadera va siempre acompañada de escucha», asegura Sospedra. «¿Has sentido alguna vez que alguien no te entendió porque no te escuchó de verdad? ¿Has vivido la frustración de que tus palabras fueran malinterpretadas? Escuchar exige presencia, paciencia y apertura. No es solo oír lo que se dice, sino también lo que no se dice», asevera.
«Como docentes, muchas veces nos convertimos en punto de apoyo cuando todo a su alrededor se tambalea. Un gesto sincero, una pregunta bien lanzada, una pausa oportuna pueden dejar huellas que duran toda una vida. ¿Te has detenido alguna vez solo para preguntar a alguien: «¿Qué te pasa?», «¿Qué necesitas decirme?», «¿Has sentido lo que ocurre cuando un alumno se siente realmente escuchado?»», señala.